Hoy, la actividad física no es un mero hobby. La práctica deportiva es un catalizador de la salud de miles de españoles, impulsado por evidencia científica que relaciona el movimiento con mayor bienestar y calidad de vida.
Este cambio social y cultural llega desde diferentes ámbitos como el médico, pero también por el renovado papel de la práctica deportiva en la socialización. Sin embargo, la actividad física ha sido tradicionalmente un área con poca presencia de mujeres.
En 2015, solo el 42,1% de las españolas practicaba deporte al menos una vez a la semana según la Encuesta de Hábitos Deportivos en España. Esto está cambiando. Las mujeres reivindican un enfoque integral que tenga en cuenta la longevidad y la salud a lo largo de todo el ciclo vital.
De hecho, cada vez hay más evidencia científica de la relevancia del deporte para la salud femenina. Por ejemplo, el entrenamiento de fuerza. Este mejora el equilibrio hormonal, reduce síntomas del síndrome premenstrual y aumenta la sensación de bienestar en mujeres.
Durante años, la actividad física de las mujeres estuvo vinculada casi exclusivamente a la estética, a las clases dirigidas o al ejercicio cardiovascular. Mientras tanto, la sala de musculación, el peso libre o la alta intensidad eran territorios mayoritariamente masculinos.
Hoy ese paradigma se ha roto. Hablamos de mujeres que entrenan para ganar fuerza, mejorar marcas personales, competir o simplemente sentirse más capaces. Mujeres que entienden el entrenamiento como una herramienta de autonomía.
La fuerza ha dejado de ser un símbolo exclusivamente físico para convertirse en una expresión de confianza y determinación. Cuando una mujer ocupa la sala de musculación con naturalidad, contribuye a normalizarlo para las demás.
Cuando una mujer entrena para completar su primera media maratón o se plantea un reto exigente, inspira a otras a fijarse objetivos ambiciosos. La visibilidad crea referentes, y los referentes aceleran el cambio cultural.
Y esa presencia tiene un efecto multiplicador. En 2025, el porcentaje de mujeres que practicaban deporte al menos una vez a la semana había subido al 51,7%. Además, el entrenamiento aporta algo que trasciende lo físico: confianza.
Superar una marca, completar un circuito exigente o levantar más peso del que se creía posible genera una sensación de capacidad que se traslada fuera del gimnasio.
La seguridad que se construye en cada repetición impacta en la forma de afrontar retos laborales, personales y sociales. En los centros deportivos hemos sido testigos directos de esta evolución.
En VivaGym, por ejemplo, el perfil femenino no solo ha crecido en número, sino que se ha diversificado profundamente. Poco a poco hay más mujeres en la zona de peso libre, en entrenamientos funcionales y en espacios de alta intensidad.
No solo hay más mujeres entrenando, también tienen objetivos más ambiciosos y una relación más consciente con su salud. Apenas un 20% de las mujeres españolas han integrado la actividad física en su día a día y es fundamental que el cambio social se traslade a sus vidas. Los beneficios para el bienestar y la longevidad son demasiado altos para no tenerlos en cuenta.
***Ana Ferrero es manager regional de VivaGym.