Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, en un momento durante el encuentro con periodistas.

Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, en un momento durante el encuentro con periodistas. OEI

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La OEI alerta del momento "decisivo" de la democracia iberoamericana: "Lamento ser alarmista, peor sería ser cínico"

La organización reúne a periodistas en Madrid para presentar el N.º 2 de 'Iberoamérica en democracia' y trazar un diagnóstico crítico sobre la región.

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"La democracia iberoamericana atraviesa un momento decisivo. No se trata de una coyuntura pasajera ni de una crisis circunscrita a uno u otro país, sino de un fenómeno más profundo que se manifiesta en múltiples planos a la vez…".

Con estas palabras arranca el segundo número de Iberoamérica en democracia, la publicación impulsada por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), cuya presentación ha servido este jueves 19 de marzo como telón de fondo para un diálogo urgente, incómodo y necesario entre periodistas en su sede de Madrid.

El encuentro no ha sido una mera presentación editorial. Ha sido, más bien, un ejercicio de diagnóstico colectivo sobre el estado de la democracia en la región iberoamericana, en un contexto global marcado por la desinformación, la polarización y el debilitamiento institucional.

Desde el inicio, el tono lo ha marcado Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, quien ha reivindicado el papel de la organización —fundada en 1949 y considerada la decana de la cooperación Sur-Sur— como un espacio autónomo y estratégico en el tablero internacional. "No dependemos ni un dólar de la inversión americana", ha subrayado, defendiendo una independencia que permite a la institución actuar como una suerte de "aldea gala" en el ecosistema multilateral.

Pero el optimismo institucional no ha ocultado la gravedad del momento. "Lamento ser alarmista, pero peor sería ser cínico", ha advertido Jabonero en una de las frases más contundentes del desayuno.

Su intervención ha puesto el foco en uno de los grandes ejes del debate: la educación como pilar debilitador de la democracia. La caída de la inversión, especialmente tras la pandemia, y el abandono temprano de los jóvenes dibujan un escenario preocupante.

Como contraste, ha señalado el caso de Estados Unidos, donde el gasto para paliar los efectos del crimen juvenil ha alcanzado niveles equiparables al de la educación, una imagen que sintetiza, a su juicio, el coste de no invertir a tiempo.

Sobre esa base, Ramón Jáuregui, exeurodiputado y director de la iniciativa Iberoamérica en Democracia, ha desplegado una radiografía más amplia, articulada en torno a lo que ha definido como el "triángulo maldito" de nuestro tiempo: polarización, posverdad y populismo. Tres fuerzas que, combinadas, erosionan los cimientos democráticos y alimentan una "devaluación de los principios" del Estado de derecho.

Foto de familia previa al desayuno con periodistas celebrado en la sede de la OEI.

Foto de familia previa al desayuno con periodistas celebrado en la sede de la OEI. OEI

A ese diagnóstico global ha sumado cinco factores estructurales propios de América Latina: un siglo XX marcado por la inestabilidad política que ha impedido consolidar una cultura democrática; desigualdades "lacerantes"; Estados débiles incapaces de garantizar servicios básicos; niveles extremos de violencia —con datos como el 33% de los homicidios mundiales concentrados en la región y la mitad vinculados al crimen organizado—; y una corrupción de carácter estructural.

El caso de Ecuador, citado durante el encuentro, ejemplifica esta deriva: el incremento de la tasa de homicidios en los últimos años refleja una violencia que ya no es coyuntural, sino sistémica. A ello se suma la transformación del mercado de las drogas, que, como ha apuntado Jáuregui, exige una "reformulación profunda" más allá de respuestas reactivas.

Pero si hay un elemento que ha sobrevolado todo el debate es el papel de Estados Unidos y su histórica influencia en la región. Jáuregui ha sido especialmente crítico al referirse a la vigencia de la Doctrina Monroe, reinterpretada en clave contemporánea como un mecanismo de presión política.

"Trump está eligiendo a los mandatarios a base de premios y castigos", ha afirmado, denunciando una injerencia que compromete la soberanía democrática de los países latinoamericanos. En su opinión, esta dinámica no solo reproduce patrones del siglo XX, sino que los intensifica de forma "más grosera y más beligerante que nunca".

Frente a ello, ha lanzado un mensaje claro: "La democracia iberoamericana debe ser defendida por los propios latinoamericanos". Una apelación a la autonomía política que conecta con el espíritu multilateral que la OEI trata de impulsar desde iniciativas como esta revista.

El diálogo también ha abordado, impulsado por la directora de ENCLAVE ODS, Charo Izquierdo, uno de los temas más incómodos —y, a la vez, más invisibilizados—: la trata de mujeres vinculada al narcotráfico. Jabonero ha denunciado las dificultades para situar este asunto en la agenda pública: "Si para alguien son temas desagradables, que se lo haga ver". Una frase que resume la voluntad de la OEI de confrontar los silencios estructurales que rodean determinadas problemáticas.

En paralelo, los periodistas presentes han puesto sobre la mesa dos obstáculos clave para abordar estas realidades: la falta de recursos para la investigación y la inseguridad. "La seguridad es un tema muy importante", ha reconocido el propio Jabonero, abriendo la puerta a que este sea uno de los ejes del próximo número de la revista.

La cuestión migratoria ha sido otro de los grandes bloques del encuentro. Jáuregui ha lamentado el "fracaso europeo" en la gestión del flujo migratorio, contrastándolo con el "éxito clarísimo" del modelo de integración latinoamericana en España.

"Necesitamos la migración como el respirar en Europa", ha afirmado, defendiendo la creación de vías legales y ordenadas que eviten la explotación de miles de personas, especialmente mujeres. Sin embargo, ha denunciado la falta de voluntad política en Bruselas para avanzar en esa dirección.

Un momento durante el desarrollo del encuentro celebrado en la sede de la OEI.

Un momento durante el desarrollo del encuentro celebrado en la sede de la OEI. OEI

En este contexto, la alianza entre Europa y América Latina aparece como una oportunidad aún no plenamente explorada. "Europa no ha descubierto las potencialidades de esta alianza", ha señalado Jáuregui, insistiendo en que no existe "una amiga más fiel" para la defensa de valores democráticos y derechos humanos.

La entrada en vigor de acuerdos como el de Mercosur o el renovado pacto con México se presenta, en este sentido, como un paso relevante, aunque insuficiente.

El debate ha derivado también hacia ejemplos concretos que ilustran las tensiones entre seguridad y democracia. El caso de El Salvador ha sido especialmente significativo: un país donde la mejora de la seguridad ha venido acompañada de un deterioro de las garantías democráticas.

"Es muy difícil convencer a los ciudadanos de que su seguridad ha sido ganada en detrimento de la democracia", ha admitido Jáuregui, subrayando la necesidad de que los sistemas democráticos sean capaces de ofrecer respuestas eficaces sin renunciar a sus principios.

En la misma línea, ha insistido en la urgencia de fortalecer los Estados mediante sistemas fiscales sostenibles y políticas que impulsen la productividad, estancada en niveles similares a los de hace medio siglo. "La izquierda no ha tenido grandes éxitos", ha reconocido, apelando a una revisión profunda de los enfoques ideológicos tradicionales.

Más allá del diagnóstico, el encuentro ha dejado entrever el papel que la OEI quiere desempeñar en este escenario. Como ha recordado Jabonero, la organización apuesta por una cooperación basada en "entregables", en políticas concretas que trasciendan la retórica.

Desde programas de alfabetización hasta iniciativas de respuesta conjunta ante catástrofes, el objetivo es construir una comunidad iberoamericana capaz de actuar de forma coordinada.

Ese espíritu se refleja también en la propia revista, que en este segundo número reúne una veintena de voces para analizar fenómenos como la inteligencia artificial, el cambio climático o la economía feminista, siempre desde la perspectiva de su impacto en la democracia.

En palabras del propio Jabonero, recogidas en la publicación: "Gobernar no puede ser defender una trinchera, sino promover diálogos, consensos y lograr pactos". Una idea que resume el propósito último de la iniciativa: abrir espacios de conversación en un tiempo dominado por el ruido.

Al cierre del encuentro, la sensación compartida era clara: la democracia iberoamericana no atraviesa una crisis pasajera, sino una encrucijada histórica. Pero también que, como sugiere la revista, esa tensión puede ser un punto de partida. "No es solo una amenaza; puede ser también un impulso", se lee en sus primeras páginas.

En esa tensión —entre acción, negación y desencanto— se juega hoy algo más que el futuro político de una región: se juega la capacidad de construir, desde la cooperación y el conocimiento, una democracia que vuelva a ser creíble. Y en ese desafío, la OEI ha decidido no limitarse a observar, sino intervenir activamente en la conversación.