Un empleado de mostrador de facturación del aeropuerto coloca la etiqueta de un equipaje

Un empleado de mostrador de facturación del aeropuerto coloca la etiqueta de un equipaje iStock

Historias

La verdadera maleta sostenible contra el impacto ambiental: el viaje empieza mucho antes de subirnos al avión

Desde la ropa hasta los productos de higiene íntima que llevamos con nosotros, cada decisión afecta al planeta y, en muchos casos, también a nuestra salud.

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Sofía Corral
Publicada

La sostenibilidad de un viaje no empieza en el avión ni termina en el hotel: comienza mucho antes, mientras hacemos la maleta. Desde la ropa que elegimos hasta los productos de higiene íntima que llevamos con nosotros, cada decisión tiene un impacto ambiental y, en muchos casos, también sobre nuestra salud.

Para la ginecóloga y sexóloga Mercedes Herrero Conde y la periodista especializada en sostenibilidad Ana de Santos Gilsanz, la clave está en viajar con menos, elegir mejor y entender que bienestar y sostenibilidad son dos caras de la misma moneda.

El espejismo del plástico reciclado

Con el objeto en sí, también hay que tener ojo. La paradoja no es menor, la industria del equipaje intenta convencer al consumidor de que la solución pasa por adquirir nuevos productos con etiquetas que prometen cero emisiones, plásticos recuperados del océano o materiales reciclados.

Los plásticos tienen limitaciones físicas. "Durante cada proceso de reciclaje, los polímeros pierden parte de sus propiedades mecánicas. Por este motivo, numerosos fabricantes necesitan incorporar plástico virgen para garantizar que la carcasa resista golpes, cambios de presión y las exigencias del transporte aéreo", explica la periodista especializada en sostenibilidad Ana de Santos Gilsanz

La Fundación Ellen MacArthur, referente mundial en economía circular, insiste desde hace años en que la verdadera sostenibilidad no consiste únicamente en utilizar materiales reciclados, sino en diseñar productos capaces de durar décadas, repararse y mantenerse en uso el mayor tiempo posible.

Dicho de otro modo: una maleta fabricada con plástico reciclado que se rompe tras dos años de uso tiene un impacto ambiental mucho mayor que una maleta resistente que acompañe a su propietario durante quince o veinte años.

Cada kilo importa

Cada kilogramo adicional que transporta un avión implica un mayor consumo de combustible y, por tanto, más emisiones de CO₂. La relación es sencilla: cuanto más peso despega, más energía necesita la aeronave para mantenerse en vuelo. Multiplicado por los millones de pasajeros que vuelan cada día en todo el mundo, unos pocos kilos de más por viajero terminan convirtiéndose en toneladas adicionales de emisiones.

Por eso, expertos consideran que una de las decisiones más sostenibles que puede tomar un viajero es simplemente llevar menos cosas. Viajar con una mochila ligera de ocho kilos en lugar de facturar una maleta de veintitrés no solo simplifica el desplazamiento: también reduce indirectamente la huella climática asociada al vuelo.

El futuro está en reparar

Desde la perspectiva de la economía circular, una maleta reparable fabricada en aluminio o nailon balístico de alta resistencia puede resultar ambientalmente preferible a otra elaborada con materiales aparentemente más "verdes" pero imposibles de arreglar.

De Santos señala que, durante años, "muchas maletas se diseñaron con ruedas remachadas, cremalleras termoselladas y componentes imposibles de sustituir. Cuando una pieza fallaba, el producto entero terminaba en la basura".

Ahora, la creciente expansión del movimiento internacional por el Derecho a Reparar está impulsando cambios en numerosos sectores, incluido el del equipaje. Las nuevas normativas europeas avanzan precisamente en esta dirección: "Facilitar el acceso a piezas de repuesto y prolongar la vida útil de los productos". Porque la sostenibilidad no siempre consiste en elegir el material perfecto, sino en evitar fabricar otro producto nuevo.

Una mujer hace la maleta antes de salir de viaje.

Una mujer hace la maleta antes de salir de viaje. iStock

El tejido de tus prendas

La sostenibilidad de un viaje también depende del contenido de las maletas, en la mayoría, ropa y productos de neceser.

Cada vez más expertos recomiendan apostar por prendas versátiles fabricadas con fibras naturales como lino, algodón o lana merina, que permiten reducir equipaje, minimizar residuos y evitar parte de la contaminación por microplásticos.

Las fibras sintéticas como el poliéster liberan miles de microfibras plásticas cada vez que se lavan. Diversas investigaciones científicas avisan de que estas partículas terminan llegando a ríos y océanos, especialmente en destinos turísticos donde los sistemas de depuración son limitados.

Salud íntima y sostenibilidad

La sostenibilidad también puede encontrarse en los objetos más pequeños de nuestra maleta. Cada año se desechan en el mundo alrededor de 100.000 millones de tampones y compresas, muchos de ellos fabricados con materiales plásticos que pueden tardar cientos de años en degradarse.

Frente a este modelo de usar y tirar, la doctora Mercedes Herrero destaca el papel de alternativas reutilizables como las copas menstruales. Según datos de Intimina, una copa menstrual puede utilizarse hasta diez años, lo que reduce drásticamente la generación de residuos y supone también un importante ahorro económico para las usuarias.

"Mientras una mujer puede llegar a utilizar miles de tampones y compresas a lo largo de su vida fértil, una sola copa menstrual puede acompañarla durante una década, ocupando además mucho menos espacio en la maleta y ofreciendo hasta 12 horas de autonomía durante los viajes" enfatiza la doctora.

Mercedes Herrero (centro), ginecóloga y sexóloga; Pilar Ruiz (centro), Marketing & Communications Manager de Intimina; y Ana de Santos (derehca), periodista y consultora de impacto positivo.

Mercedes Herrero (centro), ginecóloga y sexóloga; Pilar Ruiz (centro), Marketing & Communications Manager de Intimina; y Ana de Santos (derehca), periodista y consultora de impacto positivo. Intimina

Reparar antes que reemplazar, llevar menos peso, apostar por fibras naturales, reducir los artículos desechables y consumir en negocios locales probablemente tenga un impacto mucho mayor que cualquier etiqueta verde colocada sobre una maleta recién salida de fábrica.

La pieza de equipaje más sostenible rara vez es la más nueva. Suele ser la que sigue funcionando.