Ilustración que representa las energías limpias y la tecnología.

Ilustración que representa las energías limpias y la tecnología. Istock

Historias

¿La IA ayuda a 'compensar' su propia huella de carbono? Así se acerca el sueño de la fusión nuclear limpia en Europa

Es una de las grandes preocupaciones de la industria, pero el uso de esta tecnología puede favorecer la llegada de energías aún más limpias.

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El 2026 empezaba con la plataforma EKO, que integra a activistas climáticos de todo el globo, lanzando una campaña para exigir a gigantes como Microsoft y Google un uso responsable de la inteligencia artificial.

Señalaban como las emisiones de CO₂ de ambas tecnológicas han aumentado respectivamente un 30% y un 48% desde 2020 por los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial.

Pero ojo: no era un manifiesto "tecnófobo" ni contrario al uso de la IA. En la petición para la que recogían firmas, los activistas de EKO apuntaban que esta tecnología "tiene el potencial de ayudarnos a ser más sostenibles".

Los portavoces indicaban que "puede ayudarnos a predecir cuánta energía renovable obtendremos del sol y del viento y cómo optimizar nuestras redes eléctricas". Y, al mismo tiempo, podría colaborar en el diseño de turbinas eólicas y aviones más ligeros y, por tanto, que consuman "menos energía".

¿Es posible una inteligencia artificial al servicio de las energías limpias y que reduzca emisiones de gases efecto invernaderos en lugar de aumentarlas? Bueno, en realidad, ya está pasando y en Europa tenemos un ejemplo espectacular, que acerca el sueño de la fusión nuclear limpia.

El Proyecto ITER

En Cadarache, ubicado en el sur de Francia, se sitúa el Proyecto ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor, Reactor Termonuclear Experimental Internacional, por sus siglas en inglés), gestionado por la Comunidad Europea de Energía Atómica (Euratom), dependiente de la UE.

Es la mayor instalación de investigación en fusión nuclear del mundo y busca demostrar la viabilidad de esta energía limpia y teóricamente ilimitada.

Uno de sus componentes más críticos es la vasija de vacío, un gigantesco recipiente metálico diseñado para contener el plasma a temperaturas extremas y garantizar el aislamiento necesario para los experimentos de fusión.

Y es que los módulos metálicos que la componen deben ensamblarse con precisión milimétrica y soldarse en condiciones muy controladas.

Ahí es donde entra la inteligencia artificial, que capaz de procesar los datos de medición necesarios con una precisión muy elevada, lo que ha permitido reducir los tiempos de trabajo de una semana a apenas unos minutos.

Además, esta herramienta también reduce de forma significativa los recursos necesarios para el proceso, contribuyendo a disminuir el impacto ambiental y acelerar el desarrollo del proyecto.

Mejora de baterías y centrales

"Aunque el ITER es un proyecto a largo plazo, sus avances ya están beneficiando a la industria energética en ámbitos más inmediatos", explica Carlos Capdevila, Investigador Científico y Subdirector del Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM-CSIC).

E identifica algunos como "nuevos materiales resistentes para hidrógeno y altas temperaturas, superconductividad para redes eléctricas más eficientes, robótica para mantenimiento remoto, sistemas avanzados de control y seguridad, y soluciones para almacenamiento térmico y criogénico".

Estos avances, auspiciados por el uso de la inteligencia artificial especializada que utilizan los investigadores del mismo, no tienen nada que ver con los chatbots a los que estamos acostumbrados.

Parque eólico costero.

Parque eólico costero. Istock

De hecho, Capdevila asegura que "ya están mejorando las energías limpias, optimizando la producción y conducción de hidrógeno como vector energético", además de "en la producción de energía eléctrica por medio de centrales termosolares, y la fabricación de baterías térmicas y sistemas híbridos PV-termosolar".

Por eso, el investigador español se muestra optimista con estas aplicaciones y cree que superan ampliamente los problemas por las emisiones. Tampoco cree que pongan en peligro los puestos de trabajo, e incluso señala que es necesario "invertir de forma continuada en personal especializado, infraestructura de datos, sensorización avanzada y ciberseguridad".

Y es que para el experto "la principal brecha en España y Europa no es tecnológica, sino cultural y organizativa: falta talento híbrido, persisten niveles desiguales de digitalización en la cadena industrial y muchos proyectos siguen quedándose en fase piloto".

Prevenir apagones

"Las ventajas de la IA para la industria energética son indudables y ya se están explotando a día de hoy", añade Cefe López Fernández, investigador en el Instituto de Ciencia de los Materiales de Madrid (ICMM-CSIC).

Tanto es así que considera que su principal aplicación será utilizarla, tras un entrenamiento con los datos adecuados, "para gestionar las fluctuaciones de la red eléctrica".

"El problema más grande de la industria energética hoy en día no es la generación de la energía, porque en países como el nuestro, por ejemplo, tenemos energía solar, eólica y de otras naturalezas sostenibles de sobra", explica. "El problema de esta clase de suministro es que no es constante".

Por ese motivo, para prevenir apagones como el que vivimos en España en abril de 2025, López cree que puede aplicarse la IA para "optimizar la captación de energía, y también prever esas fluctuaciones y mitigarlas con tiempo suficiente".

El gasto energético del propio entrenamiento sería alto, pero "muy poco si lo comparas con el consumo energético de todo un país".

Además, por contraste con los modelos de lenguaje que usa la gente desde sus móviles y que lo mismo se equivocan con los meses del año, en este caso "no necesitas que tenga respuestas para todas las preguntas que se te puedan ocurrir, solo para una tarea. Por tanto, su entrenamiento puede y debe ser más limitado".

En ese sentido, López añade que estamos "en los albores del desarrollo de esta tecnología". Pues, dice que "los ordenadores hace años consumían diez veces más que hoy. Un teléfono con una batería que recargas con un enchufe tiene el poder de computación que tenía hace 30 o 40 años un ordenador que gastaba kilovatios y kilovatios".

"Lo que consume un cerebro humano es el equivalente a una bombilla pequeña. Y un cerebro humano ha creado la Capilla Sixtina y ha desvelado las Leyes de Gravitación Universal. Eso tiene que poder ser replicado tecnológicamente", concluye.