Juan Alcázar padece COVID persistente y ha puesto en marcha una plataforma de afectados en Castilla-La Mancha

Juan Alcázar padece COVID persistente y ha puesto en marcha una plataforma de afectados en Castilla-La Mancha

Toledo PLATAFORMA DE AFECTADOS POR EL COVID PERSISTENTE

El toledano al que el COVID no abandona desde hace un año: "Es algo insoportable"

24 abril, 2021 08:00

Juan Alcázartiene 51 años y es de Madridejos (Toledo). Se contagió de coronavirus durante la eclosión de la pandemia que ha condicionado la actividad de todo el planeta a lo largo del último año. Fue el 18 de marzo de 2020, cuatro días después de que el presidente Pedro Sánchez decretase el estado de alarma en España, cuando este técnico de mantenimiento detectó los primeros síntomas de la infección. Durante la cuarentena domiciliaria pasó algo más de una semana con fiebre alta pero la situación, por suerte, no se complicó en exceso para él. Todo se solucionó tomando parecetamol, tal y como a través del teléfono le recomendaronlos servicios médicos, sin pasar siquiera por el hospital.

Sin embargo, el calvario de Juan comenzó cuando la fiebre dio paso a otros síntomas comofrecuencia cardiaca elevada, escalofríos, malestar general, cansancio extremo, dolores de cabeza y una insistente febrícula que le acompañaría sin darle tregua durante los siguientes seis meses. El termómetro, una y otra vez en ese medio año, marcaba siempre 37,4 grados, unas décimas de más que no le permitían encontrarse en plenitud de facultades. Pero viendo que su estado de salud se mantenía estable y sin evolucionar a peor, a los 40 días de convalecencia decidió pedir el alta médica para poder incorporarse de nuevo a su puesto de trabajo.

"No volví bien del todo pero pensé que se me pasaría", ha contado Juan a EL DIGITAL. Se equivocaba. A los dos meses los problemas se multiplicaron y comenzó a notar que le quemaban los pies, las manos y la cara, unos síntomas que todavía padece a día de hoy de forma recurrente. "Es algo insoportable", relata. Así que tuvo que dejar de trabajar y ya lleva diez meses de baja. En ese momento no entendía lo que le pasaba pero, después de un sinfín de visitas a distintos especialistas, supo que su patología tenía origen neurológico y que, muy posiblemente, se había generado a consecuencia de la entrada del coronavirus en su organismo. En definitiva, era uno de los afectados por el COVID persistente ode larga duración.

Y ni mucho menos es el único. En España podrían ser hasta 700.000, según distintos cálculos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el pasado mes de febrero un estudio en el que reconocía la enfermedady aseguraba que afecta a una cuarta parte de los pacientes contagiados un mes después de haber superado la infección y a uno de cada diez hasta doce semanas más tarde. Además, pidió a las autoridades sanitarias nacionales que les atendiesen con prioridad y que les escuchasen puesto que algunos de ellos "son incapaces de volver a trabajar o tener una vida social".

Eso mismo, que sean escuchados y tener voz, es lo que pretende Juan Alcázar, que ha puesto en marcha recientemente una plataforma de afectados en Castilla-La Mancha, algo que ha hecho con el apoyo y tutelaje del colectivo nacional 'LONG COVID ACTS' y de laSociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que ha descrito una infinita lista con hasta 200 síntomas distintos provocados por el COVID persistente. Entre los más frecuentes se encuentran el cansancio, el malestar general, dolores de cabeza, bajo estado de ánimo, dolores en las articulaciones y musculares, falta de aire, déficit de atención... Además, tras una encuesta realizada a más de 1.800 pacientes, han concluido que la persistencia media de los síntomas entre los afectados (en su mayoría mujeres -hasta un 80 %- de entre 30 y 50 años) supera los seis meses de duración.

"En mi caso, que llevo diez meses de baja, no me han puesto ningún problema, pero estamos viendo muchos otros en los que las empresas no pueden asumir los costes y los trabajadores afectados por el COVID persistente se ven en la calle", denuncia Juan, que ha querido impulsar junto a otras tres coordinadoras (Estefanía Callejas, Castellar Granados y Cristina Granados) la plataforma castellano-manchega de 'LONG COVID' para hacerse "visibles" y ayudar a las personas que están pasando por la misma situación, muchas veces sintiéndose incomprendidas. Desde hace pocos días han activado perfiles en las redes sociales y tienen disponible el correo electrónico 'covidpersistentecastillalm@gmail.com'para quienes quieran sumarse al colectivo o incorporarse al grupo de WhatsApp a través del que se organizan.

Demandan un tratamiento multidisciplinar

"Queremos hacer llegar nuestro mensaje a la Consejería de Sanidad, a la que pedimos que se nos trate en clínicas multidisciplinares de manera unificada porque seguimos acudiendo a un montón de especialistas distintos que nos hacen todo tipo de pruebas y no ven nada. Es un diagnóstico muy difícil porque, además, nuestros síntomas son fluctuantes. Como aparecen y desaparecen lo han bautizado como el síndrome del Guadiana", relata Juan antes de recordar que él mismo se pasó una semana ingresado en el hospital de Ciudad Real por problemas gastrointestinales también derivados de la infección por coronavirus que pasó de forma leve hace ya más de un año.

"Me encuentro como si hubiera envejecido 30 años. Era una una persona muy activa social y laboralmente y ahora estoy limitado, llevando una rutina diaria de una persona jubilada, con unos síntomas que fluctúan en el tiempo y de momento con un pronóstico inespecífico", se queja.

Por suerte, la vacuna también podría ser su salvación y la de las personas que se encuentran en una situación similar. Ya hay estudios que indican que la sintomatología de hasta un terciode los pacientes diagnosticados con COVID persistente mejoran tras ser inoculados con la primera dosis. "Todos los especialistas hacen hincapié que, como pasa con otros virus, esto se nos va a ir, sobre todo a los que hemos pasado la infección de forma leve", finaliza Juan con esperanza tras una penitencia que ya dura demasiado tiempo.