Bomberos del Ayuntamiento de Toledo intervienen en el incendio de un vehículo eléctrico.

Bomberos del Ayuntamiento de Toledo intervienen en el incendio de un vehículo eléctrico. Bomberos Ayto Toledo

Toledo

Los incendios en coches eléctricos retan a los bomberos: así actúan contra baterías de litio que arden hasta 24 horas

Ángel Adán, sargento del parque municipal de Toledo, ha explicado a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha las principales técnicas de contención.

Más información: Arde un coche eléctrico mientras recargaba su batería en una gasolinera de Toledo: no se han registrado heridos

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El auge del vehículo eléctrico en Castilla-La Mancha, impulsado por ayudas públicas y la expansión de los puntos de recarga, empieza a trasladar nuevos retos a los servicios de emergencia. El pasado 2 de mayo, un vehículo de este tipo ardió mientras se recargaba en una gasolinera de Toledo obligando a los bomberos a intervenir con técnicas distintas a las habituales para contener un fuego persistente y difícil de extinguir debido a la reacción de sus baterías de litio.

Lejos de lo que pueda parecer entre la sociedad, no se trata de un aumento de incendios, sino de un cambio en la forma en que estos se producen y, sobre todo, en cómo deben afrontarse. Así lo explica Ángel Adán, sargento del Ayuntamiento de Toledo, quien subraya que la clave está en la dificultad de extinción: "No quiere decir que haya más incendios de coches eléctricos. El problema es apagarlos".

La diferencia fundamental radica en las baterías de ion litio. A diferencia de los combustibles tradicionales, que arden y se consumen hasta extinguirse, estas baterías pueden entrar en un proceso de autocombustión cuando se dañan. Si su estructura se rompe —por un golpe, un fallo interno o incluso durante la carga— el litio entra en contacto con el oxígeno y desencadena una reacción química que se retroalimenta. "Es como una pescadilla que se muerde la cola", resume Adán.

Este fenómeno cambia por completo el trabajo de los bomberos. En un vehículo de gasolina o diésel, el objetivo es claro: sofocar las llamas hasta que el fuego desaparezca. En un eléctrico, sin embargo, apagar el incendio no implica necesariamente eliminar el riesgo. "Tú puedes quitar las llamas, pero la reacción sigue dentro", explica el sargento.

Protocolo adaptado

La creciente presencia de coches eléctricos en la región hace que este tipo de intervenciones sea cada vez más habitual. Castilla-La Mancha supera ya los 15.000 vehículos electrificados, con crecimientos anuales cercanos al 30%. Aun así, siguen siendo una minoría dentro del parque total, lo que explica que estos sucesos continúen siendo relativamente puntuales.

El protocolo de actuación se centra en contener más que en extinguir. En primer lugar, se asegura el entorno para evitar daños mayores, especialmente en situaciones como la del suceso de Toledo, ocurrido en una gasolinera. Después, se emplea agua para reducir las llamas visibles y bajar la temperatura del vehículo. Pero la intervención no termina ahí.

"Apagamos lo que vemos, pero sabemos que puede reactivarse", señala Adán. Para evitarlo, los bomberos utilizan mantas ignífugas que limitan el oxígeno y ayudan a controlar el fuego latente. Aun así, la vigilancia debe mantenerse durante horas. En algunos casos, el proceso puede prolongarse hasta un día completo. "Se puede tirar 24 horas fácilmente hasta que se consumen todas las celdas de la batería", añade.

Esta duración es otra de las grandes diferencias respecto a los incendios convencionales. Las baterías están compuestas por entre 100 y 300 celdas de ion-litio, dependiendo del modelo, y cada una puede reaccionar de forma autónoma. Eso provoca que el fuego no sea continuo, sino intermitente, con posibles rebrotes incluso cuando parece controlado.

Además, estos incendios suelen ser más llamativos. "No es que sean más rápidos, es que son más violentos", apunta el sargento. La reacción del litio genera llamaradas intensas y proyecciones que aumentan la sensación de peligro, aunque los datos no indiquen una mayor frecuencia respecto a los vehículos tradicionales.

La creciente presencia de coches eléctricos en la región hace que este tipo de intervenciones sea cada vez más habitual. Castilla-La Mancha supera ya los 15.000 vehículos electrificados, con crecimientos anuales cercanos al 30 %. Aun así, siguen siendo una minoría dentro del parque total, lo que explica que estos sucesos continúen siendo relativamente puntuales.

Nuevo escenario

Ante este nuevo escenario, la formación se ha convertido en una herramienta clave. El cuerpo de bomberos de Toledo recibió en noviembre de 2025 una preparación específica sobre vehículos de nuevas energías. "Pasamos todos los turnos. Primero teoría, para entender cómo funcionan, y luego práctica", explica Adán.

Durante estas sesiones, los profesionales aprenden a identificar los sistemas eléctricos, a localizar puntos de corte de corriente y a actuar con seguridad ante accidentes. "Estamos hablando de corrientes muy potentes. Hay que saber dónde tocar", insiste.

Además, estos incendios suelen ser más llamativos. “No es que sean más rápidos, es que son más violentos”, apunta el sargento. La reacción del litio genera llamaradas intensas y proyecciones que aumentan la sensación de peligro, aunque los datos no indiquen una mayor frecuencia respecto a los vehículos tradicionales.

Más allá de la intervención, los bomberos también hacen hincapié en la prevención y en el comportamiento ciudadano. En caso de incendio, recomiendan priorizar siempre la seguridad personal: alejarse del vehículo, avisar a los servicios de emergencia y evitar cualquier intento de recuperar objetos del interior.

El incendio ocurrido el pasado sábado en Toledo no es una anomalía, sino un reflejo de una transición en marcha. La movilidad eléctrica avanza, y con ella, nuevas formas de riesgo que obligan a adaptarse. Para los bomberos, el desafío no es mayor, pero sí diferente: enfrentarse a un fuego que no siempre se apaga, sino que se contiene, se enfría y se espera a que, finalmente, se consuma por sí mismo.