Carsten Moser
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Hace muy poco Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), y Ramón Jáuregui, presidente de la Fundación Euroamérica, dialogaron sobre la crisis de la democracia en América Latina sin precedentes.

Entre sus causas enumeraron un 50% de empleo informal, una muy baja productividad, las grandes desigualdades entre ricos y pobres, la violencia e inseguridad ciudadana, con una tasa de asesinatos por encima de 20 personas por cada 100.000 habitantes, la corrupción de sus instituciones, los grandes movimientos migratorios, el intervencionismo de Estados Unidos en la región y unos Estados débiles por la falta de cultura democrática.

Enfocando este último problema con más detalle, solo si Iberoamérica lograra progresar en el esfuerzo de potenciar sus instituciones, defender la libertad, la igualdad y los derechos humanos, así como fomentar la participación ciudadana activa, lograría a la larga contrarrestar las tendencias populistas y extremistas que se niegan a aceptar que la "democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado", como proclamó en su día el primer ministro británico Winston Churchill.

Con esto en mente, propongo un decálogo de medidas fáciles de enumerar, difíciles de implantar, pero imprescindibles para fomentar la cultura democrática:

  1. Potenciar los partidos políticos: existe una eminente falta de formaciones políticas con arraigo en la mayoría de los países iberoamericanos. Hay excepciones: México, Uruguay, Chile, Colombia, Costa Rica… Pero la regla general sigue siendo que en las elecciones generales se enfrentan políticos carismáticos y populares con poca identificación como representantes de un partido con una tradición e historia. Sirva como ejemplo el caso de Jair Bolsonaro, que antes de su victoria electoral en las presidenciales de 2018 en Brasil se afilió al Partido Social Liberal (PSL), a esas alturas el noveno partido político de su carrera desde que fue elegido por primera vez a un cargo público en 1989. O el de las elecciones generales en Perú del 12 de abril, con 35 candidatos en la primera vuelta. En este contexto cabe mencionar la importancia de las fundaciones de partidos políticos alemanas como la Konrad-Adenauer o la Friedrich-Ebert-Stiftung, que apoyan a las organizaciones afines en los diferentes países en los cuales operan formando a cuadros intermedios, desarrollando estructuras organizativas y promoviendo contactos internacionales. También los partidos políticos de otros países europeos se involucran en esta causa.
  2. Garantizar unas elecciones generales transparentes y libres de fraude: el desarrollo de los comicios tiene como principal problema superar la complicada geografía de muchos países iberoamericanos. No obstante, hay avances tecnológicos que ayudan a implementar procesos electorales con cuotas de fallos decrecientes. También la invitación de los observadores internacionales ayuda a añadir credibilidad a sus resultados.
  3. Frenar la corrupción: aunque los gobiernos y parlamentos incorruptos no existen en ninguna parte del mundo, pocos escándalos de soborno han sido tan llamativos como el de la constructora brasileña Odebrecht, que involucró a políticos y empresarios en doce países de la región. Petrobras en Brasil y Pemex en México también estuvieron en el centro de las polémicas. Aunque el problema seguirá existiendo si fracasan una prensa libre en su intento de investigar casos turbios y un sistema judicial en su intento de imponer el imperio de la ley.
  4. Vigilar la estricta división de poderes entre el ejecutivo, legislativo y judicial: cuando el equilibrio de pesos y contrapesos no existe, los abusos de poder se agravan. Antes de organizar una conferencia, la Fundación Euroamérica, constituida en 1999, solía preguntar al gobierno de turno iberoamericano qué temas eran de su máximo interés. Uno de los más demandados era cómo reformar el sistema judicial. En los últimos años, este tema ya no cotiza.
  5. Fortalecer la seguridad jurídica: no solo por razones internas, también para atraer inversiones extranjeras que apoyen el crecimiento de cada país. A las empresas europeas que acompañan a la Fundación Euroamérica a una conferencia al otro lado del Atlántico les interesa siempre más la regulación existente en el país, es decir, el conjunto de normas, reglas o principios que ordenan, controlan y supervisan las actividades económicas y sociales. También un régimen fiscal y un sistema laboral transparentes. Porque sin un marco que garantice la libre competencia y asegure la operatividad eficiente de los mercados, es difícil convencer a empresas extranjeras que destinen dinero, tecnología y recursos humanos a ese país, también por tener la alternativa de hacerlo en otros.
  6. Invertir en educación (I): solo una apuesta decisiva por el desarrollo del capital humano en cada país iberoamericano hará que progrese en lo económico, social y político, consolidando la democracia. En 2012 publiqué un artículo en Cinco Días sobre la importancia de promocionar la excelencia en el sistema educativo, que pienso sigue teniendo actualidad. Resumo en partes su contenido: en la Enseñanza Primaria es imprescindible asentar en las edades tempranas valores tradicionales como los siguientes: excelencia, esfuerzo, respeto, justicia, transparencia, humildad, integridad, diálogo, solidaridad, etc. También enseñar que no hay que tenerle miedo al fracaso, al riesgo y a lo diferente.
  7. Invertir en educación (II): en la Enseñanza Secundaria es importante promover las virtudes de la sociedad del conocimiento, de la revolución tecnológica y de las nuevas plataformas de comunicación, los procesos de trabajo en equipo y la internacionalización aprendiendo idiomas, saliendo al extranjero y abriéndose a nuevas culturas.
  8. Invertir en educación (III): la Formación Profesional (FP) sigue siendo la gran desconocida en América Latina. Y cuando se practica, se basa en mucha teoría y poca práctica. El sistema dual de Alemania y Austria, con un 50% de teoría y el otro 50% de formación en empresas, se está abriendo paso en otros países europeos como España, donde hasta hace poco persistía la percepción de que una carrera universitaria aporta un mayor prestigio social, como en Iberoamérica. Las autoridades, los empresarios, sindicatos y medios de comunicación deberían cooperar para que esto cambie, teniendo en cuenta que la aportación de los y las jóvenes con FP al desarrollo de una economía es tan importante como cualquier otro graduado.
  9. Invertir en educación (IV): las universidades se encuentran en general con cuatro problemas. Primero, un exceso de nuevos centros que no llegan a los niveles de calidad requeridos internacionalmente. Segundo, un déficit en el intercambio internacional de profesores y alumnos, así como en el desarrollo de proyectos comunes. Tercero, poca voluntad de especialización por parte de cada centro, por seguir con la idea de una oferta universal. Y cuarto, insuficiente cooperación entre la universidad y la empresa.
  10. Invertir en educación (V): una oferta de formación continua es más necesaria que nunca teniendo en cuenta que, en un mundo en el cual los avances tecnológicos van a velocidad de vértigo, el profesional que crea que con un título universitario o de FP ha terminado su formación no tendrá futuro.
Ilustración creada por Cristina Lamara para la OEI.

Ilustración creada por Cristina Lamara para la OEI.

La conclusión es que para mejorar la cultura democrática en Iberoamérica será necesario un liderazgo político que ponga en marcha reformas para consolidar sus instituciones, e invierta más y mejor en educación. En este proceso, el protagonismo de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) es imprescindible.

*** Carsten Moser es vicepresidente de la Fundación Euroamérica.