Paisaje rural de Uruena, Valladolid, España, con tierras de cultivo vistas desde la muralla del castillo.

Paisaje rural de Uruena, Valladolid, España, con tierras de cultivo vistas desde la muralla del castillo. iStock

Historias

Más del 60% de los campos de cereal español pierde dinero: la agricultura regenerativa puede mejorar 133 euros por hectárea

La transición abre un mercado potencial de entre 2.250 y 3.750 millones en financiación 'verde' y podría generar 379 millones adicionales al año.

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Mariana Goya
Publicada

El modelo agrícola convencional en el cereal de secano español presenta un margen operativo negativo de 46 euros por hectárea. La combinación de agricultura regenerativa y tecnologías de precisión permite alcanzar, a partir del cuarto año, un margen positivo de 87 euros por hectárea, lo que supone una mejora anual de 133 euros por hectárea.

Si el 50% de la superficie adoptara este sistema combinado, el beneficio agregado adicional ascendería a 379 millones de euros anuales. Además, la transición podría movilizar entre 2.250 y 3.750 millones de euros en financiación verde agraria en la próxima década.

Estas son las principales conclusiones del informe elaborado por Transcendent, que analiza la viabilidad económica de transformar el modelo productivo del cereal de secano, el más representativo del país, con 5,7 millones de hectáreas y el 33% de la superficie cultivada total.

El diagnóstico de partida es estructural. En 2023, la sequía provocó pérdidas por valor de 5.550 millones de euros en el sector agrario. En 2024, el 42% de las operaciones comerciales agrarias registró morosidad y el 44% de las empresas prevé un aumento de impagos en los próximos doce meses.

A ello se suma una elevada dependencia de insumos externos —fertilizantes, fitosanitarios y combustible— que concentran más del 70% de los costes directos de muchas explotaciones.

La reforma de la Política Agraria Común introduce un elemento adicional de presión. Los pagos directos tenderán a reducirse y a vincularse progresivamente a resultados ambientales verificables, lo que limita la capacidad del modelo convencional de sostener márgenes apoyados en subvenciones.

Frente a este escenario, el informe cuantifica el impacto de un sistema combinado que integra prácticas regenerativas —rotaciones amplias, cubiertas vegetales, reducción del laboreo— y agricultura de precisión basada en datos, sensores y dosificación variable.

Campos de trigo.

Campos de trigo. iStock

En la fase consolidada, el modelo logra reducir el uso de fertilizantes en un 34%, el consumo de combustible en un 45% y los pesticidas en un 19%. La reducción estructural de costes explica el cambio de signo en el margen operativo.

La dimensión ambiental actúa como refuerzo económico. En condiciones mediterráneas, los sistemas regenerativos pueden secuestrar entre 1,5 y 2,5 toneladas de CO₂ por hectárea y año, con una media estimada de 1,8 toneladas.

A precios actuales del mercado voluntario, esto puede generar ingresos adicionales de entre 50 y 65 euros por hectárea y año, reduciendo el periodo de recuperación de la inversión desde siete u ocho años hasta aproximadamente cinco .

La resiliencia climática es otro factor determinante. Las explotaciones con suelos regenerados pueden mantener entre el 70% y el 85% de su rendimiento en sequías moderadas, frente al 40%-60% en suelos degradados. En un contexto de creciente variabilidad climática, esta estabilidad productiva se traduce en menor volatilidad de ingresos y menor riesgo crediticio.

Pese a ello, la adopción es todavía limitada. Pues, solo el 5% de la superficie agraria aplica prácticas regenerativas de forma sistemática. El informe identifica como principales barreras la inversión inicial, la necesidad de acompañamiento técnico y la falta de productos financieros adaptados.

Para las entidades financieras, la transición configura un mercado emergente. Si el 30% de la superficie agraria adoptara sistemas integrados en la próxima década, la demanda de financiación verde oscilaría entre 2.250 y 3.750 millones de euros.

Además de generar nuevo volumen de negocio, financiar explotaciones más resilientes permitiría reducir la exposición a riesgos climáticos y regulatorios en un sector que ya muestra tensiones de solvencia. Pues, el informe concluye que la sostenibilidad no constituye un sobrecoste, sino una palanca de rentabilidad estructural.