Un 37% de los jóvenes de 18 a 24 años percibe un impacto negativo en su bienestar psicológico.

Un 37% de los jóvenes de 18 a 24 años percibe un impacto negativo en su bienestar psicológico. Istock

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Las redes también pueden ser saludables: "Conectan, inspiran e informan cuando se usan de forma equilibrada"

Frente a 20,9 horas semanales de uso entre jóvenes y sus efectos negativos en bienestar, el experto propone reglas claras para equilibrar la conexión digital.

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Casi todos los españoles —el 94%— utilizan redes sociales de forma habitual. Cada semana, dedican a ellas una media de 13,4 horas, lo que equivale a cerca de un mes completo al año frente a la pantalla.

La cifra, por sí sola, no dice si ese tiempo conecta o desgasta. Pero cuando se cruza con indicadores de estrés, ansiedad o soledad, el relato digital se vuelve más complejo.

Así lo refleja el Digital Welbeing Report España 2025, elaborado por la plataforma de psicología online Unobravo a partir de una encuesta a más de 1.500 adultos en todo el país.

El estudio analiza cómo los hábitos digitales influyen en el bienestar emocional, la autoestima y las relaciones personales, y apunta a una conclusión clara: el impacto psicológico de las redes sociales no es homogéneo y afecta con mayor intensidad a los usuarios más jóvenes y activos.

Los datos muestran una brecha generacional significativa. Entre los jóvenes de 25 a 34 años, el 39% afirma que las redes sociales afectan negativamente a su salud mental, y el mismo porcentaje reconoce que incrementan su ansiedad o estrés.

En el grupo de 18 a 24 años, las cifras son similares: un 37% percibe un impacto negativo en su bienestar psicológico. A partir de los 35 años, estos porcentajes descienden progresivamente, hasta situarse en solo un 15% entre las personas de 55 a 64 años.

Esta diferencia está estrechamente relacionada con el tiempo de uso. Los jóvenes de entre 18 y 24 años son los más activos, con una media de 20,9 horas semanales en redes sociales, frente a las 7,7 horas de los mayores de 65 años. Cuanto más tiempo conectado, mayor parece ser el coste emocional.

Conexión permanente

Uno de los factores clave es la comparación social. El 41% de los jóvenes adultos admite compararse con otras personas en redes sociales, y el 36% reconoce que esta comparación ha afectado negativamente a su autoestima o a su imagen corporal.

Además, el 35% de los españoles de entre 18 y 34 años siente presión por mostrar una versión "perfecta" de sí mismo, aunque no se corresponda con la realidad. Para casi un tercio, la identidad digital y la personal ya no coinciden, una disonancia que puede generar fatiga emocional y dependencia de la validación externa.

De forma paradójica, plataformas diseñadas para conectar pueden intensificar la sensación de aislamiento. El 34% de los usuarios más activos afirma sentirse más solo después de usar redes sociales, y uno de cada tres reconoce haber tenido conflictos personales derivados de su uso.

El 41 % de los jóvenes adultos admite compararse con otras personas en redes sociales.

El 41 % de los jóvenes adultos admite compararse con otras personas en redes sociales. Istock

Pese a ello, también hay señales de conciencia creciente. Casi la mitad de los encuestados (49%) asegura que tomarse un descanso de las redes mejora su bienestar mental, lo que refuerza la idea de que establecer límites —el llamado detox digital— puede ayudar a reducir el estrés y recuperar el equilibrio.

Las redes también forman parte del ámbito laboral y académico. El 62% de los españoles reconoce utilizarlas por motivos personales durante la jornada de trabajo o estudio. En promedio, esto supone 12,9 minutos diarios, el equivalente a casi siete días laborales al año de distracción digital.

Los niveles más altos se registran en sectores como Administración y Negocios, Salud y Servicios Sociales y Marketing y Publicidad. Los estudiantes, por su parte, dedican casi media hora diaria a redes sociales durante su tiempo de estudio.

Para todos los públicos

El consumo varía también según la plataforma. YouTube, Instagram y TikTok concentran la mayor parte del tiempo de uso, especialmente entre los más jóvenes, que llegan a dedicar más de cinco horas semanales a TikTok.

Facebook mantiene una presencia relevante en los grupos de mayor edad, mientras que redes como LinkedIn, Pinterest o X tienen un uso más limitado.

Las diferencias geográficas aportan otro matiz. Granada, Málaga y Madrid encabezan el ranking de ciudades con mayor uso de redes sociales, con hasta 15,9 horas semanales. En el extremo opuesto, se sitúan Pamplona, Zaragoza o Valladolid, con entre 9 y 12 horas semanales.

A este escenario se suma la preocupación por la desinformación. El 58% de los españoles expresa inquietud por la proliferación de noticias falsas en redes sociales, y el 53% afirma que esta exposición ha debilitado su confianza en otras personas o en las instituciones.

Las áreas más señaladas como fuentes de contenido engañoso son las noticias políticas, los consejos financieros y la información relacionada con la salud y el bienestar.

Hábitos saludables

Ante este panorama, el informe subraya que el bienestar digital no depende únicamente de las plataformas, aunque más de la mitad de los españoles considera que estas deberían asumir un mayor compromiso con la salud mental de los usuarios.

Según Francisco Rivera, psicólogo y director clínico de Unobravo, también es posible adoptar hábitos individuales que reduzcan el impacto emocional del entorno digital.

"Las redes sociales pueden conectar, inspirar e informar cuando se usan de forma equilibrada. Pero sin límites claros, también pueden generar saturación emocional o cognitiva", explica. Por ese motivo, a partir de la evidencia científica y de la práctica clínica, el especialista destaca varias estrategias clave.

La primera es establecer límites claros de tiempo. El uso prolongado y sin control favorece el agotamiento mental y la ansiedad. De hecho, diversos estudios muestran que mantener el tiempo en redes por debajo de los 30 minutos diarios puede mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés percibido.

En ese sentido, herramientas como los temporizadores de pantalla o la desactivación de notificaciones no esenciales ayudan a recuperar el control.

Otra recomendación es proteger los momentos de descanso, especialmente antes de dormir. Evitar el móvil en la última hora del día favorece un sueño más reparador y reduce la sobreestimulación cognitiva asociada al consumo constante de contenido.

Rivera Rufete también subraya la importancia de cuidar el contenido que se consume. El feed no es neutro: seguir cuentas que informen con rigor, inspiren o aporten bienestar puede transformar la experiencia digital y reducir la exposición a mensajes negativos o comparativos.

Una cuarta clave es usar las redes para conectar, no para competir. Recordar que la mayoría de publicaciones muestran versiones editadas o idealizadas de la realidad ayuda a relativizar la comparación social. La interacción genuina —conversar o compartir experiencias reales— refuerza el sentido de conexión y reduce la sensación de soledad.

Por último, el psicólogo recuerda que buscar apoyo profesional es una opción legítima cuando el uso de las redes afecta al estado de ánimo, la autoestima o las relaciones personales. Pues, no se trata de eliminar la tecnología, sino de aprender a convivir con ella de forma consciente.

Y es que si algo deja claro el informe es que las redes sociales no son ajenas: amplifican emociones, moldean percepciones y, en muchos casos, influyen directamente en la salud mental. Por ese motivo, el estudio concluye que la clave no está tanto en cuántas redes se usan, sino en cómo —y cuánto— se integran en la vida cotidiana.