El vicepresidente de EEUU,  JD Vance, durante su visita a Groenlandia en 2025.

El vicepresidente de EEUU, JD Vance, durante su visita a Groenlandia en 2025. Jim Watson Reuters

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Qué se fabrica con los minerales críticos que EEUU quiere de Groenlandia: "Las tierras raras son el petróleo del futuro"

Los recursos minerales que esconde el subsuelo de la isla danesa son clave para fabricar productos indispensables para la vida moderna.

Más información: Tierras raras o petróleo en el Ártico: los motivos de la obsesión de Trump por una Groenlandia rica en recursos

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El presidente de Estados Unidos está obsesionado con controlar Groenlandia. Su relato no es nuevo: ya el pasado año amenazaba a la isla dependiente de Dinamarca con una adhesión. Y el motivo no es otro que la guerra tecnológica que está intentando librar con China, principal productor y exportador de materiales críticos.

Estos recursos naturales, que se encuentran en el subsuelo groenlandés, "van a marcar la pauta del desarrollo tecnológico en el futuro", explica a ENCLAVE ODS Adolfo Maestro González, investigador científico del Departamento de Geología y Subsuelo del Instituto Geológico y Minero (IGME) del CSIC.

Pero no sólo eso. El experto del Centro Superior de Investigaciones Científicas matiza que también son clave para la transición energética que "se pretende hacer para cumplir con el Acuerdo de París, reducir las emisiones de dióxido de carbono y minimizar el impacto del cambio climático, que ya se ha hecho patente en las condiciones atmosféricas que vivimos en España".

No es de extrañar, por tanto, que las materias primas esenciales para el futuro de la digitalización y de la descarbonización sean el nuevo petróleo que marque las luchas de poder mundiales.

Groenlandia, en estos momentos, se encuentra en el centro del tablero. Y eso que, como indica Maestro, "ahora mismo no tiene unas condiciones óptimas" para que sus yacimientos sean explotados. Pues "un casquete de denso hielo cubre el 80% de la extensión de la isla".

Sin embargo, como ya explicó ENCLAVE ODS, la Comisión Europea ha certificado la presencia de cinco de las 34 materias primas críticas clave para la Unión.

En su subsuelo se encuentra, además, alrededor del 10% de las reservas mundiales sin explotar de tierras raras. Aunque, alertan los expertos consultados por este vertical, no necesariamente su explotación es rentable ni viable.

Ni tierras ni raras

Pero ¿qué son estas tierras raras que tanto atraen al presidente Donald Trump y a su Ejecutivo? La definición de la Comisión Europea es clara: se trata de un grupo de 17 elementos químicos que se utilizan en diversas aplicaciones de alta tecnología, incluyendo smartphones, turbinas eólicas, resonancias magnéticas, discos duros y vehículos eléctricos.

En concreto, en su lista oficial de Materias Primas Críticas actualizada en 2023, la Comisión las categoriza en dos grupos diferenciados: tierras raras ligeras (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio y gadolinio) y pesadas (escandio, itrio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio).

El nombre que se le da a estos elementos químicos es un tanto paradójico, pues ni son tierras ni son tan difíciles de encontrar en la corteza terrestre. El cerio, por ejemplo, es más común que el cobre.

Lo que sí sucede es que es extremadamente inusual encontrarlos en forma pura o en concentraciones económicamente explotables. Por eso, precisamente, "las tierras raras van a ser el petróleo del futuro", señala Maestro.

Para qué sirven

Los usos de las tierras raras son múltiples y, sobre todo, esenciales para crear chips electrónicos y otras piezas clave de la tecnología que ha invadido este mundo que ya no es analógico.

"Algunos de los elementos que las conforman son básicos para el desarrollo de células fotovoltaicas o de aerogeneradores eólicos, que van a marcar toda esa transición energética global en el futuro", indica Maestro.

Smartphones, relojes inteligentes, ordenadores (portátiles y de sobremesa), tablets, libros electrónicos, videoconsolas o, incluso, vehículos eléctricos. Todos ellos necesitan uno o varios de los químicos que componen las tierras raras.

"Incluso los coches convencionales lo hacen, pues ahora cuentan con muchos componentes electrónicos que necesitan tierras raras", matiza Maestro. Y recuerda que la mecánica clásica de los vehículos tradicionales ya no existe, sino que "están todos controlados por procesos electrónicos".

Por tanto, lo electrónico es sinónimo de tierra rara. Pero también lo es de litio —otra materia prima crítica presente en Groenlandia—.

"Desde el punto de vista tecnológico, el litio es fundamental para la elaboración de baterías tanto para coches eléctricos como para móviles u ordenadores portátiles", recuerda Maestro.

El Nostradamus chino

Sin duda, el presente y el futuro del desarrollo tecnológico depende de las tierras raras y otros minerales críticos como el litio, el grafito, el cobalto o el cobre. Todos ellos indispensables para fabricar una u otra parte de los productos electrónicos actuales.

En este juego de tronos digital, como indica Maestro, "China tiene una visión de futuro mucho más avanzada que el resto de países".

El científico apunta a que "llevan muchos años explotando sus tierras raras y también exportando de otros países, fundamentalmente africanos, asiáticos y sudamericanos". Por eso, ahora mismo, es "una potencia" en este recurso natural crítico.

'Jugar' a la guerra

Ahora, "Estados Unidos se ha dado cuenta de esa situación puntera de China e intenta ponerse, por lo menos, en igualdad de condiciones", indica el experto del CSIC. Algo, eso sí, sumamente complejo.

De hecho, más allá de sus ansias anexionistas para con Groenlandia, el presidente Donald Trump ya ha jugado a la guerra en un intento de debilitar la primacía china en esta nueva carrera tecnológica.

"Una de las negociaciones que ha tenido con Zelenski para seguir colaborando en la defensa de Ucrania es que todas las explotaciones de tierras raras del país sean cedidas o de alguna manera puedan ser aprovechadas por Estados Unidos", concluye Maestro.