Imagen que representa a un líder empresarial apilando personas en un sistema jerárquico.

Imagen que representa a un líder empresarial apilando personas en un sistema jerárquico. iStock

Historias

El ascensor social no funciona: la ciencia detrás de ese compañero que cree que va a heredar la empresa

Los relatos sobre “emprendedores que empezaron desde abajo” distorsionan la percepción sobre la posibilidad de ascender de clase.

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Una tira cómica del ilustrador estadounidense Matt Czap se hizo viral en redes sociales en 2024. Presenta a dos personajes, un mago y un guerrero, que acaban de entrar en la cueva de un dragón, el cual los contempla sobre una montaña de oro. El mago advierte a su compañero: "¡Espera! No podemos matar a ese dragón y quitarle su oro".

"¿Por qué?", pregunta el otro. "Se lo ha ganado". "¿Robando y asesinando campesinos?". El mago duda: "Bueno… ¿el dragón crea puestos de trabajo?". Ante el silencio de su compañero, admite: "Ok, pero… ¿y si un día yo me convierto en dragón?". En la última viñeta el guerrero se enfrenta solo a las llamas del dragón y le responde, enfadado: "¡Nunca vas a ser un dragón!".

La desigualdad crece en todo el mundo, y en particular en el occidental, desde la crisis económica de 2008, con un pequeño empujón en 2020 y la pandemia.

Lo dicen los datos del Banco Mundial, en su informe Fair Progress? Economic Mobility across Generations Around the World (¿Progreso justo? Movilidad económica entre generaciones en todo el mundo), de 2018, que ya advertía que los países con más desigualdad son aquellos en los que es más complicado "subir" o "cambiar" de clase social (de obrera a media o media a alta).

Más reciente y referido exclusivamente a Europa, la OCDE recogió en su informe To Have and Have Not: How to Bridge the Gap in Opportunities (Tener y no tener: cómo cerrar la brecha de oportunidades), de 2025, como desde 2008 la posibilidad de mejorar la situación económica respecto a la generación anterior se ha reducido.

Además, señala que un 28% de la desigualdad en los ingresos se debe a factores ajenos al control individual, como el género, el país de nacimiento, el estatus socioeconómico de los padres y la tenencia de vivienda durante la infancia.

La paradoja es que mientras la desigualdad aumenta, y con ella la imposibilidad de "mejorar" la posición económica relativa u objetiva, también disminuye el apoyo a políticas redistributivas, como los impuestos a las grandes fortunas o el Estado del Bienestar.

Este último proporciona no solo Sanidad y Educación públicas, también ayudas sociales para las personas o familias en peligro de exclusión, entre otros factores.

¿Por qué? Un estudio de unos investigadores españoles acaba de darle la razón a Matt Czap: creemos que vamos a ser dragones. O, iberizando el dicho, ese compañero que parece que piensa que va a heredar la empresa… es que lo piensa de verdad.

Crees que heredas

El European Journal of Social Psychology publicaba a comienzos de este año una investigación de Juan Matamoros-Lima (Universidad de Huelva), Miguel Moya y Guillermo B. Willis (Universidad de Granada): Perceived Economic Inequality and Progressive Taxation: The Moderator Role of Upward Mobility Beliefs (Desigualdad económica percibida y fiscalidad progresiva: el papel moderador de las creencias sobre la movilidad ascendente).

Una investigación basada en datos de casi 45.000 personas de 29 países y con un estudio específico en España con 1.543 personas. Su conclusión es simple: "cuanta más desigualdad social percibe una persona, más apoyo muestra hacia los impuestos progresivos. Es decir, piensa que quienes más tienen deberían pagar proporcionalmente más al Estado".

Lo inverso también es cierto: cuanta más credibilidad presta una persona a las historias de grandes empresarios hechos a sí mismos, que empezaron en un garaje o doblando camisetas, menos le gustan las políticas redistributivas, como los impuestos progresivos, las ayudas o los servicios públicos.

Da igual que los datos, o en ocasiones su propia experiencia personal, digan lo contrario, lo que lo sostiene es el relato del emprendedor que triunfa. La investigación amplía otro artículo anterior de los mismos científicos españoles junto a la italiana Silvia Galdi, de la Universidad de Campania, en la que se encuestó a 2.400 europeos de diferentes países.

El patrón es idéntico: si alguien piensa que es más fácil "ascender" en la escala social que descender, se opondrá a políticas que combatan la desigualdad. Si se ve como más cercano "descender" hacia posiciones más precarias, lo hará a la inversa.

Las dos ideas clave son la meritocracia y el ascensor social. El grupo convencido de que funcionan de forma más o menos correcta es el que piensa que el dragón "se lo ha ganado" —si "crea empleo" o no, como especulaba el dibujante, lo dejaremos para otro artículo—.

El otro no es que no crea en esos valores, es que cree que, hoy por hoy, no se aplican, y que las historias sobre meritorias escaladas sociales son ficción o propaganda.

Un debate psicosocial

En su artículo, los investigadores no niegan la utilidad o la realidad de algunas, o la mayoría, de las "historias de éxito", que tan queridas no son a los medios. No obstante, advierten contra su "efecto secundario menos visible".

La esperanza de llegar a la "cima" tiende naturalizar la idea de que la desigualdad se debe únicamente a factores individuales… algo que niegan instituciones tan poco sospechosas de ser contrarias a la meritocracia como el Banco Mundial y la OCDE.

Como explican los propios investigadores en The Conversation: "las creencias sobre la movilidad social ascendente pueden tener el efecto de mantener estable la desigualdad económica, aunque los datos indiquen que la movilidad social real es mucho menor de lo que la gente cree".

Así, la propuesta de los expertos es asumir que el debate sobre la desigualdad no es solo puramente económico, con la idea habitual de que las personas toman decisiones racionales basadas en su interés material, sino también de percepción.

Es decir, que quienes están abajo no se darán cuenta de su situación mientras sigan pensando que son dragones que pasan una mala racha, y no campesinos.