Javier Castillo en su bar en Beamud (Cuenca).

Javier Castillo en su bar en Beamud (Cuenca).

Cuenca

Javier, de estudiar farmacia a ser el dueño del único bar de un pueblo de Cuenca: "Vivo bien, no tengo muchos gastos"

"De momento no tengo pensado dejarlo, estoy muy cómodo aquí", cuenta.

Más información: Uno de cada cinco nuevos residentes en Castilla-La Mancha elige zonas despobladas para vivir

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De estudiar un grado medio de farmacia en Elda (Alicante) a convertirse en el dueño del único bar de Beamud, un pueblo de la provincia de Cuenca de tan solo 40 habitantes. La historia de Javier Castillo es el reflejo del reciente fenómeno conocido como "neorrurales": jóvenes que abandonan las ciudades para asentarse en la España vaciada, empujados por el alto coste de vida urbano.

El vicepresidente primero de Castilla-La Mancha, José Luis Martínez Guijarro, señaló recientemente que una de cada cinco personas que se mudan a la región escogen como su nuevo hogar zonas despobladas.

Este cambio de paradigma demográfico se debe en parte a la apuesta de muchos ayuntamientos e instituciones públicas por atraer vecinos. Con esa idea, el Ayuntamiento de Beamud decidió dar una segunda vida al único establecimiento hostelero del lugar.

Vista general del bar.

Vista general del bar.

"Después de la pandemia cerraron el bar y decidimos acondicionarlo y cederlo para dar servicio a nuestros vecinos", explica la alcaldesa, Raquel Oliver. Al hacer eco de dicha oferta, un Javier con apenas 22 años que no se encontraba conforme con su camino elegido, se tiró a la piscina en la primavera del 2024.

"Fue bastante espontáneo. Lo vi como una oportunidad de probar cosas nuevas", explica el propio Javier en una conversación telefónica con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha tras casi un año al frente del negocio.

El alicantino cuenta que la mudanza fue relativamente sencilla porque ya contaba con una vivienda (propiedad de la pareja de su madre). Ese alivio inmobiliario le permitió centrarse desde el principio en el proyecto del bar.

Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud, un asalariado junior debe destinar de media el 92,3 % de su sueldo para cubrir el alquiler en una gran ciudad.

Javier atendiendo en su bar.

Javier atendiendo en su bar.

Javier paga por el local un alquiler "bastante pequeño" que describe más como "un detalle" al ayuntamiento que como una carga real. Sin embargo, no todo fue tan de color rosa, tuvo que comprar al anterior propietario todos los electrodomésticos y maquinaria para arrancar.

Tras abrir oficialmente en el mes de abril, el joven comprobó la importancia del clima en su calendario empresarial. "En invierno no llegamos ni a diez o doce personas, mientras que en verano somos más de 200", apunta.

Imagen aérea de Beamud.

Imagen aérea de Beamud. Magia serrana

Durante los meses de sol y buen tiempo, el bar de Javier se convierte en un hervidero de vecinos y visitantes y actúa como un auténtico centro social. Por eso, mantiene abierto el local durante todo el año, excepto en enero y febrero cuando baja la persiana.

Pese a la estacionalidad y a lo reducido de la clientela en los días fríos, Javier asegura que su único sustento económico son los ingresos del bar. "Vivo bien. En el pueblo no tienes muchos gastos... no tengo ningún plan para gastarlo", resume con humor.

Su día a día se traduce en una economía muy contenida en la que cualquier ingreso rinde mucho más. Abre el bar, atiende, hace compras, organiza el servicio y aprovecha los ratos libres para pasear por la naturaleza que lo rodea.

La barra del bar de Javi en Beamud.

La barra del bar de Javi en Beamud.

Cuando se le pregunta por el futuro, el alicantino afincado en Cuenca no maneja grandes planes ni fecha de salida de la España vaciada. "De momento no tengo pensado dejarlo, estoy muy cómodo aquí", cuenta.

Tampoco sabe si este proyecto durará cinco años o veinte, pero sí es claro en que le gusta el pueblo y la gente. Por tanto, "seguiré hasta que me siga llenando".

Con tan solo 23 años, Javier Castillo es tan importante para sus vecinos como la calefacción. Sin su bar, las opciones de reunirse, tomarse un café caliente o una cerveza fría se reducen a coger el coche y hacer "30 o 40 minutos" hasta el pueblo más cercano.

Sin proponérselo, su negocio es la esperanza de un trocito de la España vaciada.