Víctor subido en un helicóptero.

Víctor subido en un helicóptero. E.E. CLM

Sociedad

Víctor, el héroe toledano que combate el fuego desde el aire: "Mi familia sufre, al aterrizar siempre me llaman"

"Si vuelcas el agua demasiado cerca, puedes avivar el fuego por el aire que mueve el helicóptero", explica.

Más información: Castilla-La Mancha lleva 764 incendios en lo que va de año: el fuego ha calcinado 1.085 hectáreas de masa forestal

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Cuando el fuego amenaza con carbonizar los montes españoles y a veces, hasta las propias poblaciones, aparecen en el cielo los "pelícanos humanos" —los helicópteros y aviones que transportan agua— para frenar su avance. A los mandos de una de estas aeronaves está Víctor Manuel Martín, un exmilitar toledano que ahora protege a la ciudadanía desde el aire.

La labor de los profesionales como él es más crucial que nunca. Hasta el 5 de julio de 2026, España acumulaba más de 50.750 hectáreas quemadas, una cifra que duplica holgadamente las 20.466 hectáreas calcinadas en el mismo periodo de 2025, tal y como expone el balance oficial del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO).

En grandes incendios forestales como Los Gallardos en Almería o Lleida (Cataluña), la peripecia de pilotos como Víctor es la delgada línea roja que evita la catástrofe. La vocación le nació muy temprano. "Ingresé muy jovencito en la academia y me hice piloto...He estado en el Ejército durante 19 años", relata para EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

Víctor junto a sus compañeros de brigada.

Víctor junto a sus compañeros de brigada. Cedida

Tras casi dos décadas de servicio militar, el amor por su familia y la búsqueda de un cambio de rumbo le empujaron a lo que hoy considera la profesión de su vida. "Llevo desde 2004 en campañas de extinción de incendios". Actualmente su compañero de batalla es un Airbus Helicopters AS350 B3 y opera desde la base de Alcoba de los Montes (Ciudad Real).

Algunos le llaman héroe y pertenece a una familia que lleva la aviación en la sangre: "Mi padre era mecánico de aviones, es algo que he mamado desde chiquitito. Pero una cosa es estar en tierra y otra es volar en extinción, es muy arriesgado". En cada aviso, la incertidumbre asola a los suyos. "Mi familia sufre...cuando aterrizo siempre me llaman", confiesa.

Víctor vaciando agua en incendio

A ojos de Víctor, en la actualidad "el monte está más desatendido y hay más combustible natural para que arda". Además, pone el foco en la colaboración vecinal de tiempos pasados: "Ahora todo recae en la administración". Pese a ello, considera que el dispositivo regional de extinción cuenta con "más medios ahora".

El escenario ideal para que se origine un incendio es aquel que reúna la "regla de los tres 30", explica. Es decir, si hay más de 30ºC de temperaturas, vientos superiores a 30 kilómetros por hora y una humedad relativa de la vegetación por debajo del 30 %.

Precisamente en la base de Alcoba, la Junta de Comunidades presentó en mayo la campaña de prevención y extinción en la que invertirá 126 millones de euros, 10 millones más que el curso pasado. Sin embargo, algunos sindicatos y bomberos forestales han denunciado la escasez de personal, la brevedad temporal de la campaña y la excesiva temporalidad.

La coreografía del aire y la técnica del agua

Cuando un incendio es detectado, la llamada llega al 112 y se transfiere al Centro Operativo Regional (COR) de Toledo, y de ahí al Centro Operativo Provincial (COP). Es el COP el que moviliza las aeronaves y asigna las coordenadas. El margen de error en el aire es cero, lo que conlleva una preparación milimétrica.

"Diariamente hacemos un balance del helicóptero, miramos la meteorología y la información aeronáutica específica de la zona para saber si hay saltos de paracaidistas, vuelos de drones o exhibiciones aéreas, tienes que saber qué te vas a encontrar", detalla. Con la aeronave llena de combustible, el aviso del COP marca el inicio de una carrera contrarreloj.

Foto de un incendio tomada por Víctor desde su helicóptero.

Foto de un incendio tomada por Víctor desde su helicóptero. Cedida

"Nos dicen dónde está el incendio y un poco las condiciones que nos vamos a encontrar cuando lleguemos". Si las llamas alcanzan proporciones considerables, entra en juego el Avión de Coordinación (ACO) que "gestiona todos los medios aéreos, a veces hasta 30, para que operen sin colisionar", explica Víctor.

Una vez en el aire, el piloto toledano debe buscar un remanso de agua para cargar las bolsas naranjas (helibaldes) que tienen una capacidad de "unos 900 o 1.000 litros". "Siempre buscamos el punto de agua más cercano al incendio que cumpla con las condiciones de seguridad", apunta haciendo alusión a ríos, embalses o abrevaderos de ganado.

Helicópteros del Infocam cargando agua en un río.

Helicópteros del Infocam cargando agua en un río. Cedida

Aquellos que gozan de una piscina privada siempre les surge la duda de si en caso de emergencia profesionales como Víctor pueden cargar agua en su jardín. Al respecto, aclara que "solo cogemos agua de las piscinas en casos extremos, cuando peligran vidas o viviendas" para evitar enturbiar el agua.

La altura de descarga es otro de los factores que pueden convertir su labor en un salvavidas o todo lo contrario: "Si vuelcas el agua demasiado cerca, puedes avivar el fuego por el aire que mueve el helicóptero". El punto óptimo es cuando consigues evitar que el agua llegue evaporada al suelo tras atravesar toda la llama.

Carga de agua para sofocar un incendio vista desde los ojos de Víctor.

Carga de agua para sofocar un incendio vista desde los ojos de Víctor. Cedida

Faltan pilotos

Esta altísima exigencia genera un enorme agotamiento. "Este trabajo desgasta mucho, muchísimo". Por ello, la normativa Circular Operativa 16-B impone límites estrictos de seguridad. "No podemos volar más de ocho horas al día", y su cuadrante mensual se divide en 20 días seguidos de trabajo y diez de descanso.

Pese a ello, siempre pueden ocurrir accidentes como el del pasado 4 de julio en Villar de la Yegua donde un helicóptero del plan INFOCAL de Castilla y León se precipitó al vacío, aunque afortunadamente no hubo heridos. Víctor resume esta realidad de forma tajante: "Los accidentes en este sector siempre terminan en algo catastrófico".

Premisas que han generado una alarmante falta de relevo generacional en el sector. Según el Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COPAC), más de la mitad de los pilotos de helicóptero en España supera los 50 años. Las principales escuelas y operadoras estiman que se necesitan 300 nuevos pilotos para cubrir vacantes en la lucha contra incendios.

Dejando de lado los riesgos, Víctor ama su trabajo: "Hay sustos...pero disfruto muchísimo de ello". El toledano no solo protege los bosques de Castilla-La Mancha; durante el invierno viaja a Sudamérica para colaborar en labores de extinción. "En Chile he visto incendios con miles de casas quemadas", rememora.

Así se ve un incendio desde el helicóptero que pilota Víctor.

En estos más de 20 años surcando los cielos en busca de fuego, recuerda una intervención en Huertezuelas (Ciudad Real) donde llegaron a "defender el pueblo entero para que no ardiera". Al avistar el horizonte de su profesión, tiene claro que la tecnología revolucionará los cielos las próximas décadas.

"Yo creo que los drones se impondrán. La mano del hombre no desaparecerá, pero irá a menos", subraya. Hasta que ese futuro se consolide, la supervivencia de la flora, la fauna y la ciudadanía de Castilla-La Mancha en este caluroso 2026 seguirá dependiendo del pulso firme y el valor infinito de pilotos como Víctor Manuel Martín.