Un camión de reciclaje recogiendo el contenedor de vidrio.

Un camión de reciclaje recogiendo el contenedor de vidrio. Ecovidrio

Historias

Beatriz Egido (Ecovidrio) sobre la tasa de basuras: "Si dejas de reciclar corres el riesgo de que aumenten los costes"

La dircom explica a ENCLAVE ODS en qué consiste este nuevo impuesto, por qué se aplica ahora y cómo el reciclaje puede evitar que aumente.

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La tasa de basuras ha llegado a los buzones —y a las cuentas bancarias— sin manual de instrucciones. Para muchos ciudadanos, el recibo ha sido un golpe inesperado, pues se trata de una nueva cantidad a pagar en un marco con poco contexto y muchas dudas.

¿Es un impuesto nuevo? ¿Por qué ahora? ¿Sirve de algo reciclar si la tasa es fija? Detrás de esa sensación de desconcierto hay un cambio en la forma de financiar la gestión de residuos en España, impulsado por una exigencia legal, así como por los objetivos ambientales europeos.

En este sentido, Beatriz Egido, directora de Comunicación de Ecovidrio, pone orden en el debate y lanza un mensaje claro: "No es una tasa porque sí, responde a una obligación legal".

El origen de la tasa está en la Ley de Residuos y Suelos Contaminados, aprobada en 2022. Según explica Egido, la norma introduce un principio clave basado en que "tiene que existir una tasa que sea capaz de asumir el 100% de los costes de gestión de la basura", dado que, hasta la fecha, algunos ayuntamientos lo incluían en el IBI y otros recurrían a partidas presupuestarias generales. 

Reciclar: ¿sí o no?

Una de las grandes preguntas es si reciclar sirve realmente para pagar menos. En teoría, debería. En la práctica, el sistema aún no ha llegado a ese punto.

En el caso del vidrio, Egido aclara que todo el coste del contenedor verde, es decir, el ponerlo, transportarlo y llevarlo a las plantas de reciclaje, "no lo pagan los ciudadanos ni sus impuestos".

Ese gasto, dice, lo asumen las empresas envasadoras de productos de alimentación y bebidas de vidrio, que están obligadas por ley a hacerse cargo de sus residuos a través de sistemas como Ecovidrio.

Contenedor verde de vidrio.

Contenedor verde de vidrio. Ecovidrio

El problema aparece cuando los residuos que podrían reciclarse acaban en la fracción resto. "Si no se recicla, echamos cosas que tendrían que ir al contenedor verde en la basura común", explica. Y esa bolsa "crece, crece y crece". A mayor volumen, mayores costes para el ayuntamiento: más transporte, más tratamiento y más vertedero.

Por eso, desde Ecovidrio existe preocupación ante ciertas reacciones ciudadanas. "Estamos recibiendo mensajes que dicen que antes reciclaba, pero que va a dejar de hacerlo, porque para eso pagan la tasa", reconoce Egido.

Y aunque subraya que no es un comportamiento generalizado, advierte del riesgo: "No es que le afecte al vidrio, es que le afecta al planeta". Y, además, puede tener un efecto económico adverso, porque si aumenta la fracción resto, los costes municipales suben y la tasa podría incrementarse.

Todos a una

La justicia del sistema es otro de los grandes puntos de fricción. ¿Es justo que paguen lo mismo quienes reciclan y quienes no?

Para Egido, la repuesta pasa por el desarrollo del modelo: "La evolución natural de esta tasa tendría que ser que donde se recicla más se pudiera bajar". Y así, dice, se crearía un incentivo real.

Hoy, sin embargo, la tasa es absolutamente heterogénea. "Depende del municipio", afirma. En ciudades como Madrid se tienen en cuenta variables como el valor catastral del inmueble, la estimación de residuos generados por habitante y año en cada zona y el nivel de separación y reciclaje.

Referente (a medias)

En cuanto a si la infraestructura está preparada para exigir más al ciudadano, Egido se muestra clara en el caso del vidrio: "En España es óptima". Pues, con un contenedor por cada 200 habitantes, vivimos en el país "más contenerizado de Europa".

Aun así, hay zonas con dificultades específicas —cascos históricos o áreas protegidas— donde se recurre a soluciones alternativas como contenedores móviles o recogida puerta a puerta.

Por otro lado, para que la tasa deje de percibirse como un impuesto más, Egido insiste en un elemento clave: la explicación. Porque, de no ser así, admite que "cuando nos llega el recibo y vemos 'tasa de basuras: 200 euros', nos quedamos en blanco".

A su juicio, los ayuntamientos deben hacer un ejercicio de transparencia. Considera que "hay que explicar a qué responde esta tasa, para qué sirve y qué pasa si dejamos de reciclar".

De hecho, ya hay algunos municipios que avanzan en esta dirección, como es el caso de Pinto, que ha habilitado puntos de información presencial, y Barcelona, donde la tasa lleva años implantada y cuenta con información pública clara y canales específicos de atención al ciudadano.

En cualquier caso, el horizonte europeo apunta a sistemas más avanzados, como el pago por generación, en el que cada ciudadano paga en función de la basura que produce. Pero, como recuerda Egido, "eso requiere identificar a cada persona cada vez que tira la basura", algo complejo en grandes ciudades y todavía difícil de aceptar socialmente.