Cada 23 de junio celebramos el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería. Es una fecha que invita a reconocer los avances conseguidos, pero también a reflexionar sobre los retos que todavía tenemos por delante. Y uno de ellos es evidente: las mujeres seguimos siendo una minoría en una profesión llamada a construir el futuro.

Según datos de Randstad Research, los hombres concentran el 72% del empleo en el sector TIC, un ratio que se sitúa más de quince puntos por encima de la media nacional. Al mismo tiempo, el Observatorio de la Ingeniería de España estima que nuestro país necesitará incorporar alrededor de 200.000 nuevos ingenieros e ingenieras durante la próxima década para responder a los desafíos de la economía digital.

Estos dos datos deberían hacernos reflexionar porque, mientras buscamos talento para impulsar sectores estratégicos, seguimos sin aprovechar plenamente el potencial de la mitad de la población.

Mi experiencia profesional me ha permitido comprobar cómo la ingeniería ofrece oportunidades extraordinarias para aprender, innovar y participar en proyectos que tienen un impacto real en la sociedad. Actualmente trabajo en la construcción de centros de datos, una actividad esencial para sostener la economía digital. Es un entorno exigente, dinámico y apasionante, que requiere adaptación constante y una gran capacidad de trabajo en equipo.

Sin embargo, también es cierto que durante muchos años la sensación de estar en minoría ha acompañado a muchas profesionales del sector. No es una cuestión de capacidad, talento o preparación. Las mujeres han demostrado sobradamente que pueden liderar proyectos complejos, asumir responsabilidades técnicas y contribuir al desarrollo de las organizaciones en igualdad de condiciones. El reto está, en gran medida, en lograr que más jóvenes contemplen estas profesiones como una opción natural para su futuro.

Por eso resulta tan importante generar referentes visibles. Cuando una estudiante conoce a una ingeniera, una investigadora o una directiva tecnológica, puede verse reflejada en ese camino profesional. La representación importa porque ayuda a romper estereotipos que todavía persisten y demuestra que la ingeniería es un espacio abierto para todas las personas con vocación y talento.

También es fundamental que las empresas asuman un papel activo. La igualdad no se consigue únicamente aumentando el número de contrataciones femeninas, sino creando entornos donde el desarrollo profesional, la formación, la promoción y el reconocimiento de las capacidades se produzcan en condiciones de equidad.

En este sentido, el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5 de Naciones Unidas, dedicado a lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas, constituye una hoja de ruta imprescindible para las organizaciones que aspiran a construir equipos más justos, diversos y competitivos.

Avanzar en este objetivo significa eliminar barreras, combatir sesgos y garantizar que el talento pueda desarrollarse independientemente del género. Las organizaciones que apuestan por la diversidad no solo contribuyen a un compromiso global compartido, sino que también fortalecen su capacidad para atraer profesionales, innovar y generar valor a largo plazo.

La experiencia demuestra que los equipos diversos aportan perspectivas diferentes para afrontar los desafíos. Cada proyecto tiene sus propias complejidades y exige creatividad, análisis y capacidad de innovación. Cuando conviven distintos perfiles, experiencias y formas de pensar, las soluciones suelen ser más completas y eficaces. La diversidad no es una cuestión simbólica: es una ventaja real.

Afortunadamente, estamos viendo señales positivas. Cada vez hay más mujeres en las aulas de ingeniería, más profesionales ocupando posiciones de responsabilidad y más empresas impulsando iniciativas para favorecer la igualdad de oportunidades.

En fibratel, por ejemplo, la puesta en marcha de un Plan de Igualdad ha contribuido a incrementar la representación femenina en la compañía y a reforzar el compromiso con un entorno laboral basado en la meritocracia y la igualdad de oportunidades. Son avances que demuestran que, cuando existe una voluntad real de transformación, los resultados llegan.

No obstante, todavía queda camino por recorrer. Por eso, en este Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, me gustaría lanzar un mensaje de confianza a las nuevas generaciones. La ingeniería es una profesión apasionante, con enormes posibilidades de desarrollo y una capacidad única para transformar el mundo que nos rodea. Necesitamos más talento, más innovación y más diversidad para afrontar los retos del futuro.

España no puede permitirse prescindir del talento femenino en un momento en el que la ingeniería será decisiva para su crecimiento. La igualdad no es únicamente una cuestión de justicia; es también una cuestión de progreso. Seguir avanzando hacia los objetivos marcados por el ODS 5 es una condición necesaria para construir una ingeniería más diversa, una economía más competitiva y una sociedad más sostenible. Y ese progreso será más sólido cuanto más inclusivo sea.

***María Luisa González, ingeniera industrial en fibratel.