Lerbis Carreño directora de su empresa de construcción en Panamá.

Lerbis Carreño directora de su empresa de construcción en Panamá. Lerbis Carreño.

Historias Semana del 8M

Lerbis Carreño, la migrante venezolana que es dueña de una constructora: "Si podemos dar vida, también podemos edificar"

Dirige en Panamá a 22 empleados en un sector masculinizado, mientras las emprendedoras ya facturan un 47% más que los hombres.

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Tania Ortega
Publicada

"La que negocia soy yo, y la que firma también", afirma Lerbis Carreño al referirse a la autoridad final en el cierre de sus contratos. Esta empresaria venezolana de 42 años dirige una constructora en Panamá, un sector tradicionalmente dominado por hombres.

Migró en 2016 junto a su familia desde Venezuela, empujada por la crisis política y económica. Cuando llegó al territorio panameño, traía consigo la experiencia de haber sido empresaria en su tierra, pero la realidad la obligó a resetear su vida y comenzar de nuevo desde la base.

Forma parte de los 8,7 millones de refugiados y migrantes venezolanos que han cruzado fronteras en busca de futuro, una cifra de ACNUR que refleja la magnitud del vaciamiento que sufre su país.

Empezar de cero

El deterioro constante de la calidad de vida y la inestabilidad golpearon su día a día. Y el peso acumulado de la crisis se hizo insoportable en Venezuela. Por eso, tomó una decisión que describe como "dejar a la mamá", porque "la patria es como la figura materna; donde uno nace, crece. Todo lo demás que viene es nuevo".

Llegó a Panamá con su marido y sus tres hijas. La menor tenía diez meses y dio sus primeros pasos lejos de la tierra que la había visto nacer. El golpe inicial fue profundo. En Venezuela había tenido una empresa propia.

Carreño es fundadora de ALZ Servicios, coordina la ejecución técnica de sus proyectos.

Carreño es fundadora de ALZ Servicios, coordina la ejecución técnica de sus proyectos. Lerbis Carreño.

En sus primeros trabajos intentó abrirse camino en el ámbito comercial, apoyándose en su formación como licenciada en Administración y especializada en gerencia y recursos humanos. No fue nada fácil. Pero el retorno a la construcción —el ámbito donde había trabajado antes— llegó, cuando fue contratada como jefa de obras en una empresa de carpintería.

El peso del prejuicio

En 2019, junto a su marido, fundó ALZ Servicios y Remodelaciones en Panamá. El nombre combina los nombres de sus hijas y el apellido de su pareja.

Comenzaron ofreciendo mantenimiento y servicios a plantas industriales. Poco a poco, mediante recomendaciones, lograron abrirse paso en proyectos de mayor escala. Pero la construcción es un sector tradicionalmente masculinizado. Y eso se hizo sentir.

"Con quien quiero hablar es con el señor", recuerda que le decían algunos clientes. A lo que ella contestaba: "La que negocia soy yo y la que selecciona el personal también".

La empresaria venezolana ha logrado consolidar su autoridad en una industria tradicionalmente masculinizada.

La empresaria venezolana ha logrado consolidar su autoridad en una industria tradicionalmente masculinizada. Lerbis Carreño.

Carreño es presidenta y gerente de proyectos de la empresa. "No me vean como la mujer, véanme como una compañera de trabajo", suele decir a su equipo.

La resistencia inicial dio paso a la confianza cuando los trabajos se entregaron en tiempo y forma. "Ese cliente que no quería negociar conmigo después me recomendó a otras empresas", cuenta.

La compañía sobrevivió incluso a la pandemia. Hoy emplea a 22 personas. "No somos 22, multiplícalo por tres o por cuatro, que son los que los esperan en casa", reflexiona. Por eso, dice,"una mala decisión no solo me afecta a mí, afecta a todas esas familias".

Asfixia financiera

El momento más crítico llegó en 2023, cuando un proyecto importante generó tensiones de liquidez. Necesitaba capital para sostener a la planilla y los materiales. No cumplía con ciertos requisitos exigidos y, además, su situación migratoria no era la ideal para acceder a crédito formal.

"Ese fue un obstáculo bien grande", explica. Fue entonces cuando encontró en Microserfin, la entidad de la Fundación BBVA Microfinanzas (FMBBVA ) en Panamá. Aquel fue el apalancamiento necesario para reorganizar su estructura.

Más que el crédito, destaca el acompañamiento y la educación financiera. "Aprendí que no solo se trata de ingresos, sino de entender los gastos y mantener equilibrio. Cada detalle importa".

Las mujeres enfrentan mayores barreras de acceso al crédito formal y menor participación en sectores tradicionalmente masculinizados como la construcción.

Brechas en cifras

Actualmente, solo el 4% de las mujeres del mundo vive en economías con igualdad legal plena y el 60% del empleo femenino global sigue atrapado en la informalidad, según el informe Global Findex 2025, aunque la digitalización ha reducido la brecha financiera cuatro puntos.

Pese a este avance, emprender en sectores técnicos sigue siendo un desafío de supervivencia para la autonomía económica femenina.

Para la empresaria, cada proyecto terminado es un paso más hacia la normalización del liderazgo femenino en las industrias técnicas.

Para la empresaria, cada proyecto terminado es un paso más hacia la normalización del liderazgo femenino en las industrias técnicas. Lerbis Carreño.

El acceso a recursos es clave en una región donde el 73% de las empresas de mujeres no logran obtener el financiamiento necesario para crecer. Para cerrar esta brecha, FMBBVA despliega en América Latina una red de protección que, en el caso de Panamá, ofrece asistencias integrales que ya alcanzan a 5.300 emprendedoras.

El éxito de proyectos como el de Lerbis Carreño confirma que 7 de cada 10 personas que vencieron la pobreza en 2025 fueron mujeres. Según la fundación, las ventas mensuales de las emprendedoras son un 47% mayores que las de pequeños negocios dirigidos por hombres.

Sin marcha atrás

A pesar de su trayectoria, Carreño no oculta la realidad de emprender. "El miedo te dice dos cosas: o corres, o sigues. Y nosotros no tenemos la opción de correr".

Su ejemplo caló hondo. Hoy, su hija de 18 años desafía las estadísticas estudiando Ingeniería Eléctrica en un aula donde apenas hay tres mujeres. Y es que, para ella, esta decisión no es casualidad, sino el resultado de ver una empresa crecer desde los cimientos.

"Si podemos dar vida, también podemos construir", afirma. Para ella, el debate no es hombres contra mujeres, sino capacidades. Cree que ellas aportan una mirada más reflexiva, más cautelosa al momento de decidir. "No actuamos a la ligera. De nosotras depende mucha gente".

Si pudiera cambiar algo del sistema, no sería solo el acceso al crédito. "Me iría a la parte educativa", dice. Educación técnica, pero también emocional. Pues, tal y como asegura, "el límite es algo imaginario. Solo fracasa quien deja de intentar".

Con 22 empleados a su cargo y una hija que sigue sus pasos en ingeniería, Carreño sabe que su proyecto de vida aún tiene mucho por construir.