La crisis climática influye sobre la actividad física a través del aumento de la exposición al calor extremo.

La crisis climática influye sobre la actividad física a través del aumento de la exposición al calor extremo.

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La nueva consecuencia del cambio climático: puede llevar a millones de personas al sedentarismo para 2050

Cada mes adicional que supere los 27,8°C de media, se asocia con un aumento de 1,44 puntos porcentuales en la inactividad física a nivel global.

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El sedentarismo está cada vez más presente en la sociedad, hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya lo considera "una amenaza silenciosa para la salud global". Lejos de mejorar, las previsiones auguran un escenario de declive en los próximos años.

En 2024, último año del que hay cifras, la inactividad física alcanzó el 31% en la población adulta (1.800 millones, casi un tercio) y se espera que en 2030 el dato ascienda hasta el 35%.

La OMS no ha sido la única en alertar de ello, una investigación publicada este martes en la revista The Lancet Global Health advierte de que, de aquí a 2050, millones de adultos más en todo el mundo pueden entrar en este umbral. La culpa la tiene el cambio climático.

Esta crisis influye sobre la actividad física principalmente a través del aumento de la exposición al calor extremo. Cuanto más se acumulan los meses con temperaturas muy elevadas, muchas personas reducen el tiempo o la intensidad de la actividad física, especialmente al aire libre, explica Christian Garcia-Witul, investigador de Lancet Countdown Latinoamérica.

El análisis, que contiene datos de 156 países entre los años 2000 y 2022, ha encontrado que, cada mes adicional en el que se superan los 27,8°C de media, se asocia con un aumento de 1,44 puntos porcentuales en la inactividad física a nivel global, y de 1,85 puntos en países de ingresos bajos y medios.

Garcia-Witul, que también es profesor de la Pontificia Universidad Católica Argentina, expone que estos resultados demuestran que el calor no solo genera incomodidad, sino que modifica patrones cotidianos de movimiento a escala poblacional.

Tres escenarios

Los investigadores plantean tres escenarios: uno con bajas emisiones y mitigación ambiciosa (el menor aumento de temperaturas), otro en el que continúan las tendencias actuales, con mitigación parcial (la opción intermedia) y el último con altas emisiones y fuerte dependencia de combustibles fósiles (donde más aumentan el calor y el sedentarismo).

En este último contexto hipotético hay puntos críticos que superan los 4 puntos porcentuales de aumento de la inactividad física en América Central, el Caribe, el África subsahariana oriental y el sudeste asiático ecuatorial.

El calor es el desencadenante principal en el análisis, pero sus efectos "son mucho mayores cuando se combinan con vulnerabilidades preexistentes", desgrana Garcia-Witul. Entre ellas, la menor capacidad de adaptación, menos espacios con sombra, menos acceso a climatización y, en muchos casos, menos tiempo discrecional para la actividad física recreativa.

Por lo tanto, se plantea una carga desigual del problema: golpea más fuerte allí donde coinciden altas temperaturas y menos recursos para adaptarse. "La desigualdad, en definitiva, convierte el cambio climático en un problema de salud física profundamente inequitativo".

Para 2050, el incremento de inactividad física causado por el calor también provocará una mayor mortalidad. Los investigadores esperan entre 0,47 y 0,70 millones de muertes adicionales al año a escala mundial, según se siga un escenario de bajas o de muy altas emisiones.

La crisis climática también va a repercutir este exceso de temperatura en la economía: proyecta pérdidas de productividad adicionales de entre 2,40 y 3,68 mil millones de dólares al año para 2050, lo que correspondería a entre el 5,12 y el 7,85% de las pérdidas por inactividad física estimadas para 2022 (46,92 mil millones).

La reducción de actividad física tiene un efecto en cascada sobre prácticamente todos los sistemas del organismo, indica Garcia-Witul. Favorece el sobrepeso y la obesidad, eleva el riesgo de diabetes tipo 2 y agrava el síndrome metabólico. También incrementa la probabilidad de hipertensión, enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares.

Además, a nivel osteomuscular, el sedentarismo aumenta el riesgo de osteoporosis y sarcopenia. No hay que subestimar tampoco el impacto sobre la salud mental: puede desencadenar o agravar cuadros de problemas psicológicos advierte.

Se trata de un factor que puede "comprimir y deteriorar los años de vida saludable de una manera que trasciende ampliamente la mortalidad directa". Por eso, el problema no debe entenderse solo como una cuestión de ejercicio, sino como una vía adicional por la cual el cambio climático puede deteriorar la salud pública, opina el investigador.

En este contexto, el argentino habla del riesgo de que el ejercicio al aire libre experimente "una reducción importante" en ciertos lugares, estaciones del año y grupos de población.

No espera una desaparición total, pero sí una reorganización del movimiento cotidiano, con menos actividad en ciertas horas del día, más evitación del espacio público durante episodios de calor y una mayor dificultad para sostener rutinas activas en regiones especialmente expuestas.

La solución a este problema no puede pasar solo por trasladar la actividad física al interior. Lo ideal sería lograr una combinación. Mejores opciones interiores cuando sean necesarias, pero también ciudades y espacios públicos diseñados para que la actividad física al aire libre siga siendo viable y segura.