Trabajos en la planta de reciclaje HERA.
La planta señalada por los malos olores en la Sagra toledana abre sus puertas: "No tenemos nada que esconder"
El centro de tratamiento de HERA Holding muestra cómo combina la recuperación de materiales industriales con el depósito de rechazos.
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Los episodios intermitentes de malos olores y humo en la comarca toledana de la Sagra han reavivado las quejas vecinales en municipios como Pantoja, Cobeja o Alameda de la Sagra.
Esta problemática llevó apenas hace un mes a Ecologistas en Acción a denunciar estas situaciones de "contaminación atmosférica" ante la Consejería de Desarrollo Sostenible del Gobierno de Castilla-La Mancha y el Seprona de la Guardia Civil, situando en el foco de la investigación a los centros de gestión de residuos del entorno.
Ante esta situación, HERA Holding ha abierto a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha las puertas de su planta de Pantoja, donde trata residuo industrial no peligroso. El objetivo de la compañía: mostrar de primera mano cómo funciona su actividad, qué materiales procesa y cuáles son sus sistemas de control ambiental. Aseguran que ellos no están detrás de los malos olores y que no tienen nada que esconder.
Instalaciones HERA en Pantoja (Toledo).
Con más de tres décadas de trayectoria a sus espaldas en el sector de la ingeniería ambiental e instalaciones repartidas a nivel nacional e internacional, la barcelonesa HERA Holding adquirió en 2020 este centro, reforzando los estándares de aislamiento en la planta hasta su puesta en marcha en 2023, una vez concluidas las obras de implantación iniciadas el 11 de diciembre de 2020.
Recibir estas acusaciones y verse señalados en el foco mediático no ha sido algo fácil de encajar para la dirección ni para los operarios del centro, explican al inicio de la visita. Desde HERA Holding no ocultan la incomodidad que les genera esta situación.
"A nosotros esto nos preocupa mucho", afirman con franqueza los responsables del grupo. "Las empresas confían en nosotros y la generación de residuos es un tema tremendamente sensible para nuestros clientes. Trabajamos con multinacionales que a la mínima que pierdes la confianza, corres el riesgo de perder al cliente", lamentan.
Un proceso controlado paso a paso
La instalación es una planta de dimensiones modestas en la que no se reciben basuras orgánicas ni residuos urbanos del contenedor doméstico. Su cometido se centra exclusivamente en el triaje, clasificación y valorización de residuo industrial no peligroso, según han explicado sus responsables.
El recorrido comienza en la recepción, donde todo vehículo pasa por un estricto filtro administrativo antes de descargar. "Cualquier persona o camión que entra tiene que estar registrado previamente", señalan los técnicos, explicando que la Administración ejerce un seguimiento riguroso de cada trayecto a través de las plataformas del Ministerio para la Transición Ecológica y de la Junta de Castilla-La Mancha.
Triaje de camiones a la entrada de la planta de reciclado.
"Digamos que cada camión tiene un código de barras. Comprobamos si lo que trae el cliente está autorizado o no, por lo que se sabe con exactitud de dónde viene, quién es el gestor y a dónde va", añaden.
Para evitar manipulaciones en el registro de datos, la entrada cuenta con dos básculas de pesaje automático conectadas al sistema central. Durante el pesaje de un vehículo, los operarios detallan que "el dato se copia directamente para evitar errores de transcripción manual".
Gabina de recepción.
Además, han subrayado que el centro pasa por controles de calidad muy estrictos: "Lejos de lo que la gente pueda pensar desde fuera, esta es una actividad muy controlada y férreamente reglada por la Administración".
Del rechazo industrial al recurso energético
En la nave principal —construida y cubierta por la empresa para aislar el proceso de la lluvia y confinar posibles olores— se recibe el residuo no peligroso procedente de diversas fábricas.
Sobre la pista se acumulan desde grandes montones de plásticos apilados hasta excedentes de producción muy específicos, como lotes de batas quirúrgicas sin usar descartadas por la industria farmacéutica.
Visita a la nave principal de HERA en Pantoja.
"Hoy tenemos un lote de batas que por algún motivo no se pueden emplear", explican los responsables a pie de pista para ilustrar cómo el material descartado vuelve al circuito económico. "Nos pagan por gestionarlas, las clasificamos, las trituramos y el material resultante lo utilizan, por ejemplo, las cementeras como combustible alternativo".
Labores de reciclado en HERA, planta situada en Pantoja.
El proceso de separación combina tecnología y trabajo manual. El material pasa primero por tromeles de cribado que lo clasifican por tamaño y por separadores magnéticos que extraen los metales.
A continuación, llega a la línea de bandas donde los operarios realizan el triaje a mano para separar cartón, chatarra y plásticos según su tipología. "Las plantas de tratamiento puramente mecánico clasifican por tamaño, forma y composición, pero aquí hacemos un cribado previo y luego una separación manual", aclaran los responsables del centro.
Trabajo de cribado de metal en los residuos.
Sin embargo, no todo el residuo que entra se puede reciclar mecánicamente para hacer nuevos productos. Cuando el plástico está muy degradado, manchado o ha perdido sus propiedades tras varios ciclos de uso, la tecnología alcanza su límite.
Como la normativa ambiental prohíbe verter materiales que aún tengan potencial de aprovechamiento, la planta da un paso más: "El plástico tiene sus limitaciones y va perdiendo propiedades. Por eso, lo que ya no se puede reciclar físicamente lo trituramos y preparamos para convertirlo en Combustible Sólido Recuperado (CSR), un recurso energético que sustituye los combustibles fósiles tradicionales de origen no renovable, reduciendo la huella de carbono de las industrias. Solo aquello que no sirve ni para reciclar ni para generar energía se deriva como rechazo final al vertedero".
Combustible Sólido Recuperado (CSR).
Aislamiento del subsuelo y controles ambientales
Es precisamente en ese punto donde arranca la segunda gran actividad del complejo: el vaso del vertedero. No se trata de un acopio indiscriminado, sino de un depósito controlado destinado únicamente a aquellos rechazos que han agotado todas sus posibilidades técnicas de reciclaje y valorización.
Durante la visita por el perímetro del vaso, los técnicos muestran que la infraestructura funciona mediante un acondicionamiento e impermeabilización multicapa o barrera diseñada para aislar completamente los desechos del terreno natural
"Lo que evita cualquier filtración al suelo es una lámina de impermeabilización especial de polietileno de alta densidad texturizada, que es la que garantiza que el material no escurra y mantenga la inclinación del vaso", explican sobre el terreno.
Vertedero de la planta de reciclaje de HERA en Pantoja (Toledo).
Sobre esta barrera principal se despliegan láminas de protección geotextil para evitar perforaciones y daños, además de un geodren triplanar de altas prestaciones de drenaje y protección importado de Austria que sustituye a las capas de grava tradicionales: "Es un compuesto especial que resiste la compresión sin aplastarse, garantizando el drenaje de lixiviados y protegiendo la superficie de cualquier rotura".
Depuración del lixiviado
La gestión de las aguas pluviales es otro de los pilares clave en la operativa del vertedero. Todo el líquido que entra en contacto con el residuo depositado se convierte en lixiviado y se gestiona mediante bombeo continuo hacia balsas estancas impermeabilizadas.
"Toda agua que cae al depósito es susceptible de estar contaminada y la ley nos obliga a extraerla inmediatamente; una vez almacenada en las balsas, gestores autorizados de residuos líquidos los retiran periódicamente en camiones cuba o cisternas para su posterior depuración en instalaciones especializadas", señalan los responsables.
Balsa de lixiviados de la planta de HERA.
Para garantizar que esta actividad no genera ningún impacto sobre el entorno hidrogeológico ni la atmósfera, la planta mantiene un control ambiental constante sobre la parcela. Dispone de una estación meteorológica homologada y obligatoria en la propia finca que evalúa de forma continua la presión, la humedad y las precipitaciones para calcular con exactitud el balance hídrico de la celda.
Al mismo tiempo, para el control de las aguas subterráneas la instalación cuenta con una red de pozos piezométricos que alcanzan el nivel freático situados estratégicamente aguas arriba y aguas abajo según la dirección del flujo. "Realizamos análisis periódicos de las aguas subterráneas para comprobar su calidad y verificar que no existe ningún tipo de afección al subsuelo", subrayan.
Aguas fluviales de la planta de reciclaje de HERA en Pantoja (Toledo).
El compromiso con esta fase final se extiende varias décadas más allá de su vida útil, explican de forma detallada. Conforme las celdas van alcanzando su capacidad máxima, el vaso se somete a un sellado definitivo mediante capas impermeables y cobertura vegetal.
"Cuando el vaso se selle por completo, la normativa nos exige mantener un seguimiento y control medioambiental riguroso durante 30 años, algo que dejamos garantizado desde el primer día mediante el depósito de avales millonarios ante la Junta de Castilla-La Mancha", concluyen desde la empresa.
La visita ha contado también con la presencia del alcalde de Pantoja, Julián Torrejón, quien asegura a este medio que realiza inspecciones improvisadas de manera habitual. "Yo vengo a la planta en cualquier momento, entro sin avisar y a mí nadie me frena ni me dice nada", admite el regidor.
Julián Torrejón, alcalde de Pantoja (Toledo).
Torrejón ha añadido que conoce perfectamente lo que hacen y cómo lo tratan: "Esta empresa cuenta con sus autorizaciones administrativas en regla y está trabajando de manera transparente en nuestro pueblo".
Por su parte, desde la dirección de HERA en Pantoja insisten en desmarcarse como foco emisor de las molestias. "No venimos a eludir responsabilidades ni a señalar a nadie, venimos a enseñar con datos cómo se trabaja aquí", sostienen los responsables del centro.
La empresa defiende que sus procesos son rigurosos y concluye con una invitación directa: "No tenemos nada que esconder; cualquier persona o entidad interesada en conocer el funcionamiento de la planta tiene las puertas abiertas para comprobarlo".