Fotografía de uno de los conciertos de Bad Bunny en el estado Riyadh Air Metropolitano .

Fotografía de uno de los conciertos de Bad Bunny en el estado Riyadh Air Metropolitano . EFE

Historias

Ruido, contaminación y residuos: el impacto ambiental de los conciertos de Bad Bunny y la visita del Papa

Expertos y colectivos vecinales analizan la huella de los macroeventos en las ciudades y cuestionan su sostenibilidad.

Más información: El desafío de la sostenibilidad: los festivales españoles más respetuosos con el medioambiente

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Bad Bunny y el Papa han congregado este fin de semana a millones de personas en Madrid. El cantante puertorriqueño se encuentra en medio de su residencia artística de 10 conciertos en el estadio Riyadh Air Metropolitano (antes conocido como Wanda Metropolitano) y el pontífice visita España por primera vez, empezando por la capital.

Más allá del impacto económico que pueda suponer –hoteles, apartamentos turísticos, restauración, transporte, etc.–, debemos plantear cómo afectan estos macroeventos a las ciudades que los acogen y cómo de sostenibles pueden ser.

Aunque es atractivo pensar en los beneficios, concentrar a miles de personas en periodos cortos supone "un gran problema para los destinos urbanos" si no cuentan con la capacidad de gestión adecuada. Así lo advierte Alberto Amore, experto en gobernanza urbana y turismo, ya que dispara la generación de residuos, el uso de infraestructuras y el consumo de agua en hoteles.

Asimismo, el experto advierte que la mercantilización urbana para eventos erosiona el espacio público y daña la sostenibilidad ambiental general. Denuncia que los residentes locales "son los que pagan el precio como contribuyentes" y como ciudadanos afectados por citas a las que, quizá, ni pueden asistir.

Unos datos para ver la magnitud de los eventos: cada concierto de Bad Bunny tiene un aforo máximo de unas 55.000 personas. Con el de este domingo lleva ocho conciertos y le quedan dos más en la capital.

En cuanto a la visita del Papa, solo su primer acto multitudinario –una Vigilia de oración con los jóvenes– contó con unos 600.000 asistentes, según estimaciones previas. A lo largo de sus primeras 48 horas en la capital se calculaba una movilización de un millón de personas (entre afincados en Madrid y visitantes externos)

Contaminación

En primer lugar, hablamos de actos a los que asiste una gran cantidad de gente desde fuera de la ciudad e, incluso, del país, con la huella de carbono que supone.

Un estudio de la ONG Reverb, dedicada a promover la sostenibilidad ambiental y la acción climática dentro de la industria musical, analizó los hábitos de viaje de más de 35.000 asistentes en 400 conciertos de estadios y arenas en más de 170 ciudades del mundo.

Mostró datos demoledores: El transporte de los fans genera unas emisiones 38 veces superiores que las del artista y todo su equipo. Sus autores también vieron que el 80% acudía en sus coches privados a los conciertos.

En macroconciertos como los del cantante latino, tanto a la entrada como a la salida, a una gran cantidad de gente que puede ir en coche, hay que sumar también quienes deciden utilizar taxi o VTC. El resultado son calles colapsadas en las que los vehículos pueden pasar, incluso, horas parados con el motor en marcha, generando grandes niveles de emisiones.

Por otro lado, en eventos como la visita de León XIV, y para poder congregar a todos los asistentes, los actos se realizan al aire libre y en espacios públicos. Un hecho que se traduce en calles y accesos cortados.

Esto genera problemas a quienes habitan la ciudad, que pueden ver alteradas sus rutinas de movilidad y optar por usar su vehículo particular en lugar del transporte público, causando más ruido y contaminación, explica Alberto Vizcaíno López, portavoz del Colegio Profesional de Ambientólogos de la Comunidad de Madrid (COAMBM).

Residuos

Otra de las grandes preocupaciones a la hora de pensar en este tipo de macroeventos es la gestión de residuos que hace la ciudad anfitriona durante esos días. Vizcaíno señala que, al tratarse de acontecimientos puntuales y con una afluencia de gente difícil de calcular, no es fácil dimensionar y adaptar estos servicios.

Por tanto, "tienden a colapsar y dejar cantidades de materiales que no reciben un tratamiento adecuado, especialmente en productos de un solo uso", lamenta el ambientólogo.

Una vez más, hay matices entre los actos organizados por Bad Bunny y León XIV, como explica Jone Pérez, responsable de sistemas de carbono y sostenibilidad de la organización internacional A Greener Future (AGF).

Son tipos de eventos completamente diferentes. Un concierto en un estadio dura unas horas en un espacio controlado. "La visita del pontífice implica que la gente se disperse por toda la ciudad, se mueva durante todo el día y permanezca mucho más tiempo", manifiesta la experta.

La basura, los puntos de agua, los aseos, las operaciones de limpieza y cualquier material distribuido a los asistentes se encuentran repartidos por una superficie mucho mayor. En esa situación, los organizadores no pueden controlar los flujos de residuos, ya que la gente puede llevar artículos de casa o de los establecimientos.

Cualquier artículo de un solo uso distribuido a cientos de miles de personas "puede convertirse rápidamente en toneladas de residuos", subraya Pérez.

Por otro lado, en un estadio, los organizadores pueden controlar la mayoría de estos aspectos dentro del recinto. En un evento al aire libre en la ciudad, mucho más depende de la coordinación entre los organizadores, las autoridades locales, los proveedores de transporte, los servicios de limpieza y el público en general, resume la auditora.

En este sentido, Quique Villalobos, responsable de Urbanismo, Vivienda y Medio Ambiente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) lamenta que muchas veces esa gestión se limita a "poner una pila de contenedores", suponiendo una medida muy limitada.

Ruido

El ruido es una de las grandes quejas de quienes viven cerca de las zonas donde se realizan estos macroeventos. En Madrid, por ejemplo, quienes viven cerca del estadio Santiago Bernabéu y del Riyadh Air Metropolitano llevan años en pie de guerra porque los conciertos suelen superar los límites establecidos para garantizar su descanso y bienestar.

La Ordenanza de Protección Contra la Contaminación Acústica y Térmica sitúa en 55 decibelios el límite establecido, pero a partir de las 23.00 horas desciende a 45. No obstante, hay actuaciones que han llegado a superar los 85.

"El impacto del ruido de los conciertos en la población cercana a estadios no se está priorizando, siendo un daño claro y evidente a la salud", se queja Vizcaíno, del COAMBM.

Villalobos, de la FRAVM advierte que está demostrado científicamente que superar los umbrales de ruido en macroconciertos provoca ansiedad, insomnio y una alta excitación en los vecinos de estas zonas.

Esta situación altera por completo la vida cotidiana de los vecinos, impidiéndoles descansar adecuadamente si al día siguiente deben afrontar exámenes, oposiciones o jornadas laborales, desgrana.

Asimismo, denuncia que el exceso de decibelios obliga a los afectados a "blindar sus casas cerrando todas las ventanas". Si las viviendas no están climatizadas, en verano pueden soportar temperaturas superiores a los 23 grados que dificultan el sueño. Esto se traduce en problemas psicológicos, que elevan el riesgo de sufrir hipertensión y dolencias cardíacas, dice Villalobos.

"Sería necesario exigir a los titulares de las instalaciones que las acondicionasen, conforme a la legislación, para evitar impactos como el ruido", expone Vizcaíno. El ambientólogo propone medidas desde reducir el volumen del evento, "que suele ser innecesariamente elevado y perjudicial para los propios asistentes", hasta medidas estructurales de aislamiento acústico con paneles que disipen y atenúen el impacto acústico.

La alimentación es otro factor crítico que suele quedar en la sombra de las mediciones. Pérez Landa recuerda que el modelo de consumo, centrado en la carne roja y los lácteos, impacta gravemente en las emisiones y la biodiversidad. Promover opciones de origen vegetal mitigaría de forma directa esta huella ecológica silenciosa.

El gran desafío de la sostenibilidad urbana no reside en prohibir estas grandes citas, sino en gestionarlas bajo un planeamiento riguroso y transparente. Mientras los objetivos económicos sigan monopolizando las prioridades municipales, la habitabilidad y el bienestar vecinal continuarán en una situación de extrema vulnerabilidad frente al beneficio privado.

Por todo ello, desde la FRAVM insisten en la urgente necesidad de regular estos acontecimientos masivos con un enfoque social y reduccionista. Desde la federación critican la sumisión institucional ante las promotoras y aseguran que los gobernantes locales priorizan a los promotores de estos eventos. "Consideran a la ciudadanía parte del decorado", lamenta Villalobos.