Al cerrar 2025, el mundo parece avanzar entre tensiones, contradicciones y cambios acelerados. Hemos vivido realidades y conflictos que marcarán los próximos años: la crudeza de la guerra y la hambruna en Gaza, la inflación persistente que erosiona la vida cotidiana, los flujos migratorios en América Latina impulsados por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, y los recortes en cooperación internacional que debilitan la respuesta frente a las crisis.

Todo ello convive, de manera incómoda, con avances tecnológicos acelerados y con una conciencia social que crece, pero que a menudo se siente impotente frente a la magnitud de los problemas.

Este contraste define nuestro tiempo. Mientras la innovación transforma el empleo, la educación y las relaciones sociales, millones de personas luchan por cubrir necesidades básicas. Mientras se habla de crecimiento y recuperación, aumentan las desigualdades y se normaliza un discurso que señala al otro como amenaza.

No es extraño que muchas personas tengan hoy la sensación de que quienes defendemos un mundo más justo estamos siendo superados por el ruido, el miedo o la resignación.

Por esto, debemos mirar hacia 2026 desde otra perspectiva. Los desafíos que tenemos por delante exigen compromiso real y decisiones valientes. La crisis climática ya no es una advertencia futura, sino una experiencia cotidiana para comunidades enteras. La desigualdad económica y social no es un fallo puntual del sistema, sino una consecuencia de modelos que priorizan el beneficio de unos pocos.

En este contexto, la empatía se vuelve un ejercicio realmente transformador. Imaginar futuros mejores no significa evadir la realidad, sino atrevernos a ponernos en el lugar de quienes hoy viven con miedo, con hambre o sin derechos, y preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que eso sea normal.

La empatía nos permite romper la distancia, entender que ninguna crisis es ajena y que el bienestar solo es posible si es compartido.

Desde Ayuda en Acción lo vemos cada día: incluso en los escenarios más adversos, la solidaridad sigue estando y generando cambios. A pesar de los recortes, de la fatiga social y de la desconfianza, hay comunidades que se organizan, personas jóvenes que se implican, redes que sostienen y cuidan.

La juventud, en particular, no es solo heredera de un futuro incierto, sino protagonista activa de alternativas. Escucharlos y confiar en su capacidad de transformar es una condición indispensable para no repetir los errores del pasado.

Creer en el cambio es una decisión consciente de no retirarse. Implica seguir defendiendo un concepto de bienestar que vaya más allá de lo material: vivir sin miedo, con derechos, con oportunidades reales y con vínculos que cuidan. Implica aceptar que el camino es largo y que los avances son posibles incluso en los contextos más complejos.

Etiopía, uno de los países en los que trabaja Ayuda en Acción, es un ejemplo de cómo se puede combatir el hambre: según el Global Hunger Index, los programas basados en fomentar el empleo local no solo han aumentado la ingesta calórica de los hogares más vulnerables, sino que han mejorado sus ingresos y fortalecido la resiliencia ambiental de las comunidades, conectando seguridad alimentaria y adaptación climática.

A otra escala, pero con el mismo sentido, en 2025 más de 11.000 personas de comunidades rurales de Ecuador han logrado acceder a agua potable gracias a nuevos sistemas comunitarios, una mejora que recuerda que la cooperación bien orientada transforma la vida cotidiana de miles de personas.

Son avances que nos confirman que cuando se apuesta por políticas públicas, protección y acción colectiva sostenida, el cambio es posible.

Quienes trabajamos y apoyamos a una organización como Ayuda en Acción confiamos en que 2026 será un año en el que aún más personas se sumen a una decisión consciente: no aceptar la injusticia como destino y elegir la cooperación y la dignidad en un mundo cada vez más difícil de entender.

No como un gesto heroico, sino como una práctica diaria, colectiva y profundamente humana.

Luchar por un futuro en que no se quede nadie atrás es la forma más correcta de vivir el presente.

*** Jorge Cattaneo es director general de Ayuda en Acción.