Fotografía de una calle llena de gente.

Fotografía de una calle llena de gente. istock

Historias

Desarrollo, baja fecundidad y control de natalidad: las claves tras el descenso de población esperado para este siglo

A pesar de las predicciones del siglo XX, la Tierra se ha librado del colapso demográfico, aunque siguen latentes los riesgos de la superpoblación.

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En la novela de ciencia-ficción Todos sobre Zanzíbar, publicada en 1968, el escritor John Brunner imaginó un planeta Tierra superpoblado para el año 2010. Con megacorporaciones dueñas de todo y medios de comunicación de masas manipulados, el principal problema del mundo es el agotamiento de los recursos por una población de 8.900 millones de personas. Todas de pie y juntas, sin dejar espacio entre ellas, ocuparían los 1.700 kilómetros cuadrados de la isla de Zanzíbar, de ahí el título.

En 2010 la población mundial real fue de 6.900 millones, y actualmente, 2026, se calcula en 8.290 millones. Aunque en el globo se siguen sucediendo guerras, hambrunas y epidemias, el colapso poblacional no ha llegado como lo imaginó Brunner.

"Durante el siglo XX el rápido crecimiento demográfico, especialmente en algunas regiones como África o Asia, conllevó a unas situaciones alarmistas, que unía ese aumento de la población con una posible escasez de alimentos o colapso, si ese crecimiento seguía el mismo ritmo", explica a Enclave ODS la experta Antía Domínguez, profesora de sociología de la Universidade da Coruña.

Las previsiones más alarmistas hablaban de 15.000 millones en 2022, cuando se ambienta otra historia de ciencia-ficción, la película Cuando el destino nos alcance (1973), de Richard Fleischer, protagonizada por Charlton Heston.

En ella, los problemas de comida eran tan graves que el gobierno empezaba a dar cadáveres procesados como alimento. Al canibalismo tampoco hemos llegado, al menos en formas literales.

La realidad, explica Domínguez, "conllevó que el crecimiento se estabilizó, gracias principalmente al descenso de la fecundidad, y junto con el desarrollo tecnológico y las mejoras sanitarias, mitigaron esta previsión catastrofista". Es más, "todas las advertencias favorecieron una mejora en la planificación familiar así como en la educación y el desarrollo, cuestiones que a su vez también ayudaron al descenso de la fecundidad", añade.

Lo cierto es que la propia Naciones Unidas ha ido revisando a la baja sus previsiones en los últimos años. Si en fecha tan cercana como 2019 apuntaba a un estimado de 10.300 millones de personas en el planeta para 2050, ahora pospone esa cifra para 2080, e incluso espera que a partir de ese momento comience a disminuir.

El cálculo se basa en cómo ha ido disminuyendo el promedio de hijos por mujer en el mundo, de 2,5 a 2,2 y se calcula que antes de que acabe el siglo estará en 1,9, por debajo del 2,1 que marca la tasa de reposición de población.

El descenso, eso sí, no será ni inmediato ni muy acusado, ya que también aumenta la esperanza de vida. En los países en desarrollo el número de niños que nace baja con el incremento de la educación superior, la planificación familiar, el acceso de la mujer al mercado laboral y otros factores, pero con ello también desciende la mortalidad.

Los riesgos por zonas

Eso no quiere decir que el mundo esté a salvo de los peligros del exceso de población. Aunque hay cálculos optimistas sobre que nuestro principal problema con el hambre es de distribución, no de recursos, el planeta no es infinito. Combinada con la crisis climática, la sobrepoblación en partes concretas del globo, como África o el sudeste asiático nos enfrenta a epidemias, grandes desplazamientos migratorios y problemas de salud globales.

Domínguez advierte que el retroceso o estabilización de la población no se da en todas las regiones por igual y que sigue teniendo sus riesgos. La profesora Maureen Lichtveld, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Pittsburgh, ha investigado sobre cómo en grandes concentraciones de población, como las ciudades de la India o determinadas zonas de África, los problemas de acceso al agua potable o las enfermedades infecciosas son una amenaza creciente.

En sus trabajos también advierte de que aunque el pico poblacional no sea tan alto como lo previsto, o llegue más tarde, combinado con malas cosechas o temperaturas extremas causadas por la crisis climática puede tener los mismos efectos devastadores una Tierra con 8.000 millones de humanos que con 10.500.

Un reto diferente

"El avance social tiene un impacto en el crecimiento poblacional. El aumento del nivel educativo o de la educación sexual, conllevan un mayor control de la fecundidad", añade Domínguez. También hay que tener en cuenta la entrada de la mujer en el mercado laboral, aunque no ocurre en todos los países.

En muchos países, como España, la dinámica de hecho ya está invertida: la pirámide poblacional es más gruesa en las edades más avanzadas y, si no fuese por la inmigración, perderíamos habitantes.

Domínguez, incluso, apunta a que los últimos informes hablan de que en los países avanzados la mayoría de mujeres tienen menos hijos de los que desearían, sobre todo por cuestiones económicas, algo sobre lo que cree que tendría impacto "mejorar las medidas de conciliación".

Con todo, la reversión de la pirámide no tiene que ser necesariamente negativa: "antes de determinar si se trata de un problema estructural, sería necesario determinar si los cambios en la estructura son un problema". Añade que "simplemente es necesario realizar una reestructuración social, pero también económica y de políticas públicas".

Serge Rabier, investigador de la Agencia Francesa del Desarrollo (AFD), ha advertido en sus trabajos de la "globalización" de la fecundidad, pero sobre todo pide no "dramatizar las narrativas". Si en el siglo XIX o XX se exageró la amenaza de la sobrepoblación, el experto ahora señala en sus investigaciones que se analizan las dinámicas poblacionales con expresiones como "declive demográfico", "inflexión demográfica", "invierno demográfico" o "colapso demográfico" sin base científica.

Domínguez opina que en los próximos años, de una forma u otra, "se deberían de reforzar y aumentar las políticas de conciliación y cuidados, entendiéndolo no solo como los cuidados de menores sino también de población mayor dependiente".

En el mismo sentido, añade la socióloga hacen falta "políticas que vayan hacia dicha población mayor, aunque no estén relacionadas con sus cuidados, sobre cuestiones como salud, bienestar y tiempo libre". Y también "políticas migratorias buscando una regularización, pero también una calidad de vida para las personas migrantes", concluye.

Por último, "una de las cuestiones más relevantes y necesarias para que el sistema siga funcionando es la de las políticas de mejora del mercado laboral, buscando una mayor estabilidad y reduciendo la precariedad laboral". Con ello, opina Domínguez, no solo mejorarían cuestiones como la natalidad o la conciliación, sino también el propio sistema de pensiones que tanto preocupa.