Posidonia del mar mediterráneo con un banco de peces.

Posidonia del mar mediterráneo con un banco de peces. iStock

Historias

La batalla silenciosa para salvar la posidonia del Mediterráneo: "No tienes que ser científico para aportar datos que lo sean"

OMODA & JAECOO y la UICN impulsan la iniciativa 'Cherish the Nature', un proyecto que combina ciencia, participación ciudadana y conservación.

Más información: Plantar praderas bajo el mar: así es el proyecto en Formentera que quiere recuperar la Posidonia en el Mediterráneo

Cabo de Gata (Almería)
Publicada
Actualizada

'Los coches ya no son coches'. Ese fue el eslogan que defendió Carmen —la joven publicista interpretada por la española Paula Malia— ante el lanzamiento de una nueva campaña del sector de motor para la empresa en la que trabajaba en su papel en Valeria (2020), la serie original de Netflix a partir de la obra de Elísabet Benavent.

Y es que, efectivamente, ya nada es lo que era. Ahora todo es... un poquito más.

El legado es lo que permanece vivo cuando ya no estamos, motivo por el que la huella emocional, los recuerdos y las lecciones que sembramos en otros son el mejor aliado contra el olvido. Por esa razón son tantas las compañías que han optado por crear un camino alternativo a su labor principal para dejar un impacto en las comunidades locales.

OMODA & JAECOO España pavimentan el suyo precisamente de la mano de Maxi Iglesias, coprotagonista en Valeria. En esta fusión de mundos ficticios y reales surgen diferentes cuestiones.

Una de ellas, qué tienen que ver los coches con la posidonia o igual, a estas alturas, has podido deducir que, como asegura Fernando Poveda, PR & Communications Manager de la entidad, el objetivo del grupo Chery no se ciñe únicamente a "vender, fabricar o dar empleo", sino que buscan integrarse y "colaborar con la sociedad".

Sea como fuere, la respuesta se encuentra a más de 500 kilómetros de las oficinas de la marca, ubicadas en el municipio madrileño de Alcobendas. Concretamente, bajo las aguas transparentes del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, donde crece uno de los ecosistemas más valiosos del Mediterráneo.

Allí, entre fondos volcánicos y calas de aguas cristalinas, se extienden cerca de 5.000 hectáreas de Posidonia oceanica, una planta marina que, pese a ser confundida de forma habitual con un alga, se caracteriza por una supervivencia esencial para la biodiversidad, la protección de las costas y la lucha contra el cambio climático.

Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería).

Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería). iStock

Es precisamente en torno a ella sobre la que gira 'Cherish the Nature', una iniciativa nacida del acuerdo global firmado en 2023 entre Chery Auto y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que en España ha encontrado en Cabo de Gata uno de sus principales escenarios de actuación.

Y así, por el devenir natural de este propósito, tuvo lugar el pasado miércoles 10 de junio una jornada celebrada en el enclave almeriense donde representantes de ambas organizaciones mostraron sobre el terreno qué se está desarrollando para mejorar el conocimiento y el estado de conservación de las praderas marinas.

Se trata, tal y como explicaron durante la cita, de una labor que combina investigación científica, educación ambiental, instalación de fondeos ecológicos y participación ciudadana.

100% mediterránea

La primera batalla que libra la posidonia es contra una idea equivocada. De ahí que los expertos que participaron en el encuentro repitieran en varias ocasiones que "no es un alga, sino una planta".

La Posidonia oceanica cuenta con raíces, tallo, hojas, flores y frutos. De hecho, forma parte de un grupo muy reducido de especies vegetales que, tras evolucionar en tierra firme, regresaron al medio marino y lograron adaptarse a él.

Además, hablamos de una especie endémica. "Es 100% mediterránea", explicó Patricio Peñalver, coordinador de proyectos de la Asociación Hombre y Territorio, entidad colaboradora de la iniciativa.

¿El motivo? Ni las temperaturas ni las condiciones del Atlántico permiten su desarrollo fuera de esta cuenca.

"Es como el musgo del mar", resume Emmi Lindqvist, asistente del Programa de Biodiversidad Marina & Economía Azul de UICN Med. "Puede crecer medio centímetro en un año", añadió.

La cuestión es que ese ritmo extraordinariamente lento convierte cualquier daño en una amenaza a largo plazo. Pues, lo que una embarcación destruye en cuestión de minutos, puede necesitar décadas para recuperarse.

Sin embargo, pese a su fragilidad, la posidonia lleva cerca de 10.000 años sosteniendo la vida bajo las aguas mediterráneas.

¿Cómo es posible? Sencillo. Las praderas crean una estructura tridimensional que sirve de refugio, alimento y zona de reproducción.

Peces, moluscos, crustáceos y otros organismos encuentran entre sus hojas un lugar donde desarrollarse resguardados de los depredadores. De ahí que, como resumió Peñalver durante la presentación de la iniciativa, "cuidando la posidonia, protegemos otras especies".

Un aliado (poco) visible

Si la biodiversidad convierte a la posidonia en una especie valiosa, su capacidad para almacenar carbono la transforma en una pieza estratégica frente al cambio climático.

Y es que, mientras crece, la planta va acumulando materia orgánica y sedimentos bajo sus raíces que, con el paso del tiempo, forman estructuras conocidas como las matas. Es decir, depósitos naturales donde queda almacenado el CO₂.

"Parece que crece muy poco, pero, por debajo, son milenarias", explicó Lourdes Lázaro Marín, responsable de comunicación corporativa de UICN Med.

El problema está en que, mientras la pradera permanece sana, ese carbono continúa almacenado, pero, como advirtió Lázaro, "si remueves la mata, lideras el CO₂".

Praderas de posidonia del mar Mediterráneo.

Praderas de posidonia del mar Mediterráneo. iStock

Por ese motivo, la posidonia forma parte de los llamados sumideros de carbono azul, junto a manglares y marismas, considerados algunos de los ecosistemas más eficaces del planeta para capturar gases de efecto invernadero.

Solo las praderas marinas andaluzas almacenan alrededor de 13,1 megatoneladas de carbono orgánico y capturan unas 30.000 toneladas de CO₂ cada año. Pero sus beneficios no terminan ahí.

También actúan como filtros naturales capaces de mejorar la calidad del agua y aumentar su transparencia. Una función que repercute directamente sobre actividades económicas como el turismo y el buceo.

Barreras a la supervivencia

Paradójicamente —o quizá no tanto—, una de las mayores amenazas para la posidonia procede precisamente de quienes acuden a disfrutar del mar. Y es que la contaminación, los vertidos urbanos, determinadas prácticas pesqueras (como el arrastre) o la expansión de especies invasoras afectan a estas praderas.

Sin embargo, si hay que señalar a un enemigo especialmente visible este son las anclas, dado que, cuando caen y arrastran el fondo marino, pueden arrancar fragmentos enteros de una planta que necesitará años para recuperarse.

"Muchas veces la gente no lo sabe y hacen lo que siempre han hecho; tirarlas", explica Lindqvist.

Para reducir ese impacto, el proyecto contempla mejorar la presencia y el estado de los fondeos ecológicos mediante la instalación de ecoboyas. Pues, a diferencia de los sistemas tradicionales, estas estructuras permiten amarrar embarcaciones sin necesidad de dañar las praderas.

El sistema es relativamente sencillo. Se instala un punto fijo en zonas libres de vegetación marina y una serie de boyas evitan que las cadenas arrastren sobre el fondo. Su implantación, en cambio, exige el consenso social, lo que, en ocasiones, resulta más complejo.

"Ha sido una labor de educación, de concienciación y muchos años de trabajo con los pesqueros y con quienes tienen embarcaciones recreativas", explicó Lindqvist al referirse a la experiencia desarrollada en Baleares. Porque proteger la posidonia implica, en muchos casos, modificar hábitos arraigados.

El secreto de nuestras playas

Existe otra imagen habitual que refleja hasta qué punto sigue siendo una gran desconocida. Y es que, cada año, la posidonia pierde parte de sus hojas que, a través de las corrientes, terminan llegando hasta la costa donde se acumulan formando montículos naturales sobre la arena.

Muchos bañistas las perciben como suciedad, e incluso se han llegado a retirar para mejorar la apariencia de las playas. No obstante, esos restos cumplen una función fundamental.

"Forman una barrera importante en la costa evitando la erosión", explicó Lindqvist.

Así, estas pequeñas montañitas, llamadas arribazones, amortiguan el impacto del oleaje, retienen la arena y favorecen la formación de dunas naturales. Es decir, básicamente ayudan a que las playas sigan existiendo.

Por ese motivo, la posidonia se ha convertido en uno de los ejemplos más representativos de las denominadas soluciones basadas en la naturaleza.

El concepto, impulsado por la UICN y posteriormente adoptado por Naciones Unidas, parte de la idea de aprovechar la capacidad de los ecosistemas para resolver problemas ambientales y sociales sin necesidad de recurrir exclusivamente a infraestructuras artificiales.

"Si tu mantienes la posidonia estás haciendo que lleguen los arribazones para que te contengan la erosión, pero si te la cargas no los vas a tener", resumió Lázaro.

Ciencia ciudadana

Uno de los aspectos más singulares de la iniciativa desarrollada en Cabo de Gata es su apuesta por la ciencia ciudadana.

Durante la jornada organizada por OMODA & JAECOO y UICN, los participantes —servidora incluida— se equiparon con neoprenos, gafas de snorkel, tablillas de observación y fichas de identificación para registrar información sobre el estado de las praderas y las especies presentes en ellas.

Los registros acumulados han pasado a formar parte de bases de datos utilizadas por investigadores y gestores ambientales para evaluar el estado de conservación de estos ecosistemas. Y es que, como destacó Lindqvist, "no tienes que ser científico para aportar datos que lo sean".

Uno de los participantes de la jornada de OMODA & JAECOO y UICN realiza snorkel en Cabo de Gata (Almería).

Uno de los participantes de la jornada de OMODA & JAECOO y UICN realiza snorkel en Cabo de Gata (Almería). Cedida

En su opinión, la conservación no puede depender únicamente de administraciones, universidades o entidades ambientales, razón por la que animan a la ciudadanía a desempeñar un papel relevante en este proceso. Especialmente, en escenarios como el de la posidonia donde la investigación se ha convertido en una carrera a contrarreloj.

Según recordaron los expertos durante la jornada, las estimaciones indican que la superficie ocupada por las praderas marinas ha disminuido más de un 30% en los últimos 50 años. Algunos estudios apuntan incluso a que cada media hora desaparece en el planeta una extensión de pradera submarina equivalente a un campo de fútbol.

La situación preocupa especialmente en Andalucía, donde se localiza el límite occidental de distribución de la especie en el Mediterráneo. "Es donde está peor adaptada y puede ser más débil", explicó Peñalver.

A ello se suman factores como el aumento de la temperatura del agua, la contaminación o la reducción de la transparencia marina provocada por vertidos y procesos de eutrofización. Y, sin embargo, entre los expertos predomina un mensaje de esperanza.

La experiencia demuestra que los ecosistemas pueden recuperarse cuando se reducen las presiones que los amenazan y existe colaboración entre administraciones, científicos, empresas y ciudadanía.

Posiblemente por ese motivo proyectos como 'Cherish the Nature' trascienden la mera conservación de una planta marina. Porque lo que está en juego no es solo la posidonia, sino la forma en la que se mira lo que antes se daba por hecho.

De este modo, el coche deja ser únicamente un medio de transporte, igual que la posidonia deja de ser solo una planta marina. Ambos se convierten en nodos dentro de un sistema más amplio donde naturaleza y tecnología, movilidad y sostenibilidad, dejan de ser ámbitos separados.

Y quizá ahí se cierre el círculo. En entender que los coches ya no son coches y que la posidonia nunca fue solo una planta. Que ambos forman parte de una misma transición; la de un mundo que deja de describirse por objetos aislados para empezar a entenderse como sistemas interdependientes, donde lo invisible y lo evidente comparten la misma lógica de fondo.