Termómetro digital urbano para exteriores que muestra una temperatura ambiente.

Termómetro digital urbano para exteriores que muestra una temperatura ambiente. Istock

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El planeta cruza el umbral de los 1,5 °C desde la era preindustrial mientras el agua marca el impacto del cambio climático

El informe Tendencias ESG 2026 de Forética alerta de que el escenario más favorable ya no es viable y reclama nuevas estrategias frente a los impactos.

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Mariana Goya
Publicada

El mundo ya no debate si llegará a tiempo al objetivo climático de 1,5 grados centígrados. La discusión ha cambiado de naturaleza y, ahora, la cuestión se centra en cómo gestionar un escenario en el que ese umbral se da por perdido y en el que cada décima de calentamiento adicional marcará la diferencia entre impactos asumibles y daños estructurales.

Esta es una de las principales conclusiones del informe Tendencias ESG 2026, elaborado por Forética, que sitúa el reconocimiento de este límite como uno de los grandes puntos de inflexión de la agenda climática global.

El Acuerdo de París fijó el objetivo de 1,5 °C como referencia para evitar los efectos más graves del cambio climático. Para alcanzarlo, la humanidad disponía de un presupuesto de carbono extremadamente limitado, que exigía una reducción drástica y acelerada de las emisiones.

Sin embargo, entrados ya en la segunda mitad de la década, los datos muestran que ni el carbón ni el petróleo han alcanzado todavía su pico de consumo, una condición imprescindible para consolidar ese escenario.

Adiós a los 1,5 grados

La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo de carbón no toque techo hasta finales de esta década y que el petróleo continúe formando parte del mix energético global incluso en 2050.

A estas dificultades estructurales se suman factores geopolíticos y económicos que han reordenado prioridades. Pues, el aumento del gasto en defensa en Europa, las tensiones en las cadenas de suministro y la competencia por recursos críticos ha reducido el margen para acelerar la transición energética al ritmo inicialmente previsto.

Pese a este diagnóstico, el informe subraya que el fracaso del objetivo de los 1,5 °C no equivale a una parálisis climática. Y es que, en la última década, se han producido avances significativos.

La contaminación de Madrid.

La contaminación de Madrid. Istock

El crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero se ha desacelerado de forma notable. Por el momento, aumentan a un ritmo medio del 0,3% anual, frente al 1,9% registrado en la década anterior, una evolución que apunta a un desacoplamiento progresivo entre crecimiento económico y emisiones, aunque todavía insuficiente para revertir la inercia del calentamiento global.

Las energías renovables han sido determinantes en este proceso. Encadenan más de 20 años consecutivos de crecimiento y ya cubren cerca del 70% del incremento de la demanda mundial de electricidad.

Sin embargo, la transición avanza en un contexto más complejo, marcado por la concentración geográfica de las tecnologías limpias, la dependencia de minerales críticos y el fuerte aumento de la demanda energética asociada a la digitalización y la inteligencia artificial.

En este escenario, el informe introduce un cambio de foco relevante, y es que parece que la adaptación gana peso frente a una mitigación que, por sí sola, ya no basta. Y es aquí donde el agua emerge como el gran vector del impacto climático.

El agua como termómetro

Aunque cubre dos tercios de la superficie del planeta, el acceso seguro al agua dulce se está convirtiendo en uno de los principales desafíos del siglo.

Hoy, más de 2.000 millones de personas ya sufren estrés hídrico, una cifra que aumentará en un contexto de sequías más frecuentes, precipitaciones extremas y mayor volatilidad de los patrones hidrológicos.

El agua concentra buena parte de los riesgos físicos del cambio climático. En 2024, el 91% de las pérdidas económicas asociadas a las diez mayores catástrofes naturales estuvieron relacionadas con fenómenos hídricos, como inundaciones, tormentas o sequías prolongadas.

Además, alrededor del 70% de estos daños no están asegurados, lo que incrementa la exposición de territorios, empresas y administraciones públicas.

Ante esta realidad, Forética plantea una respuesta a dos velocidades. A escala macro, será necesaria una gobernanza del agua capaz de equilibrar salud pública, seguridad, actividad económica y preservación de los ecosistemas.

A nivel empresarial, incluso los sectores no intensivos en consumo de agua deberán integrar el riesgo hídrico en su planificación, ya que el estrés sobre este recurso puede afectar a la producción, las cadenas de valor y la licencia social para operar.

Y es que si algo queda claro en el informe es que el escenario más benigno ya no es viable, pero cada décima de grado evitada reduce costes, riesgos y daños futuros.

En ese sentido, la agenda climática de los próximos años se jugará tanto en la aceleración de la descarbonización como en la capacidad de adaptación a un mundo más cálido, más inestable y, sobre todo, más vulnerable al agua.

Claves del informe

Tendencias ESG 2026, elaborado por Forética, identifica cinco grandes ejes que marcarán la agenda de sostenibilidad en Europa: la sostenibilidad como factor de competitividad, la evolución de las finanzas sostenibles, el aumento de las brechas sociales, la constatación de que el objetivo de los 1,5 °C está fuera de alcance y el papel estratégico del agua como principal vector de riesgo climático.

El informe combina análisis económico, ambiental y geopolítico para anticipar los desafíos estructurales de la próxima década.