Las emergencias no avisan, tan solo suceden. Este es un mantra que se lleva repitiendo décadas, pero que no es del todo cierto.
Detrás de cada suceso, bien sean incendios, inundaciones o fenómenos de otra índole, siempre existen patrones y señales que pueden ser analizadas con antelación. La diferencia entre lo que realmente pasa y lo que pudo pasar suele estar en lo que se hizo o no se hizo antes.
Marzo, el Mes Mundial de la Protección Civil nos recuerda precisamente eso: que proteger no es solo intervenir cuando todo ocurre, sino trabajar de forma constante y silenciosa para reducir riesgos, anticipar escenarios y fortalecer la resiliencia de nuestros territorios.
Es precisamente en el "antes", es decir, en esa fase de prevención, en la que se está produciendo una profunda transformación. Hoy en día, anticiparse ya no depende únicamente de la experiencia de los equipos de emergencia y los cuerpos de seguridad del estado.
La inteligencia geoespacial
Gracias al avance tecnológico, contamos con la capacidad de analizar el territorio con una precisión inédita, la posibilidad de integrar información de múltiples fuentes y convertir datos dispersos en conocimiento útil para la toma de decisiones.
En el centro de esta transformación se encuentran los Sistemas de Información Geográfica, GIS por sus siglas en inglés, que permiten comprender la realidad desde la variable clave en cualquier emergencia: el territorio.
Cada incidente ocurre en un lugar concreto y se ve afectado por factores como relieve, infraestructuras, población vulnerable o condiciones meteorológicas.
Los GIS no solo muestran mapas, sino que permiten integrar datos meteorológicos, cartografía oficial, modelos digitales del terreno, información demográfica e históricos de incidentes en una plataforma de análisis común.
Esto hace posible identificar patrones, modelizar escenarios, estimar tiempos de respuesta o priorizar inversiones según el riesgo real. Además, facilita que distintas administraciones y organismos trabajen sobre la misma base de conocimiento actualizada, compartida y fiable.
De este modo, los GIS acompañan a los equipos en todo el ciclo de la emergencia. Cuatro fases en las que la tecnología geoespacial juega un papel preponderante.
En primer lugar, encontramos la preparación y la mitigación, aspectos en los que la tecnología ayuda a conocer el territorio, identificar zonas de riesgo, localizar población vulnerable y planificar medidas de reducción del impacto.
A continuación, la preparación y la planificación, aspectos en los que los GIS contribuyen a organizar rutas de evacuación, puntos de reunión y recursos, generando planes operativos que puedan compartirse entre diferentes organismos y administraciones.
En tercer lugar, la parte fundamental, la respuesta, donde se busca disponer de una visión común en tiempo real, integrando incidencias, recursos desplegados y condiciones del entorno para que las decisiones sean rápidas y fundamentadas.
Por último, la recuperación, fase en la que el objetivo reside en medir y analizar los daños, planificar la reconstrucción y hacer seguimiento de las actuaciones con criterios objetivos, focalizándose siempre en reforzar la transparencia y la confianza de la ciudadanía.
No hace falta empezar de cero
La inteligencia geoespacial permite desplegar soluciones configurables que se adaptan a las necesidades de cada territorio y de cada equipo, sin necesidad de complejos desarrollos desde cero.
Esto significa que planes de evacuación, inventarios de recursos, rutas de intervención o mapas de riesgo pueden organizarse y actualizarse de manera ágil, incluso por equipos que no son especialistas en programación.
Estas herramientas configurables y low code permiten que la información relevante esté disponible para todos los actores implicados de forma rápida y segura. Así, técnicos, responsables políticos y organismos de distintos niveles pueden trabajar sobre la misma base de datos, compartiendo análisis, identificando prioridades y coordinando recursos de manera eficiente.
La tecnología se convierte, de este modo, en un facilitador de la colaboración y la anticipación, simplificando procesos y permitiendo que la experiencia de los equipos humanos se potencie con información precisa y actualizada.
En un contexto donde cada minuto cuenta, disponer de soluciones que puedan implementarse de manera rápida y adaptarse a distintos escenarios es clave para reforzar la capacidad de prevención, respuesta y recuperación.
La inteligencia geoespacial no solo ayuda a comprender lo que sucede, sino a planificar y actuar de forma más coordinada, transparente y eficaz, consolidando la resiliencia de las comunidades y los territorios ante cualquier eventualidad.
En definitiva, la verdadera protección no comienza cuando ocurre la emergencia, sino mucho antes, en la planificación, la prevención y la coordinación. La inteligencia geoespacial y las soluciones configurables permiten que esa preparación sea más precisa, rápida y compartida, transformando información en conocimiento y decisiones.
*** Pablo Herreros es Industry Manager de Seguridad y Emergencias de Esri España.