Fotografía microscópica de un 'oso de agua'.

Fotografía microscópica de un 'oso de agua'. Miyako Nakamura iStock

Historias

No muere de sed, ni de frío, pero sí tiene una debilidad: este es el animal casi indestructible que habita la Tierra

La simpática apariencia de este ser vivo milimétrico esconde una capacidad de resiliencia y supervivencia sin igual.

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Raquel Nogueira
Publicada

Invertebrado, simétrico, microscópico… y casi inmortal. Así son los tardígrados o, como se les conoce comúnmente, los osos de agua. Aunque tal vez habría que llamarlos ositos, ya que su tamaño rara vez pasa del milímetro y medio.

Este animal, que puede llegar a medir 0,05 milímetros de longitud, es, como su propio nombre indica, extremadamente lento; y precisamente fue su paso lento lo que hizo que Lazzaro Spallanzani acuñase su nombre allá en el siglo XVIII.

Pero lo más sorprendente de estos bichillos son sus mecanismos de supervivencia extrema. Y es que los osos de agua son capaces de sobrevivir tanto al frío extremo —como cuando los termómetros marcan -273 °C— hasta su contrapunto con 150 °C.

También pueden vivir en presiones de hasta 6.000 atmósferas, es decir, seis veces superiores a las encontradas en las fosas oceánicas más profundas.

Asimismo, sus cuerpecitos resisten niveles de radiación mil veces superiores a los letales para el ser humano. Incluso se ha registrado su supervivencia en el espacio exterior durante experimentos de 12 días.

A todo esto se le suma la capacidad que tienen los tardígrados de resistir la falta de agua sin llegar a deshidratarse: pueden llegar a vivir 30 años sin líquidos y, en ciertas ocasiones, hasta 100 años en estado de latencia.

Suspensión temporal

Cualquiera podría pensar que son seres cuasi mitológicos. Pero nada más lejos de la realidad.

Un estudio estadounidense publicado en la revista científica PLOS One asegura que la clave de los superpoderes de los osos de agua se encuentra en su composición molecular.

En concreto, la investigación, liderada por Derrick R. J. Kolling, de la Universidad Marshall, y Leslie M. Hicks, de la Universidad de Carolina del Norte, explica que este estado de resistencia extrema se trata de una señalización molecular basada en la oxidación reversible de cisteína.

Lo que descubrieron estos científicos es que los tardígrados entran en un estado de dormancia (llamado tun) en el que su ciclo biológico se suspende temporalmente. Y lo consiguen gracias a la oxidación reversible del aminoácido cisteína.

Tardígrado visto bajo el microscopio óptico.

Tardígrado visto bajo el microscopio óptico. Frank Fox Wikimedia Commons

Cuando estos animales se exponen a agentes nocivos como el peróxido de hidrógeno, las altas concentraciones de sal o azúcar, o las bajas temperaturas, se genera una señal molecular basada en la oxidación de cisteína.

Esto induce la formación rápida del tun, por lo que su metabolismo se reduce casi a cero. Y así este proceso provoca que el animal sea extremadamente resistente.

Adiós resistencia

Cuando el entorno de estos ositos de agua recupera sus condiciones favorables para la vida, se desencadena una señal sobre la cisteína del animal, que se reduce hasta que despierta de su letargo. Es decir, se reanuda su actividad normal.

Eso sí, el experimento de Kolling y Hick demuestra que los tardígrados no son inmortales: si se bloquea la oxidación reversible de la cisteína —a través de agentes específicos—, estos animales pierden la capacidad de formar tuns. Y, por ende, su resistencia extrema se desvanece.