La inteligencia artificial está cambiando el mercado laboral. Durante los dos últimos años, un equipo del que formo parte junto a Ricardo Palomo, catedrático de Economía Financiera de la Universidad CEU San Pablo, Frank Escandell, Jorge Cerqueiro y Dolores Abuín, ha elaborado este estudio impulsado por Google.
En el informe del grupo 2.1 de OdiseIA, presentado en octubre de 2025, se analiza el impacto de la inteligencia artificial en el empleo. A través de entrevistas a expertos y cuestionarios abiertos a la sociedad, se dibuja un panorama complejo que combina riesgos de automatización con oportunidades de innovación.
Los resultados muestran que la IA está en una fase inicial de adopción, con un impacto moderado en el mercado laboral. Sin embargo, se anticipa un crecimiento significativo en los próximos cinco años, especialmente en sectores como servicios, manufactura, comercio y atención al cliente.
La automatización afecta principalmente a tareas repetitivas o de baja cualificación. También empieza a transformar roles administrativos de cualificación media. La sustitución de tareas obliga a repensar la estructura jerárquica y los puestos de supervisión tradicionales.
Frente a este riesgo, el estudio destaca la creación de nuevas oportunidades. Surgen empleos vinculados al diseño de sistemas de IA, gestión de datos y operación de centros tecnológicos. La industria de microprocesadores y los data centers son ejemplos de sectores en expansión que demandan perfiles altamente cualificados.
La necesidad de formación continua es un eje central. El reskilling y el upskilling se convierten en condiciones indispensables para que los trabajadores puedan adaptarse.
La IA exige habilidades técnicas, pero también competencias humanas como creatividad, pensamiento crítico y gestión de relaciones interpersonales.
Los expertos entrevistados coinciden en la percepción dual de la IA: un mayordomo digital que facilita tareas y aumenta la productividad, pero también una amenaza que puede incrementar desigualdades y vulnerar derechos laborales. La regulación y la ética aplicada son claves para equilibrar este escenario.
El estudio subraya la importancia de atender a los colectivos vulnerables. La IA puede facilitar la inclusión de jóvenes, mayores y personas con diversidad funcional, siempre que se adapten las tecnologías. Sin políticas adecuadas, estos grupos corren el riesgo de quedar marginados en la transición digital.
La competitividad internacional es otro factor crítico. Países que integren la IA en sectores estratégicos podrán mantener ventajas económicas. La carrera tecnológica entre Estados Unidos y China refleja cómo la IA se ha convertido en un asunto de seguridad nacional y geopolítica, con implicaciones directas en el empleo.
Aquí es donde cobra fuerza el concepto de humanismo digital.
La tecnología no es buena ni mala en sí misma: será nuestra capacidad de integrarla con valores humanos lo que determine si amplía nuestra humanidad o la reduce.
En conclusión, el estudio de OdiseIA confirma que la IA no es solo una evolución, sino una revolución que reconfigurará el mercado laboral. El reto está en convertir los riesgos en oportunidades mediante formación, regulación y cooperación, asegurando que el futuro del trabajo sea inclusivo, ético y sostenible.
***José Javier Sesma Fraguas es miembro del grupo Proyecto OdiseIA cAIre-Google.org.