Iván, Stella y Miguel pertenecen a la asociación La Voz de los Adoptados.

Iván, Stella y Miguel pertenecen a la asociación La Voz de los Adoptados. Cedida

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Iván, Stella y Miguel revelan los retos de ser adoptado: "Muchos acaban supliendo los silencios con conductas perjudiciales"

La separación de la familia biológica y la falta de información influyen en la identidad, el apego y la salud mental a lo largo de la vida.

Más información: Silencios cómplices, memorias rotas y ausencias que pesan en el tiempo: la realidad de los 'niños robados' en España

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Iván Gastañaga (Moscú, 1990) pasó años persiguiendo una sombra. Aprendió un idioma que no le habían enseñado de niño, recorrió archivos imposibles y escribió a desconocidos que compartían un apellido que ya no era el suyo.

Miguel Quirol Polo (Barcelona, 1996) creció sin preguntarse demasiado por el color de su piel hasta que otros se lo señalaron con insultos y golpes. Y Stella Sánchez Alcalá (Honduras, 1989) aprendió muy pronto que el amor prometido no siempre protege y que el silencio también puede doler.

Ninguno de los tres recuerda el momento exacto en el que fue separado de su familia biológica, pero los tres saben que esa ruptura marcó el resto de sus vidas.

La adopción suele narrarse como una historia de llegada: un niño encuentra una familia, una familia encuentra un hijo. Sin embargo, para quienes la viven en primera persona, el relato comienza mucho antes y rara vez es lineal.

La separación de la familia de origen —incluso cuando ocurre en los primeros meses de vida— constituye una pérdida que no desaparece con el paso del tiempo. Porque, como explica Sánchez Alcalá, vocal de la asociación La Voz de los Adoptados, "la huella principal es la herida primaria".

"Es el trauma más marcado de una persona adoptada porque refleja la pérdida y/o la separación de la familia biológica". Esa huella queda almacenada en la memoria implícita, la emocional, la inconsciente, y puede activarse a lo largo de toda la vida.

Heridas abiertas

De esa herida inicial nacen otras. El abandono, el rechazo, el miedo a no ser suficiente. Pues, cuando el duelo por la familia de origen no ha sido elaborado, las consecuencias emergen en distintos momentos vitales, especialmente durante la adolescencia.

"Aparecen preguntas como quién soy o a quién me parezco", señala Sánchez Alcalá. Y es que, sin un referente biológico, muchas personas adoptadas experimentan un vacío difícil de nombrar. Lo que, en algunos casos, impulsa la búsqueda de los orígenes como una forma de completarse, de reconstruir una historia fragmentada.

Familia con un niño adoptado.

Familia con un niño adoptado. Istock

Los silencios agravan esa fractura. Gastañaga, también vocal de La Voz de los Adoptados, advierte de que la falta de información puede resultar más dañina que la verdad. "Los silencios vacíos en la historia de una persona adoptada son muy dolorosos. La duda y la imaginación pueden ser emocionalmente más perjudiciales que la propia historia real", afirma.

La cuestión es que cuando el pasado no se explica o se oculta, la identidad se resiente y algunos adoptados acaban supliendo esos huecos con conductas dañinas, como relaciones tóxicas, problemas de conducta o conflictos familiares.

En búsqueda de apoyos

La familia adoptiva desempeña un papel decisivo en ese proceso. Según Gastañaga, estos padres y madres deben situarse como la figura central de cuidado y protección "en el momento más vulnerable de la vida del menor: la soledad".

En ese sentido, crear un apego seguro implica asumir una realidad compleja, pues los hijos adoptivos son parte de la nueva familia, pero también lo son de alguien más. Por eso, integrar la existencia de la familia biológica —sin negarla ni denigrarla— fortalece el vínculo y contribuye a una autoestima más sólida.

"Cuando los padres hablan de los progenitores biológicos desde el respeto, el lazo entre padres e hijos se vuelve más fuerte", sostiene el vocal. Y es que en los casos en donde las emociones asociadas a la adopción no son validadas, las secuelas pueden prolongarse hasta la edad adulta.

De hecho, Sánchez Alcalá explica que, dada su historia previa, muchas personas adoptadas sienten las emociones con mayor intensidad. Y, si esas son invalidadas en la infancia, el vínculo se debilita.

En la adultez, esto puede traducirse en una desconexión emocional, dificultad para expresar lo que se siente, falta de autocuidado y baja empatía. Porque "si no sintonizan contigo y no te han ofrecido cariño ni acompañamiento, no vas a tener esa capacidad empática desarrollada", resume.

Por ese motivo, también es frecuente que experimenten dificultad para poner límites, miedo a decepcionar y una autoexigencia extrema como forma de asegurar el afecto.

Encontrar respuestas

La búsqueda de los orígenes se sitúa en ese cruce entre emoción e identidad. De hecho, para Quirol Polo, socio de La Voz de los Adoptados, no se trata de cuestionar a la familia que lo crió, sino de comprender la historia completa.

Adoptado con quince días de vida, conoce poco más que el nombre y el origen ghanés de su madre biológica. Y, tras años de trámites y puertas cerradas, llegó a la asociación buscando ayuda, porque para él esta es la forma de reparación y de reconocimiento del pasado.

Dar espacio a estas experiencias es el objetivo central de La Voz de los Adoptados que, constituida en 2009, nació ante la ausencia de espacios protagonizados por personas adoptadas en España. Porque, hasta entonces, el tejido asociativo estaba dominado por familias adoptivas y profesionales.

Por esa razón, un grupo de adoptados decidió crear un lugar propio donde hablar "desde dentro", sin idealizaciones ni prejuicios, y donde las emociones complejas tuvieran cabida.

Su labor se articula en torno a cuatro ejes: acompañamiento, comunicación, sensibilización y colaboración. Ofrecen espacios de encuentro quincenales donde no se busca corregir ni sanar, sino sostener y validar. Promueven el diálogo entre personas adoptadas, trabajan con instituciones y profesionales y defienden prácticas éticas en adopción y postadopción.

Entre sus iniciativas destaca el libro Caminos de resiliencia (El Hilo Ediciones, 2025), la primera obra en España que reúne testimonios de personas adoptadas desde su propia voz. Nombran el dolor sin negar el amor, reconocen la pérdida sin borrar los vínculos construidos y sitúan la verdad como un derecho.