José Gutiérrez, mecánico de Fast Motor Garaje ubicado en Albacete.

José Gutiérrez, mecánico de Fast Motor Garaje ubicado en Albacete. Cedida

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José, mecánico: "El catalizador del coche te lo roban en segundos, pero podemos hacer que les cueste un poquito más"

Los ladrones pueden dañar cables, sondas y sensores durante la sustracción, mientras que instalar un protector en el vehículo puede dificultar el hurto.

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"Me han robado el catalizador". Cada vez que este mensaje aparece en un grupo vecinal, suele venir acompañado de una imagen de los bajos del coche y de un problema inesperado: una reparación que puede costar cientos o miles de euros.

Los ladrones necesitan apenas unos minutos para llevarse esta pieza del sistema de escape, cuyo valor reside en los metales preciosos que contiene. El resultado para el propietario es el mismo: un coche que sigue aparcado, pero que no puede circular con normalidad.

No es un caso aislado ni una moda pasajera. En noviembre de 2024, la Guardia Civil detuvo a dos personas relacionadas con el robo de 64 catalizadores en distintos municipios de Toledo y Cuenca, tras detectar un incremento de las denuncias por estas sustracciones.

La clave de este asunto está en su interior. El catalizador forma parte del sistema de escape y reduce la contaminación generada durante la combustión gracias a una estructura que contiene metales preciosos como platino, paladio y rodio.

"El catalizador en sí no tiene valor, sino que tienen valor esos mismos materiales", explica a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha José Gutiérrez, mecánico de Fast Motor Garaje, en el Polígono Industrial Romica de Albacete, que también comparte contenidos sobre mecánica en Instagram a través del perfil @jose_fastmotor.

El precio depende del vehículo y de los materiales que contiene. En el caso de los 64 catalizadores sustraídos en Toledo y Cuenca, la Guardia Civil situó su valor en el mercado de segunda mano entre 800 y 2.000 euros por unidad.

La cuestión, por tanto, no está únicamente en saber por qué se roba esta pieza. Para el conductor, lo importante es conocer qué vehículos tienen más riesgo y, sobre todo, qué puede hacer para ponérselo más difícil a los ladrones.

Protección ante robos

No existe un método que garantice que un catalizador no pueda ser sustraído. Pero sí se puede conseguir que el trabajo sea más difícil, más lento y menos atractivo para quien busca actuar en pocos minutos.

Una de las posibilidades que plantea Gutiérrez desde el taller es instalar algún tipo de carcasa, plancha o protector alrededor del catalizador. No impediría necesariamente el robo, pero añadiría una dificultad que puede hacer que el vehículo deje de ser una opción tan sencilla.

Eso sí, antes de instalar cualquier elemento hay que consultar con un profesional. La modificación de determinados componentes del vehículo puede requerir homologación y, además, algunas protecciones tendrían que retirarse para determinadas operaciones de mantenimiento o inspección.

Por eso el primer paso puede ser mucho más sencillo: llevar el coche al taller y preguntar si el catalizador está especialmente expuesto. "Desde el taller sí que podemos decirle si está más accesible, menos accesible, aconsejarle poner algún tipo de mallazo, algún tipo de protector", explica Gutiérrez.

José Gutiérrez, mecánico de Fast Motor Garaje ubicado en Albacete.

José Gutiérrez, mecánico de Fast Motor Garaje ubicado en Albacete. Cedida

Hay otra medida que no evita físicamente que el catalizador desaparezca, pero que puede ayudar a dificultar su comercialización: identificar la pieza. Grabar en ella elementos como la matrícula o el número de bastidor permite asociarla a un vehículo concreto y puede facilitar su identificación si posteriormente aparece en una investigación.

En este punto, además, el propio mecánico considera fundamental aumentar el control sobre la procedencia de estas piezas en el mercado de segunda mano y de reciclaje. Su razonamiento es directo: si resulta difícil colocar una pieza cuya procedencia no pueda acreditarse, el incentivo económico del robo también disminuye.

Hay otra prevención que conviene revisar antes de que sea tarde: el seguro del coche. Durante la sustracción, los ladrones pueden cortar cables, sondas y sensores del sistema anticontaminación, lo que encarece la reparación.

Según Gutiérrez, un catalizador puede costar entre 500 y 3.000 euros, según el vehículo, a lo que hay que sumar la mano de obra y los posibles daños adicionales. Por eso recomienda comprobar si la póliza cubre tanto el robo como los desperfectos que pueda ocasionar.

Sin objetivos cerrados

Hay una regla que pesa más que la marca: cuanto más fácil sea acceder al catalizador y cuanto mayor sea su valor, más atractivo resulta el vehículo. "El factor principal es la facilidad de robar ese catalizador. Después tenemos el segundo factor, que es el valor", explica.

La propia configuración del vehículo puede marcar la diferencia. Los coches altos, furgonetas, todoterrenos y determinados vehículos antiguos permiten acceder con mayor facilidad a los bajos. En estos casos, el ladrón puede introducirse debajo del coche y trabajar directamente sobre el sistema de escape. Por lo tanto, podríamos decir "que es el blanco favorito para los ladrones"

Gutiérrez explica que las herramientas actuales hacen que la operación pueda ser extremadamente rápida. "Llevan un tipo de herramientas eléctricas que no hacen ruido con las que hacen el robo en segundos", señala.

No significa que un turismo bajo esté fuera de peligro. De hecho, el mecánico recalca que ha visto vehículos de muy diferentes marcas, edades y características afectados por este tipo de robos.

Algunos híbridos, como determinadas generaciones del Toyota Prius o Toyota Auris, también han sido especialmente buscados, aunque insiste en que no se puede elaborar una lista cerrada de modelos. El criterio que utilizan los ladrones es más sencillo: si pueden acceder rápidamente y la pieza tiene valor, el coche entra en el radar.

El aparcamiento importa

La otra gran medida de prevención no requiere modificar el coche: elegir bien dónde se deja. Gutiérrez recomienda, siempre que sea posible, utilizar un garaje privado. Cuando no existe esa posibilidad, aconseja optar por lugares bien iluminados y visibles.

La lógica es sencilla. Los ladrones buscan rapidez y discreción. Un vehículo situado en un lugar donde puedan trabajar sin ser vistos resulta más atractivo que otro expuesto a la circulación de personas o vehículos.

En la operación desarrollada en Toledo y Cuenca, por ejemplo, los investigados actuaban principalmente de noche, se desplazaban por diferentes municipios y seleccionaban los vehículos antes de sustraer los catalizadores.

Porque el objetivo no es convertir el coche en una fortaleza imposible de asaltar. "No vamos a evitar que nos lo puedan robar", reconoce Gutiérrez, "pero sí evitamos que les cueste un poquito más".