Un agricultor evalúa la calidad del suelo antes de la siembra de semillas.

Un agricultor evalúa la calidad del suelo antes de la siembra de semillas. iStock

Historias

La cosmética natural en peligro: la degradación del suelo merma la eficacia de los componentes de los productos de belleza

El 33% de las tierras de cultivo del planeta ya están en mal estado y se espera que supongan más del 90% en 2050 si no se aborda el problema.

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La etiqueta 'natural' se ha convertido en la preferida de muchas personas a la hora de comprar productos de cosmética. Una opción que el sector lleva años potenciando, pero que ahora corre peligro por culpa de la degradación del suelo, advierte Save Soil, un movimiento mundial que busca combatir este problema.

Aunque el mercado mundial de cosméticos está en auge y se puede alcanzar un valor de más de 556.000 millones de dólares para 2032, su prosperidad depende de que la tierra de cultivo sea un ecosistema vivo y saludable.

La potencia de los activos naturales más valorados para elaborar productos de belleza –como antioxidantes y vitaminas–, está directamente vinculada a la compleja red de microbios y materia orgánica que nutre a las plantas.

Si el suelo sobre el que crecen no está en buen estado, la calidad, la consistencia y la disponibilidad de los ingredientes botánicos que necesitan, se ven mermadas, expone Rico Rau, Consultor de Investigación y Políticas Ambientales en Save Soil.

Además, son terrenos que suelen requerir más insumos sintéticos (pesticidas y fertilizantes) para mantener vivos los cultivos, explica. Químicos que pueden dejar residuos en los extractos vegetales finales, "comprometiendo la promesa de pureza de la marca".

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) el 33 % de los suelos del planeta ya están degradados. Un fenómeno que se ha producido, principalmente, debido a la erosión, la compactación, la salinización y el agotamiento de nutrientes.

Si no se le pone remedio a la situación, la institución prevé que en 2050 este problema afecte a más del 90% de las tierras del planeta.

Save Soil ha presentado recientemente un informe, donde analiza datos como estos. Su mensaje es claro: el futuro de la industria de la belleza no se decide en los laboratorios, sino 15 centímetros bajo tierra.

Sin suelos prósperos, "no habría aceite de lavanda para calmar, ni manteca de karité para hidratar, ni polifenoles de té verde para proteger, ni vitamina C para iluminar", asegura el documento.

Crisis de eficacia

Para Rau, con un tercio del suelo mundial ya degradado, "la industria cosmética se enfrenta a una crisis de eficacia". El experto desgrana que las plantas absorben los antioxidantes –como la ergotioneína– gracias a una serie de hongos beneficiosos que se encuentran en el suelo.

A medida que estos microorganismos desaparecen, "resulta más difícil demostrar científicamente que un producto es rico en estos componentes", dice Rau. El portavoz de Save Soil señala también que, según los datos históricos, vitaminas como la C y el betacaroteno (antioxidante, fotoprotector y potenciador del bronceado) "han disminuido significativamente" en los cultivos durante las últimas décadas.

Para las marcas que afirman ofrecer vitaminas naturales de alta potencia, continúa, esto implica menos potencia en sus materias primas que hace 50 años. En consecuencia, "necesitarían utilizar más biomasa para alcanzar los mismos niveles de eficacia", lo que encarecería los productos.

El informe señala que, para lograr la misma eficacia que hace décadas, las empresas podrían tener que pagar un 400% más por la biomasa saludable para compensar la falta de nutrientes.

Ante este fenómeno, hay dentro del sector una preocupación cada vez mayor por que "la belleza natural de verdad, que emplea compuestos potentes y de gran calidad", se convierta en un lujo o desaparezca, cuenta Rau.

"Si los ingredientes naturales pierden su potencia, el sector perderá la confianza del consumidor", teme el portavoz de Save Soil. Un factor que provocará "el declive del movimiento de la belleza natural en favor de alternativas sintéticas".

Nuria Alonso, responsable de la certificación BioVidaSana, no se muestra tan pesimista. "Hay muchos suelos degradados, pero también hay muchos suelos bien cuidados. Hay esperanza". En el mundo hay 98,9 millones de hectáreas en cultivo ecológico certificado, de ellas 2,9 millones están en España.

También aumenta el número de agricultores que aplican prácticas agroecológicas, incluso estos métodos se extienden a sistemas agrícolas no estrictamente ecológicos certificados.

En Europa, añade, ya hay políticas que favorecen a los campesinos que trabajan de esta manera. Algunos ejemplos son dejar cubierta vegetal, hacer rotaciones o favorecer la biodiversidad en sus parcelas.

'Orgánico' ya no es suficiente

Rau advierte de que la etiqueta 'orgánico' ya no es suficiente, la verdadera garantía es la actividad biológica. "A menudo, el primer concepto, solo significa ausencia de productos químicos, mientras que el segundo se refiere a la presencia de vida", matiza.

Que un agricultor no use químicos no implica, automáticamente, un terreno con altos niveles de materia orgánica. Aunque respete esa parte, puede realizar otras prácticas no sostenibles, como la labranza intensiva o el monocultivo.

Un suelo sano, define el portavoz de Save Soil, "es un ecosistema vivo de bacterias y hongos". Estos microbios son una suerte de sistema digestivo para las plantas, ayudándolas a absorber minerales y sintetizar moléculas bioactivas complejas.

"Un ingrediente puede estar libre de químicos, pero al mismo tiempo vacío (baja densidad de nutrientes) si el suelo carece de vida". Para la salud de la piel, la concentración real de compuestos que favorecen su curación es lo que determina si un producto funciona, subraya el experto.

Por otra parte, Alonso, de la Asociación Vida Sana, afirma que la agricultura ecológica certificada mejora el suelo. El nivel puede variar según la implicación del agricultor y la norma con la que se certifique, pero "es suficiente con cumplir con el Reglamento para la producción ecológica de la Unión Europea".

Montse Escutia, ingeniera agrónoma y presidenta de la Asociación Vida Sana, está de acuerdo y apunta que la solución debe pasar por esta forma de cultivo.

Esta metodología, además de proteger los microorganismos del suelo, no usa pesticidas, por lo que permite a las plantas desarrollar "plenamente" sus mecanismos de defensa contra las plagas. Uno de esos escudos son los antioxidantes.

Rau y Alonso coinciden en que la solución no pasa por la biotecnología. Aunque es una herramienta potente, no puede replicar totalmente la complejidad de un ecosistema natural, destaca el primero.

"En un laboratorio no se pueden reproducir las interrelaciones entre los organismos y microorganismos de un suelo vivo que alimentan a los productos que crecen en él", aporta la segunda. Por eso, agrega, los principios activos de los ingredientes ecológicos son tan activos con respecto a la función que tengan.

El portavoz de Save Soil reconoce que los compuestos desarrollados en laboratorio "a veces ofrecen una consistencia y pureza que el suelo degradado no puede igualar". Sin embargo, la naturaleza produce cientos de compuestos menores en un solo extracto vegetal que actúan en conjunto.

Aun así, todavía se puede abordar este problema. La degradación del suelo puede prevenirse o revertirse mediante la adopción global a gran escala de prácticas agrícolas regenerativas, afirma Rau.

No obstante, para lograrlo, los agricultores "necesitan el apoyo de los gobiernos a través de incentivos y capacitaciones". Además, las marcas pueden invertir directamente en agricultores que utilizan prácticas regenerativas —como la labranza cero, los cultivos de cobertura y el compostaje— para reconstruir activamente la materia orgánica del suelo.

Al eliminar intermediarios y apoyar proyectos específicos para la salud del suelo, las marcas de belleza pueden garantizar la eficacia de sus ingredientes, asegura el experto.