Vista de la copa de los árboles desde abajo.

Vista de la copa de los árboles desde abajo. Cedida

Historias

El motivo por el que se están perdiendo los montes en España: "El abandono es uno de los principales desafíos"

El modelo, que apuesta por intervenir y planificar los montes y limita la acumulación de combustible que alimenta los incendios, está ganando peso.

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Mariana Goya
Publicada

Durante años, la imagen dominante ha sido la del bosque intacto como sinónimo de protección. Pero en un contexto de incendios cada vez más intensos y un clima más extremo, esa idea empieza a resquebrajarse.

"Gestionar es cuidar", resume Manuel Domínguez, portavoz del Foro del Papel. Y en esa afirmación se condensa un cambio de paradigma que afecta tanto al futuro ambiental como al económico de España.

Con más de 27 millones de hectáreas forestales, el país se enfrenta a una paradoja: pues nunca ha tenido tanta superficie arbolada, pero tampoco tantos riesgos asociados a su abandono. En ese escenario, la gestión forestal sostenible se posiciona como una herramienta clave para proteger los montes, así como para combatir el cambio climático y revitalizar el medio rural.

Lejos de la idea de naturaleza estática, la gestión forestal sostenible propone una intervención activa y equilibrada. "Es un modelo de cuidado, planificación y aprovechamiento que equilibra tres dimensiones clave: la ambiental, la social y la económica", explica Domínguez.

Este enfoque parte de una premisa clara, y es que los bosques no se mantienen solos. Sin intervención, pierden resiliencia frente a amenazas como incendios, plagas o eventos climáticos extremos. Por el contrario, una gestión adecuada permite no solo conservarlos, sino también aprovechar de forma responsable los recursos que generan.

Esa lógica conecta directamente con la vida cotidiana, pues Domínguez señala que "la gestión forestal tiene implicaciones directas para toda la sociedad". Desde los envases hasta los libros o los productos higiénicos, buena parte de los objetos diarios tienen su origen en el bosque. Pero, además, estas masas forestales funcionan como sumideros de carbono, contribuyendo a mitigar el cambio climático.

Plantaciones de eucalipto.

Plantaciones de eucalipto. Cedida

En el caso de la industria papelera, la cadena de valor comienza precisamente ahí. Según Domínguez, casi el 90% de la madera utilizada procede de plantaciones locales de pino y eucalipto, que ocupan menos del 3% de la superficie arbolada nacional y se regeneran de forma continua. Todo ello bajo certificaciones como PEFC y FSC, que garantizan estándares ambientales, sociales y de gobernanza.

Combustible para el desastre

El principal problema no es la falta de bosques, sino su abandono. "Cuando un monte deja de gestionarse, se produce una acumulación progresiva de biomasa, es decir, combustible", advierte Domínguez. Ese exceso de materia vegetal incrementa el riesgo de incendios y complica su extinción.

A ello se suma la proliferación de plagas y la pérdida de capacidad adaptativa frente a un clima cambiante. "Un monte abandonado pierde resiliencia y capacidad de respuesta", resume.

El reto se agrava por la estructura de la propiedad forestal en España: el 72% es privada. En muchos casos, los propietarios viven lejos de sus terrenos y no los gestionan. "Facilitar herramientas y acompañar a los propietarios es clave para asegurar el futuro de nuestros bosques", subraya.

Cada verano, los incendios forestales vuelven a ocupar titulares. Sin embargo, Domínguez insiste en que la clave no está solo en la extinción, sino en la prevención. "La gestión forestal activa es una herramienta muy eficaz para reducir el riesgo y el impacto del fuego", afirma.

Plantaciones de pino.

Plantaciones de pino. Cedida

Aunque no elimina completamente la posibilidad de incendios, sí condiciona su comportamiento. Un monte gestionado tiene menos combustible, lo que dificulta la propagación de las llamas y reduce su intensidad. Además, la planificación permite crear paisajes más resistentes, donde el fuego encuentra barreras naturales y los equipos de extinción pueden actuar con mayor eficacia.

En este sentido, desmonta uno de los mitos más extendidos: no es tanto la especie de árbol la que determina el riesgo, sino el estado del monte. "La acumulación de combustible es el factor clave", insiste.

El error de "no tocar"

Este cambio de enfoque también afecta a la percepción sobre el uso de la madera. Un estudio del Foro del Papel revela que siete de cada diez españoles creen que fabricar papel provoca deforestación. Sin embargo, los datos apuntan en la dirección contraria.

"Casi el 90% de la madera utilizada procede de plantaciones locales que se regeneran continuamente", señala Domínguez. Además, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la superficie forestal en España ha aumentado en cerca de 1,5 millones de hectáreas desde 1999.

"El reto ya no es tener más bosques, sino tener mejores bosques", concluye.

Economía rural

Más allá del impacto ambiental, la gestión forestal tiene un potencial económico significativo, especialmente en zonas afectadas por la despoblación. "Es un motor de riqueza y progreso en el medio rural", afirma Domínguez.

Las actividades vinculadas al monte abarcan desde la preparación del terreno hasta la replantación, la tala, el transporte o la vigilancia. Todas ellas generan empleo directo e indirecto.

Según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón (ASPAPEL), las plantaciones vinculadas a la industria papelera generaron en 2024 más de 4.500 empleos directos y más de 14.200 indirectos. En conjunto, la cadena de valor aporta un impacto económico equivalente al 4,3% del PIB nacional.

En territorios donde las oportunidades son escasas, este tipo de actividad puede ser determinante para fijar población y mantener vivo el tejido rural. Y es que el papel y el cartón han estado en el centro del debate ambiental durante años. Sin embargo, la percepción está cambiando. "Dos de cada tres españoles consideran que son los productos más sostenibles", apunta Domínguez.

Esa evolución responde, en parte, a los avances de la industria. Entre 2020 y 2024, las fábricas papeleras españolas redujeron sus emisiones de CO₂ en un 29%, aprovecharon el 78% de sus residuos y devolvieron al medio el 84% del agua utilizada tras su tratamiento.

Todo ello se integra en un modelo de economía circular, donde el papel se recicla y se reincorpora al ciclo productivo. España es ya el tercer país de la Unión Europea en reciclaje de papel y cartón, con una tasa del 83,6% en 2024.