La glotofobia se cruza con la xenofobia o el racismo.

La glotofobia se cruza con la xenofobia o el racismo. iStock

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Así es la glotofobia, la discriminación por la forma de hablar: "Con ese acento no puedes trabajar cara al público"

La investigación Proyecto Estigma busca clasificar los prejuicios y exclusiones referidos al acento en el español actual.

Más información: Alquiler de vivienda, trabajo y escuela: las 3 situaciones con mayor discriminación, según una encuesta del CIS

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El cómico Lamine Thior, nacido en Senegal pero criado en la provincia de Cádiz, tiene un vídeo en el que cuenta que entró a un bar vacío y pidió un café a un camarero que estaba de espaldas. Cuando se giró con la bebida, el hombre miró a un lado y a otro y luego le preguntó: "¿aquí no había un andaluz?". Y Thior, de raza negra, tuvo que aclarar que era él. Que él es andaluz.

La actriz Kira Miró, por su parte, comentaba en una entrevista reciente cómo su acento canario es como habla normalmente. El castellano neutro con el que la asocia el público es el que le piden para trabajar, incluso interpretando personajes canarios.

Son dos ejemplos de discriminación por el acento, que se da en todos los países, pero en España tiene sus formas particulares. Ahora, por primera vez, una investigación científica buscará aclararlas.

Se trata del Proyecto Estigma, un programa de investigación que busca estudiar y clasificar las formas de discriminación o prejuicios referidos al acento o la forma de hablar en España y en castellano. Oficialmente, el Estudio sociolingüístico, actitudinal e identitario de la glotofobia y microagresiones en español actual en España.

La glotofobia sería la discriminación que sufren algunas personas por su forma de hablar, acento o uso del idioma.

El término nació en Francia en 2016, ideado por sociolingüista Philippe Blanchet para definir los prejuicios contra las personas que no hablaban el francés estándar de Île-de-France, básicamente la región de París. Por ejemplo, el acento de Marsella tiene fama de ser propio de personas poco fiables.

En Reino Unido o Estados Unidos también existen estudios al respecto. En inglés se utiliza el término acentism (que se podría traducir como acentismo) y puede referirse a los acentos del norte de Inglaterra, considerados más incorrectos que el londinense, o los propios de los chavs, las personas que viven en barrios obreros. En EEUU se suele referir al acento que se atribuye a las personas de origen afroamericano.

María del Carmen Méndez Santos, investigadora de la Universidad de Vigo y directora de Proyecto Estigma, explica que esta discriminación se suele dar sobre todo en ámbitos laborales y en dos niveles: "Uno, que no te contraten, directamente. Otro, que te pidan que lo cambies".

Es un tipo de prejuicio que se cruza con la xenofobia o el racismo, pero también puede darse entre hablantes nativos. En España, con acentos como el andaluz, el gallego, el murciano o el canario.

Los investigadores trabajan en identificar las formas en las que esta práctica puede considerarse un tipo de discriminación laboral, por ejemplo entre profesores de español para extranjeros a los que se les ha pedido cambiar el acento.

"Es algo que no tiene nada que ver con tus capacidades, ni con tus habilidades o conocimientos, y no te hace peor trabajador, algo que está recogido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)", explica Méndez Santos.

"Hablas demasiado gay"

Uno de los trabajos del Proyecto Estigma consistió en comprobar si había discriminación por el acento a la hora de alquilar una vivienda. Crearon un mismo personaje, que interpretaron varias investigadoras, que llamaría a diferentes ofertas en varias ciudades de toda España.

Un perfil ideal para cualquier casero: una profesora de secundaria con plaza de funcionaria (es decir, con solvencia económica y una vida tranquila), soltera, sin perro, no fumadora.

Lo que comprobaron es que en función del nombre y la forma de hablar existen más posibilidades de que enseñen o no un piso, cuenta la investigadora. Los peores resultados fueron para las pruebas de una estudiante con ligero acento marroquí, nacida y titulada en España.

"Cuando llamaba le preguntaban si iba a poder pagar de verdad y cosas así. Con la estudiante con acento alemán, o español estándar, nunca había problema", añade.

En este caso el fenómeno global sería la xenofobia mezclada con aporofobia. Es decir, se atribuyen rasgos negativos a una determinada nacionalidad, incluido el de no tener recursos. Pero la manera en la que se expresa es a través del acento, que no permite ni pasar de la llamada de teléfono.

Otra línea de investigación actual es el concepto de "pluma", la manera en la que se entiende que la expresión de género de determinados hombres gays no es correcta. Uno de los casos de los que han partido es un profesor de gimnasio al que sus jefes le reprocharon que "hablaba demasiado gay" para ser entrenador personal.

"Lo que estamos intentando describir son todos los ítems por los cuales, socialmente, te pueden etiquetar. Como una comunidad que está estigmatizada debido a tu forma de hablar", añade Méndez Santos.

La investigadora admite que son aspectos "muy subjetivos". No es lo mismo lo que se entiende por pluma en unas zonas u otra, pero se forman estereotipos con efectos reales".

Así, en las entrevistas realizadas a lo largo de 2025 y 2026 han detectado como personas de diferentes partes de España cambian su forma de hablar si creen que una llamada es de trabajo.

"Hay gente que no lo cambia, se me ocurren cómicos, actores, que han seguido adelante y no han tenido problemas, se han empoderado, pero el común de los mortales, si pertenece a un colectivo con ese prejuicio, sí se adapta", añade la profesora.

Esto incluye hasta el nombre de pila, no necesariamente por sonar extranjero, sino por asociarse a comunidades tradicionalmente señaladas como nivel socioeconómico menor. Por ejemplo, Jonathan, que han comprobado que se asocia a clase social baja. "Si un abogado se llama así, no se cree que vaya a ser el más profesional".

El estigma tiene tantas patas que también investigan la reacción a la aparición de acentos en la ficción, como con la serie La peste, ambientada en la Sevilla del siglo XVII.

Se confunden dos conceptos. El primero es la inteligibilidad, que se puede medir científicamente, con el nivel de articulación, posición vocálica o la velocidad al habla, entre otros, añade la investigadora.

El otro, la comprensibilidad, que depende de la voluntad como hablante para entender. Esto es: "Si no estamos acostumbrados a ver en series gente con acentos que no sean el estándar, tendemos a rechazarlo".

En ese sentido, se han encontrado con intérpretes de Andalucía o Murcia a los que se les pedía poner acento de alguien que viva en Madrid. "Ellos respondían: es que yo vivo en Madrid", comenta la directora del proyecto.

En un país que ha tenido un presidente del gobierno que hablaba andaluz —Felipe González— y otro gallego —Mariano Rajoy—, Méndez Santos recuerda: "Todo el mundo tiene acento, sea el que sea".