Mar Gómez, autora de 'El tictac climático' (Oberón, 2026).

Mar Gómez, autora de 'El tictac climático' (Oberón, 2026). Cedida

Referentes

La física Mar Gómez plantea la cuenta atrás climática: "No me gusta hablar de si es reversible, la clave es mitigar sus efectos"

En 'El tictac climático', la doctora en Ciencias Físicas recorre 4.500 M de años para explicar por qué el calentamiento avanza a una velocidad sin precedentes.

Más información: La nueva consecuencia del cambio climático: puede llevar a millones de personas al sedentarismo para 2050

Publicada

El reloj climático ya está en marcha y cada segundo cuenta. Esa es la idea central de El tictac climático. La transformación del planeta y el destino que nos espera (Oberón, 2026), el último libro de la doctora en Ciencias Físicas Mar Gómez.

La obra parte de una advertencia: "Actualmente nos enfrentamos a la mayor amenaza medioambiental de nuestra era: el calentamiento global". Y lo hace con una certeza que atraviesa todas sus páginas, dado que el cambio climático es ya una realidad medible que está alterando la atmósfera, los océanos, los bosques, la biodiversidad y la salud humana.

A lo largo del libro, Gómez guía al lector desde el nacimiento del planeta hasta los escenarios que podrían definir este siglo para demostrar que la Tierra siempre ha cambiado, pero nunca a la velocidad actual.

"El planeta se está calentando a un ritmo sin precedente y va a continuar haciéndolo en las próximas décadas e incluso siglos si no hacemos nada", escribe. No se trata, por tanto, de una obra catastrófica, pero sí de un ejercicio de pedagogía científica y de movilización.

"A las seis suena esa alarma que nos pone en marcha para buscar soluciones, para tener esperanza, para movilizarnos. Y esa es una llamada a la acción", explica la autora en conversación con este medio.

Y es que la estructura del libro responde precisamente a esa metáfora del reloj. Desde la medianoche hasta las seis de la mañana, cada capítulo representa una etapa de oscuridad creciente, un tiempo en el que se acumulan decisiones, emisiones y consecuencias.

"El cambio climático avanza como lo hace el tiempo y, por mucho que miremos para otro lado, no podemos obviar que hay unos efectos y unas consecuencias del calentamiento global", resume Gómez. De ahí que ese 'tictac' no sea solo un recurso narrativo, sino la constatación de que el tiempo corre y de que no se están tomando "todas las medidas que deberíamos".

4.500 millones de años

Una de las grandes virtudes de El tictac climático es situar la crisis actual en la escala de la historia geológica.

"Tú y yo estamos aquí porque durante miles de millones de años el planeta se ha transformado de maneras impensables", recuerda la autora. La Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años, los océanos aparecieron unos 100 millones después y la vida surgió hace aproximadamente 3.800 millones.

Gómez recorre episodios como la Gran Oxidación, cuando el oxígeno sustituyó al metano en la atmósfera y desencadenó una glaciación global; los periodos cálidos del Cretácico, con temperaturas entre cinco y diez grados superiores a las actuales; o el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, cuando la temperatura del océano alcanzó los 40 ºC.

Todos esos eventos transformaron radicalmente el planeta, pero lo hicieron a lo largo de miles o millones de años. Ahí reside la diferencia esencial con el presente.

Mapa de nubes en la península Ibérica.

Mapa de nubes en la península Ibérica. iStock

"Ahora hablamos de apenas dos siglos de calentamiento", subraya. Pues, el calentamiento actual, recuerda el libro, comenzó con la Revolución Industrial, cuando la humanidad empezó a quemar masivamente carbón, y posteriormente petróleo y gas natural.

Y es que si bien es cierto que el efecto invernadero es indispensable para la vida, el problema surge cuando este se intensifica artificialmente. "Si nos echamos una mantita estamos bien, pero si echamos mil mantas encima, hace demasiado calor", señala.

Las cifras avalan la magnitud del cambio. Antes de la industrialización, la concentración de dióxido de carbono rondaba las 280 partes por millón (ppm). Hoy ya supera las 420 ppm, el nivel más alto de la historia documentada de la humanidad.

Además, la velocidad de incremento del CO₂ es más de cien veces superior a la registrada al término de la última glaciación.

El sistema climático, advierte Gómez, posee una fuerte inercia. "Es como un horno, que cuando lo apagamos tarda un poquito en enfriarse", explica la física al otro lado del teléfono. De ahí que, incluso si las emisiones cesaran de inmediato, el planeta seguiría calentándose durante un tiempo. Sin embargo, eso no implica resignación.

"Podemos mitigar los efectos del calentamiento en función de lo que hagamos", afirma. "Las temperaturas de nuestro planeta Tierra solo se estabilizarían cuando dejemos de emitir gases de efecto invernadero", añade.

Los grandes guardianes

Si hubiera que señalar los sistemas más críticos para la estabilidad climática, Gómez no duda: los bosques y los océanos.

El océano absorbe aproximadamente el 30% del dióxido de carbono emitido a la atmósfera, actuando como un gigantesco regulador térmico y químico. Pero esa capacidad tiene un límite.

Los últimos diez años constituyen la década más cálida para los océanos desde, al menos, el siglo XIX, y 2024 fue el año más cálido registrado en el Atlántico norte, el Índico y el Pacífico central.

Los bosques, por su parte, son sumideros de carbono y reservorios de biodiversidad. Sin embargo, están sometidos a una presión creciente.

Según un estudio de la Universidad de Maryland citado en el libro, los incendios forestales destruyen el doble de árboles que hace 20 años.

En 2021, se perdieron 9,3 millones de hectáreas de cobertura arbórea. Y, en España, 2025 se convirtió en el año con más hectáreas calcinadas desde que existen registros comparables.

"Los incendios forestales en los bosques representan el 5% de la tierra quemada, pero contribuyen a más del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero", recuerda la autora. Y las olas de calor extremas que secan la vegetación son hoy cinco veces más probables que hace 150 años.

El precio del calentamiento

El cambio climático ya tiene consecuencias directas sobre la salud. Solo en 2023, más de 47.000 personas murieron en Europa a causa de las altas temperaturas.

Además, España es ya el cuarto país europeo con más fallecimientos por calor, aunque las medidas de adaptación han evitado alrededor del 80% de las muertes potenciales.

Por ese motivo, quizás una de las proyecciones más impactantes del libro sea la que afecta directamente a España. Pues, si continúa la actual trayectoria de calentamiento, "Madrid podría tener el clima de Marrakech en el peor de los escenarios de cambio climático" hacia 2050.

Mar Gómez, autora de 'El tictac climático' (Oberón, 2026).

Mar Gómez, autora de 'El tictac climático' (Oberón, 2026). Cedida

"Las consecuencias son palpables: modificación de ecosistemas, destrucción masiva de biodiversidad, impacto en nuestra salud y alteración de los patrones climáticos", escribe Gómez.

El libro también alerta del impacto sobre la biodiversidad. Pues, si la temperatura global aumenta 2 ºC a finales de siglo, hasta el 18% de las especies terrestres podrían enfrentarse a un alto riesgo de extinción.

De hecho, los corales, que sostienen el 25% de la vida marina, podrían desaparecer antes de 2100.

La cuestión es que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, lo que intensifica las precipitaciones extremas.

En España ya estamos siendo testigos de ello, y diversos estudios apuntan a un aumento de entre el 12% y el 15% en la formación actual de danas respecto al promedio comprendido entre los años cincuenta y noventa.

Los huracanes también están cambiando.

Los océanos más cálidos les proporcionan más energía y humedad, lo que favorece una intensificación más rápida y la posibilidad de alcanzar categorías superiores en menos tiempo.

Mientras tanto, el Ártico se calienta cuatro veces más rápido que la media global y la Antártida pierde alrededor de 100.000 millones de toneladas de hielo al año desde 1992.

En concreto, la velocidad de pérdida de masa de los glaciares se ha acelerado un 31% en menos de dos décadas.

Justicia climática

Más allá de los datos físicos, El tictac climático incorpora una dimensión ética y social.

"La justicia climática demanda aquellos que más han contribuido al problema y que poseen los medios para resolverlo asuman la mayor parte de la responsabilidad", sostiene Gómez.

Al mismo tiempo, la autora recuerda que no todos los países parten del mismo punto.

"Un hogar que padece pobreza energética no puede acceder a los servicios energéticos esenciales. ¿Cómo va a luchar contra la crisis climática si su lucha se basa en sobrevivir?", plantea en el libro.

La gente sostiene pancartas mientras van a una manifestación contra el cambio climático.

La gente sostiene pancartas mientras van a una manifestación contra el cambio climático. iStock

Por ello, defiende que los países en desarrollo deben poder progresar, pero sobre estructuras verdes y con acceso a energías limpias. "Sí que es posible el avance y sí es posible el progreso, pero sustentado sobre unas bases sostenibles", afirma.

Gómez también dedica a un capítulo al potencial de la inteligencia artificial. "La IA es la clave en la lucha contra el cambio climático", escribe, al destacar su capacidad para procesar enormes volúmenes de datos y mejorar simulaciones y estrategias de adopción.

De hecho, en la práctica, ya se utiliza para perfeccionar modelos meteorológicos, definir trayectorias de huracanes y optimizar planes de evacuación.

No obstante, la autora advierte de su coste energético y reclama "un uso responsable y racional".

Una alarma cambiante

Pese a la gravedad del diagnóstico, Gómez insiste en que aún hay margen de actuación.

"Lo más importante que podemos hacer para combatir el cambio climático es reducir drásticamente y eliminar después nuestro consumo de combustibles fósiles", explica.

Pero para ello, advierte, hace falta "una hoja de ruta clara, financiación climática y reducción de las desigualdades".

El problema es que, actualmente, la humanidad consume recursos como si dispusiera de 1,75 planetas, recuerda el libro. Sin embargo, solo tenemos uno. Y ese planeta, fruto de 4.500 millones de años de evolución, está enviando señales inequívocas de agotamiento.

Por ese motivo, la pregunta ya no es si el cambio climático existe, sino cuánto estamos dispuestos a hacer para limitar sus consecuencias. Porque, como sugiere Mar Gómez, la alarma está sonando. Y todavía estamos a tiempo de decidir qué hacemos cuando la escuchemos.