Sor Marta mostrando su placa de 100.000 suscriptores en YouTube.

Sor Marta mostrando su placa de 100.000 suscriptores en YouTube. Cedida

Sociedad

Marta, la monja 'youtuber' que se entregó a Dios con 18 años: "El mayor sacrificio es obedecer, más que no tener hijos"

Acumula más de 300.000 seguidores en redes sociales. "Si no vienen a la iglesia, habrá que salir a buscarlos", apunta.

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"Con 16 años, en un viaje a Navarra, fuimos a visitar un monasterio y allí despertó en mí un interés". Marta González Cambronero (Ciudad Real, 1996) decidió dedicar el resto de su vida a Jesucristo mientras sus compañeros de clase pensaban en la Selectividad o en el viaje de fin de curso.

Aquel flechazo en 2012 hoy se ha convertido en una de las voces cristianas (@sormarta) más conocidas en las redes sociales, donde acumula más de 300.000 seguidores. Marta se define como una joven monja benedictina y misionera digital que muestra su día a día de forma clara, sencilla y dinámica para tumbar todos esos prejuicios alrededor de esta figura eclesiástica.

No tomó la decisión a la ligera, durante los dos años en Bachillerato devoró la Regla de San Benito — conjunto de normas escritas que organizan la vida monástica comunitaria— y rastreó en internet monasterios femeninos en España que se guiaran por esos escritos dictados por San Benito de Nursia en el siglo VI, basados en el lema Ora et labora (reza y trabaja).

Marta con una de sus compañeras y otra mujer.

Marta con una de sus compañeras y otra mujer. Cedida

Entonces apareció el monasterio benedictino Santa Cruz de Sahagún (León), su actual destino. En uno de los ratos libres que le permite su madre superiora, Marta atiende por teléfono a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha y recuerda con alegría que visitó en hasta tres ocasiones el convento para conocer la vida desde dentro.

"Me vine dos veces una semana completa para poder discernir si realmente quería ser una monja consagrada", confiesa. Siendo ya adulta a ojos del Estado (18 años) abandonó Ciudad Real y el 22 de agosto de 2014 ingresó en el convento leonés como postulante, es decir, viviendo plenamente allí, pero sin hábito aún.

Marta en un mercado vendiendo los dulces y productos cosméticos que elaboran en el monasterio.

Marta en un mercado vendiendo los dulces y productos cosméticos que elaboran en el monasterio. Cedida

Luego pasó al noviciado, vistiendo el hábito y siendo una más de la vida comunitaria. Ya en 2023, profesó los votos para ser solemne o perpetua y entregarse totalmente a Dios. Marta comparte el Monasterio de Santa Cruz con otras 10 monjas y su rutina diaria combina la elaboración de dulces y cosméticos con la oración y los vídeos para redes sociales.

La transición hacia la vida consagrada no fue traumática ni supuso una ruptura dolorosa con su entorno: "Nunca hubo un problema con mis seres queridos. Siempre me he sentido en casa aquí y mi familia viene a visitarme cada poco".

Renunciar a todo por la fe

Lo más difícil, confiesa, no fue la soledad, sino el propio proceso de madurez humana en una etapa en la que sus amigos se marchaban a la universidad. Entró siendo "un bebé", como ella misma dice, y tuvo que aprender a ser adulta bajo la disciplina benedictina. "El mayor sacrificio es obedecer más que no tener hijos o no poder casarte", subraya.

"La renuncia real es la obediencia. Es el voto que más cuesta, el dejar lo que a mí me parece o lo que yo pienso porque la Madre te dice ahora no", añade.

Detrás de @sormarta hay un sacrificio por acercar el cristianismo a los nativos digitales y desmitificar la vida en clausura. En sus vídeos, muestra que hay vida, risa y hasta tecnologías tras esos muros de piedra. "Hay tantos prejuicios...piensan que las monjas vivimos en una especie de cárcel, que estamos amargadas y que todas tenemos más de 80 años", lamenta.

Monja digital

Su día comienza a las siete de la mañana con el primer rezo. Entre salmos, oraciones y formación musical (toca el piano y el órgano), Sor Marta saca tiempo para su faceta de creadora de contenido. Dedica un día a la semana a grabar, editar y programar vídeos. Es autodidacta, aunque ha realizado cursos profesionales para mejorar la calidad de sus grabaciones.

"Si no vienen a la iglesia, habrá que salir a buscarlos", apunta. Más de seis millones de personas la han visto desde elaborar dulces o productos de cosmética natural —el sustento económico de la comunidad— hasta sus momentos de ocio. "No solo rezamos, también nos divertimos: vemos películas, escuchamos música y salimos a pasear".

La situación laboral de las monjas como Marta es algo aún desconocido para muchos. En este sentido, aclara que "la mayoría estamos dadas de alta como autónomas, vivimos de lo que vendemos. Somos como cualquier pequeño empresario".

Marta caminando junto a otra monja benedictina.

Marta caminando junto a otra monja benedictina. Cedida

El reto del celibato

Entregarse a Cristo con 18 años recién cumplidos no es fácil, en esta etapa donde las hormonas están disparadas las dudas o las tentaciones pueden asaltar a cualquiera. Marta es transparente y reconoce que hay momentos desafiantes: "Puede costar cuando ves que tus amigas forman una familia".

En estos momentos de debilidad, se apoya en la oración, la dirección espiritual de la Madre Abadesa y en el equilibrio personal para gestionar la afectividad. "Dejamos otras posibilidades para darnos a Dios en cuerpo y alma. Él tiene las respuestas. La entrega me hace súper feliz", señala.

Orgullo castellanomanchego

Aunque León es su hogar de adopción desde hace una década, Marta no olvida sus raíces. Al ser preguntada por la Semana Santa regional y sus procesiones afirma con contundencia: "Yo no he sido mucho de Semana Santa y procesiones, era más bien de irme al campo de retiro".

Sin embargo, recuerda con especial cariño el Corpus Christi de Toledo y cómo los alumnos de su Bachillerato sacaban a hombros a María Auxiliadora en Ciudad Real. "Es el último recuerdo que tengo del colegio", rememora.

De momento, no se plantea volver a Castilla-La Mancha porque en su tierra no hay monasterio benedictino, siempre que puede visita la capital ciudadrealeña. "Voy cada año porque mis padres siguen allí y voy de vacaciones y tal".

Marta y sus compañeras se preparan ahora para una cita histórica: la visita del Papa Leon XIV a España (del 6 al 12 de junio). Estos días, redactan varias cartas para el Pontífice y oran en cadena por sus frutos. Con un móvil en la mano y el rosario en la otra, Marta González Cambronero seguirá acercando lo eterno y lo efímero en un reel de poco más de 30 segundos.