Ana junto a sus ovejas.

Ana junto a sus ovejas. Cedida

Ciudad Real

Ana pasó de la universidad y ahora vive de sus 550 ovejas: "Llego al campo y pienso: quiero esto el resto de mi vida"

"Estamos porque nos gusta, no porque no sirvamos para otra cosa", reivindica.

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En un pequeño pueblo de Ciudad Real, una chica de 28 años ha decidido formar parte del 4,5 % de jóvenes que viven de la agricultura y la ganadería en España.

Ana Cristina Díaz no es solo la propietaria de una explotación de 550 ovejas, se ha convertido en uno de los altavoces digitales que reivindican la vida rural y la labor en el campo. Pese a que cada vez menos gente de su edad quiera ser como ella, esta ganadera siempre ha tenido clara su vocación.

Su padre es agricultor y su tío ganadero, eso hizo que desde pequeña mamara ambos mundos y naciera en ella una afinidad natural por los animales. Mientras atiende a uno de sus pequeños corderitos, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha y confiesa: "No concibo la vida sin ellos".

Ana en su finca en Bolaños de Calatrava.

Ana en su finca en Bolaños de Calatrava.

Con esa misma naturalidad, esta bolañega se graba en su día a día y lo comparte en las redes sociales (@acda28). Su historia acumula miles de visualizaciones y ha forjado una comunidad de casi 50.000 personas en Instagram y TikTok.

Aunque nunca fue una "buena estudiante", Ana terminó la ESO y encontró su sitio cuando decidió orientar su formación hacia su verdadera pasión. Se matriculó en un grado medio de Producción Agropecuaria donde pasó de aprobar por los pelos a sacar las mejores notas. "Estamos en el campo porque nos gusta, no porque no sirvamos para otra cosa", reivindica.

Siguió especializándose con un ciclo de Paisajismo y Medio Rural cuyas prácticas no pudo completar por la irrupción de la COVID-19. Un episodio dramático durante la pandemia la empujó hacia la ganadería. Después de unos meses inciertos, con el apoyo de su familia y la complicidad de su pareja, Ana decidió poner en marcha su propio proyecto como joven ganadera.

"Una persona hoy por hoy en España no se puede incorporar al campo por su propio bien, necesitas mucha ayuda", lamenta, a lo que añade "tanto en lo económico como en el día a día. Sin la ayuda de mi padre y mi tío, esto no iría para adelante", incide.

Esta bolañega, aficionada a la equitación, gestiona su propia granja productora de carne de cordero y en sus ratos libres disfruta de sus caballos. "Si no estoy con las ovejas, estoy practicando hípica", resume.

Un entusiasmo que convive con la dureza de un sector cada vez más asfixiado por la burocracia, las enfermedades y los precios. "Este verano la lengua azul nos hizo polvo, muchos animales abortaron, otros enfermaron y la administración no nos daba soluciones", denuncia.

Ana con uno de sus caballos.

Ana con uno de sus caballos.

Castilla-La Mancha ha sido una de las regiones más afectadas por esta enfermedad vírica aguda que se propaga entre el ganado ovino, caprino y bovino. La consejería de Agricultura confirmó hace unas semanas al menos 104 focos de lengua azul en las provincias de Ciudad Real, Albacete y Toledo; datos correspondientes a la temporada epidemiológica de 2025.

Pese a los discursos políticos y los incentivos promovidos por las administraciones públicas, la realidad es otra, distinta a ojos de esta ganadera de 27 años. "Hice un trámite para ampliar mi explotación y fue un auténtico caos. Nos ponen muchísimas trabas", critica.

Sobre las ayudas para jóvenes agricultores, cuenta que son insuficientes. "Con la subvención no tienes ni una tercera parte de lo que necesitas para arrancar", asegura.

En plena campaña navideña cuando el precio del cordero vuelve a ser noticia (entre 18 y 20 euros/kilo), Ana defiende que lo que muchos consumidores ven "caro", es algo justo. "Ahora está bien porque el pienso cuesta una barbaridad y cualquier producto que necesites se te va de las manos", aclara.

Ana en el campo con sus ovejas.

Ana en el campo con sus ovejas.

El reto de ser una mujer veinteañera en un mundo de hombres de avanzada edad considera que no es un obstáculo. "No porque sea mujer me creo más o menos, yo simplemente me dedico a lo que me gusta", afirma.

La verdadera barrera para ella es la falta de mano de obra. "No hay pastores, los jóvenes no tienen ganas de trabajar", apunta. En este sentido, tiene claro que se debe apoyar a los emprendedores a que tengan ilusiones y esperanzas, en vez de "ayudar a los vagos".

Su jornada de trabajo no es la de un ejecutivo de oficina. "En época de paridera puedo hacer unas 14 horas al día. Esto no es dar de comer a los animales y te vas a tu casa como alguno se piensa", reivindica.

Cuando le preguntan por qué pudiendo haber seguido estudiando y aspirar a un puesto de trabajo en una gran ciudad decidió quedarse, responde con firmeza lo siguiente: "Llego al campo, veo la puesta de sol, oigo las ovejas y pienso: esto es lo que quiero el resto de mi vida".

Desde su pueblo, Bolaños de Calatrava, Ana encarna una nueva generación que lucha por mantener viva la España rural. "Mientras muchos se llenan la boca con el relevo generacional, la ayuda real no llega nunca para la gente que, como yo, queremos seguir con el negocio", concluye.