Hombre sentado en una cama mirando al horizonte.

Hombre sentado en una cama mirando al horizonte. iStock

Historias

La contaminación del aire eleva el riesgo de padecer alzhéimer en mayores de 65 años

La investigación apunta a un efecto de las partículas contaminantes sobre el cerebro y señala a quienes han sufrido un ictus como grupo vulnerable.

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Mariana Goya
Publicada

La contaminación del aire contribuye al desarrollo de la enfermedad de alzhéimer principalmente a través de efectos directos sobre el cerebro, más que mediante su influencia en otras patologías crónicas. Además, las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular presentan una mayor vulnerabilidad frente a estos efectos.

Estas son las principales conclusiones de un amplio estudio de cohortes liderado por Yanling Deng, de la Universidad de Emory (Estados Unidos), publicado recientemente en la revista científica PLOS Medicine.

El trabajo aporta evidencia a un debate abierto en la comunidad científica: si la contaminación atmosférica incrementa el riesgo de demencia de forma indirecta —a través de enfermedades como la hipertensión o la depresión— o si, por el contrario, actúa directamente sobre el cerebro. Los resultados apuntan mayoritariamente a esta segunda vía.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo investigador analizó datos de más de 27,8 millones de beneficiarios de Medicare mayores de 65 años en Estados Unidos durante un periodo de 18 años, entre 2000 y 2018.

El estudio cruzó los niveles de exposición a contaminación atmosférica —especialmente partículas finas— con la incidencia de enfermedad de alzhéimer, incorporando además el historial clínico de los participantes.

Los resultados muestran que una mayor exposición a la contaminación se asocia con un incremento del riesgo de desarrollar alzhéimer. Esta relación se mantiene incluso al considerar la presencia de enfermedades crónicas vinculadas tanto a la contaminación como a la demencia, como la hipertensión, el ictus o la depresión. Sin embargo, el peso de estas patologías como factores mediadores resultó limitado.

"En este amplio estudio nacional de adultos mayores, descubrimos que la exposición a largo plazo a la contaminación atmosférica por partículas finas se asoció con un mayor riesgo de enfermedad de alzhéimer, principalmente a través de efectos directos en el cerebro, más que a través de afecciones crónicas comunes como la hipertensión, el accidente cerebrovascular o la depresión", señalan los autores.

Resumen visual de los principales hallazgos del estudio.

Resumen visual de los principales hallazgos del estudio. Yanling Deng

No obstante, el análisis sí identifica un matiz relevante. Y es que las personas con antecedentes de accidente cerebrovascular presentan una asociación ligeramente más fuerte entre contaminación y riesgo de alzhéimer. Un hallazgo que sugiere una interacción entre factores ambientales y vasculares que podría agravar el deterioro cognitivo.

"Nuestros hallazgos sugieren que las personas con antecedentes de accidente cerebrovascular pueden ser particularmente vulnerables a los efectos nocivos de la contaminación del aire sobre la salud cerebral, lo que pone de relieve una importante intersección entre los factores de riesgo ambientales y vasculares", añaden los investigadores.

La enfermedad de alzhéimer es la forma más común de demencia y afecta actualmente a unos 57 millones de personas en todo el mundo, una cifra que continúa en aumento debido al envejecimiento de la población. Identificar factores de riesgo modificables, como la calidad del aire, se ha convertido en una prioridad para la salud pública.

En este contexto, el estudio refuerza la evidencia de que la contaminación atmosférica afecta al sistema respiratorio o cardiovascular y, además, tiene implicaciones directas sobre la salud cerebral. Pues, las partículas finas, capaces de penetrar en el organismo e incluso alcanzar el cerebro, podrían desencadenar procesos inflamatorios o neurodegenerativos que favorezcan el desarrollo de demencia.

Los autores subrayan que sus hallazgos tienen implicaciones relevantes para el diseño de políticas públicas, dado que la mejora de la calidad del aire podría contribuir a reducir enfermedades cardiovasculares o respiratorias, así como a prevenir o retrasar la aparición del alzhéimer, especialmente entre la población de mayor edad.