Moby Siby, refugiado de guerra llegado desde Mali que posa de espaldas porque ha preferido preservar su identidad física.

Moby Siby, refugiado de guerra llegado desde Mali que posa de espaldas porque ha preferido preservar su identidad física. Cedida

Sociedad

Moby y su segunda vida como refugiado de guerra en España: "Salí de Mali sin saber si volvería a ver a mi madre"

El joven maliense llegó solo a España, durmió en la calle durante sus primeros días y hoy reconstruye su vida en un programa de acogida para refugiados.

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"Dormí en la calle en un país que no era el mío, sin idioma, sin techo y sabiendo que, si me quedaba en Mali, podía morir". Con esa certeza, Moby Siby, un joven de 24 años, cruzó media África para salvar su vida. Hoy vive en España, comparte piso con otros jóvenes refugiados y trata de formar un futuro que la guerra le obligó a abandonar demasiado pronto.

La historia de Moby no se entiende sin el contexto actual de Mali, un país que lleva más de una década inmerso en una profunda crisis de seguridad. Desde el estallido del conflicto en el norte en 2012, el territorio ha vivido una inestabilidad constante marcada por la presencia de grupos armados, milicias locales y organizaciones yihadistas.

La violencia se ha extendido hacia el centro y otras regiones, afectando gravemente a la población civil. Secuestros, ataques a aldeas, reclutamiento forzoso de jóvenes y bloqueos de carreteras forman parte de una realidad cotidiana en muchas zonas del país. En ese entorno creció Moby, acostumbrado desde adolescente a convivir con el miedo.

Recuerda un episodio especialmente duro: cuando él y tres amigos fueron interceptados en una carretera mientras iban a un mercadillo. Fueron retenidos, golpeados y amenazados durante horas por dos hombres armados. "Nos dijeron que teníamos que coger armas contra nuestro país", relata. Aquella experiencia marcó un punto de no retorno.

"Abandoné toda una vida"

Tras ese episodio, Moby entendió que quedarse en Mali podía significar la muerte o el reclutamiento forzoso. Su padre ya había fallecido y su madre quedó como principal apoyo familiar. Tomó la decisión de marcharse.

Se trasladó a Bamako, la capital, donde comenzó a organizar su salida del país con ayuda de un familiar cercano. Finalmente, consiguió abandonar Mali en marzo, en un trayecto que lo llevó primero en avión hasta Túnez y después a España, a donde llegó apenas un día después de su salida.

El viaje fue rápido en lo logístico, pero devastador en lo emocional: dejar atrás a su familia, su entorno y cualquier sensación de estabilidad.

En España, la realidad fue completamente distinta. Sin idioma, sin recursos y sin red de apoyo, Moby pasó sus primeros días en Madrid durmiendo en la calle. La llegada a un país nuevo supuso un choque total.

"Cuando llegas y no conoces a nadie, no sabes por dónde empezar", explica. La calle fue su primer refugio, pero también su primer gran desafío. La incertidumbre era absoluta: dónde dormir, cómo comer, a quién acudir.

En ese momento comenzaron a aparecer los primeros recursos sociales. Organizaciones como Cruz Roja Española, SERCADE o servicios municipales como Samur Social intentaron orientarlo dentro de un sistema de acogida complejo, donde la disponibilidad de plazas y los requisitos administrativos condicionan el acceso a la ayuda.

También pasó por centros de emergencia y dispositivos temporales, donde la estancia dependía de plazas limitadas y derivaciones constantes. En algunos momentos tuvo que volver a la calle.

Cambio de idioma principal

En medio de esa inestabilidad, Moby tomó una decisión clave: aprender español por su cuenta. "Un día me desperté y dije: tengo que aprender", recuerda.

Con un teléfono móvil como única herramienta, empezó a usar aplicaciones de idiomas. Cambió del inglés al español como lengua principal de aprendizaje y estableció una rutina diaria. Ese pequeño gesto marcó un punto de inflexión.

El idioma no solo le permitió comunicarse, sino también acceder a recursos, entender su situación administrativa y acercarse a asociaciones de apoyo. Empezó a pedir ayuda de forma más estructurada y a moverse por distintos dispositivos sociales hasta que llegó a la casa de 'Doña Maite', donde podía cobijarse bajo el techo de su vivienda.

En su recorrido también aparece el sistema de protección internacional. Moby inició el proceso de solicitud de asilo, una vía legal destinada a personas que huyen de conflictos armados o persecución. Este proceso es clave para poder acceder a derechos básicos como alojamiento, documentación o inserción laboral.

Sin embargo, el procedimiento es lento y complejo, con entrevistas, esperas prolongadas y situaciones de incertidumbre que pueden durar meses o incluso años. En este contexto, la vida de muchas personas solicitantes de protección se define por la espera.

Expedientes de asilo en trámite

Según datos recientes de organismos internacionales y entidades sociales, en España hay actualmente más de 200.000 personas solicitando protección internacional o con expedientes de asilo en trámite. A estas cifras se suman las personas refugiadas ya reconocidas, lo que sitúa al país entre los principales receptores de solicitudes en Europa.

Esta realidad global se visibiliza cada 20 de junio, cuando se celebra el Día Mundial de los Refugiados. Esta fecha fue designada oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000, y tiene como objetivo rendir homenaje a todas las personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a guerras, violencia o persecución.

No es solo una conmemoración simbólica, sino un recordatorio de las historias individuales detrás de las cifras: vidas interrumpidas, familias separadas y procesos de reconstrucción en países de acogida.

Tras su paso por distintos recursos en Madrid, Moby fue derivado a otras ciudades dentro del sistema de acogida. Finalmente llegó a Ciudad Real, donde su situación empezó a estabilizarse.

En esta nueva etapa, el acompañamiento de Cruz Roja Ciudad Real ha sido fundamental para favorecer su integración. A través de los programas de acogida dirigidos a personas solicitantes de protección internacional y refugiadas, la entidad le ha proporcionado apoyo social, orientación en trámites administrativos y acceso a formación, además de un entorno estable desde el que comenzar a reconstruir su proyecto de vida.

Actualmente comparte vivienda con otros jóvenes refugiados. Cada uno dispone de su habitación y llaves propias, una señal de autonomía dentro del proceso de integración. Para Moby, este es el primer espacio en mucho tiempo donde siente cierta estabilidad.

En paralelo, ha comenzado su formación profesional. Ha realizado cursos de albañilería, logística y manejo de carretillas elevadoras, además de obtener certificados relacionados con electricidad y telecomunicaciones en edificios.

Su objetivo es claro: conseguir un empleo estable y poder ayudar a su familia desde la distancia. La formación se ha convertido en su herramienta de reconstrucción personal y también en una vía de integración.