Los glaciares transportan sedimentos desde la Antártida hasta la costa.

Los glaciares transportan sedimentos desde la Antártida hasta la costa. Kate Winter

Historias

Las montañas ocultas de la Antártida, el nuevo aliado para combatir las emisiones de dióxido de carbono

El retroceso del hielo expone rocas ricas en hierro que, a largo plazo, podrían potenciar el papel del océano austral como sumidero natural de carbono.

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Mariana Goya
Publicada

Las montañas de la Antártida Oriental podrían desempeñar un papel relevante en la absorción de dióxido de carbono atmosférico a largo plazo, a medida que el adelgazamiento de las capas de hielo expone nuevas superficies rocosas ricas en hierro.

Esta es la principal conclusión de un estudio internacional liderado por científicos de la Universidad de Northumbria, en Reino Unido. El ensayo sugiere que los procesos naturales asociados al retroceso del hielo podrían reforzar, con un desfase temporal de miles de años, la función del océano austral como sumidero de carbono.

La investigación, publicada en Nature Communications, indica que el hierro liberado por la meteorización de montañas recientemente expuestas puede estimular el crecimiento del fitoplancton marino, organismos microscópicos que absorben CO₂ mediante la fotosíntesis.

Aunque los efectos no serían inmediatos, los autores señalan que este mecanismo podría contribuir de forma acumulativa a la regulación del carbono atmosférico en escalas de tiempo geológicas, especialmente si el calentamiento global continúa favoreciendo la exposición de nuevos picos montañosos en el continente antártico.

El estudio se centra en las montañas Sør Rondane, en la Antártida Oriental, donde un equipo multidisciplinar de científicos analizó sedimentos procedentes de nunataks, los picos que sobresalen del hielo.

Y, ahora, los resultados revelan que estas rocas meteorizadas contienen concentraciones de hierro hasta diez veces superiores a las registradas previamente en otras zonas del continente.

La Estación de Investigación Antártica Princesa Isabel está convenientemente ubicada junto a las montañas del borde costero en la Antártida Oriental.

La Estación de Investigación Antártica Princesa Isabel está convenientemente ubicada junto a las montañas del borde costero en la Antártida Oriental. Kate Winter

Además, los sedimentos de los nunataks presentaban más del triple de hierro extraíble en comparación con los sedimentos que ya estaban siendo transportados por los glaciares.

Montañas ocultas

El hierro es un nutriente esencial para el fitoplancton, y su disponibilidad limita en gran medida la productividad biológica del océano austral. Cuando este nutriente llega al océano, favorece floraciones de fitoplancton que incrementan la captación de CO₂ desde la atmósfera.

Según el estudio, el transporte de este hierro se produce a través del movimiento glaciar y, de forma más amplia, mediante icebergs que liberan sedimentos ricos en nutrientes a lo largo de extensas áreas oceánicas.

Algunas de las muestras analizadas mostraban signos visibles de oxidación y concentraciones especialmente elevadas de hierro, lo que apunta a la importancia de los procesos de meteorización en superficies rocosas expuestas.

En ese sentido, Kate Winter, profesora asociada de la Facultad de Geografía y Ciencias Naturales de la Universidad de Northumbria y autora principal del estudio, explica que el lecho rocoso expuesto en la Antártida "actúa como una fábrica de hierro".

Aunque las temperaturas del aire rara vez superan los 0 °C, la radiación solar puede calentar las superficies rocosas oscuras por encima de los 20 °C durante el verano austral, creando condiciones favorables para la alteración química de la roca y la formación de compuestos de hierro biodisponibles.

Nuevos descubrimientos

Las observaciones por satélite respaldan estos hallazgos. En las aguas costeras cercanas a los desagües glaciares de la región estudiada se han detectado floraciones recurrentes de fitoplancton, lo que demuestra la relevancia biológica de este sistema natural de aporte de hierro y su contribución al papel del océano Antártico como uno de los principales sumideros de carbono del planeta.

No obstante, los investigadores subrayan que se trata de un proceso lento. Pues, a partir de modelos de flujo de hielo, el equipo calculó que los sedimentos ricos en hierro acumulados actualmente en las montañas tardarán entre 10.000 y 100.000 años en alcanzar la costa mediante el transporte glaciar.

De hecho, Sian Henley, científica marina de la Universidad de Edimburgo y coautora del estudio, señala que, aunque los sedimentos analizados hoy tardarán milenios en llegar al océano, los registros del fondo marino muestran que este tipo de material ha sido transportado de forma continuada durante largos periodos. Esto permite anticipar cambios futuros conforme se adelgacen los glaciares.

El estudio, además, identifica varios factores que podrían incrementar el suministro de hierro al océano Austral en un contexto de aumento de temperaturas.

Entre ellos, la aparición de más picos montañosos, un mayor desprendimiento de material en laderas rocosas, una meteorización más intensa o la dispersión de sedimentos ricos en hierro a través de icebergs.