Montaje de tres pioneras castellanomanchegas.
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Tres pioneras de su época: del teléfono que llegó a Toledo con Isabel a los fogones de Carmina y los escenarios de Amelia
Los platos de la tierra quedaron a salvo con Carmina, Toledo se modernizó con la red de teléfono impulsada por Isabel y el arte de Amelia lleno los cines.
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Castilla-La Mancha ha sido y es tierra de mujeres decididas a luchar por sus pasiones. El cable de la primera red de teléfono que recorrió las calles de Toledo lleva inscrito el nombre de Isabel González-Alegre Fanjual. La oda a la cocina castellanomachega recogida en un recetario que se eleva como los más destacados a nivel nacional tiene el sello de Carmina Useros Cortés. Amelia de la Torre fue quien consiguió que el arte transmitido a través de la actuación sobrepasase las pantallas.
Estas tres castellanomanchegas desbrozaron un camino al que sabían complicado para alzarse como pioneras, emprendedoras y dueñas de su propia vida.
Amelia de la Torre de la Fuente
En los últimos coletazos de la primavera de 1905, el municipio de Illana (Guadalajara) dio la bienvenida el 12 de junio a Amelia de la Torre de la Fuente, una niña que décadas después llenaría de arte los cines y teatros del país.
En una España llena de cambios políticos, Isabel fue testigo de cómo la cuerda de la libertad se tensaba cada vez más empujando a las mujeres hacia el hogar. Sin embargo, en esos constantes sobresaltos, esta guadalajareña consiguió hacer de su pasión su oficio, apartando las críticas y las burlas como cuando el telón se abre para dejar paso a la artista.
Amelia de la Torre.
Amelia nació con el duende del arte. Siendo tan sólo una niña, de la Torre empezó a recitar poesía en el colegio, y con tan solo ocho años fue elegida para recibir a Manuel Brocas (diputado por Pastrana) en una visita a Illana con motivo de la apertura de las escuelas públicas del municipio.
En 1925, con 20 años y al lado del reconocido director, guionista y dramaturgo, Jacinto Benavente, Amelia debutó en la Compañía de Margarita Xirgu. Dentro de la compañía desarrolló los primeros años de su carrera como actriz.
Cuarenta años dedicados al mundo del arte a través del teatro, el cine y la televisión la consolidaron como una de las actrices más importantes de su época. Con más de 15 películas a sus espaldas, esta castellanomanchega destacó por haber actuado en películas como La Celestina, La Vaquilla, Bodas de Sangre, La Reina del Chantecler, Los derechos de la mujer, entre otros.
Imagen de archivo de Amelia de la Torre.
Su faceta como actriz sobre las tablas de madera la llevó a interpretar obras de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Alejandro Casona, Tennessee Williams, Bertolt Brecht, entre otros. En su salto a las pantallas trabajó en series como Estudio Uno.
La Guerra Civil del 36 le pilló al otro lado del charco, más concretamente en la capital argentina, Buenos Aires, durante su viaje de trabajo con la compañía de Josefina Díaz de Artigas. Siendo consciente de la situación, convirtió la París de América en su segunda casa, donde permaneció hasta los años 50.
Su vida personal la vinculó al actor Enrique Diosdado, con quien formó una familia y creó su propia compañía de teatro. El telón de la vida de Amelia apagó sus luces para la eternidad en Madrid en 1987.
Carmina Useros Cortés
La tierra de las atascaburras (Albacete) dio la bienvenida en 1928 a Carmina Useros Cortés, la castellanomanchega que encontró entre los fogones su pasión y acabó convirtiéndose en una de las primeras gastrónomas de la región y del país.
Desde niña se instruyó. Su educación estuvo vinculada al colegio de María Inmaculada de Albacete, al Instituto de Segunda Enseñanza, la Escuela Normal de Albacete y la Universidad Complutense de Madrid.
En su biografía académica destaca el título de maestra y el de licenciada en filosofía y letras. En su biografía personal, resaltó su enorme inquietud por el saber y su vinculación a las tradiciones de la tierra, esas que trasladó a los platos y con los que hizo que a cada bocado emanase un recuerdo de Castilla-La Mancha.
Imagen de archivo de Carmina Useros Cortés.
Su determinación en un mundo lleno de chaquetillas varoniles le valió el reconocimiento y la admiración de sus contemporáneos —Montalbán se refirió a ella como 'la eximia Carmina Useros' en su libro La Rosa de Alejandría—. Un mundo culinario que le unió a su padre, con quien compartió la misma pasión y aprendió a cocinar.
Con una amplia trayectoria en las cocinas, Carmina puso por escrito sus habilidades culinarias y su experiencia en su recetario ‘Cocina de Albacete. Mil recetas de Albacete y su provincia’. Un clásico dentro del mundo gastronómico en el que se recopilan platos ancestrales, platos típicos provinciales y donde se hace una oda a los productos de la tierra.
Aunque su pasión estaba entre ingredientes, recetas, olores y sabores, esta albaceteña fue mucho más. Escritora, ceramista, filósofa, pintora, etnógrafa, coleccionista, investigadora y gestora cultural, fueron también otros vértices que la llevaron ser el claro ejemplo de persona polifacética y una de las mujeres más comprometidas con salvaguardar la historia de Albacete.
Retrato de Carmina Useros Cortés de joven.
Carmina estuvo al lado de los necesitados. Enseñó a leer y escribir a mujeres de su parroquia, llevó sus platos a los desfavorecidos y enseñó a los demás sus conocimientos de cocina.
Desde 1949 compartió su vida con Manuel Belmonte González, padre de sus cinco hijos y con quien inició un proyecto para difundir, preservar y proyectar la cultura, tradición, fiestas populares, artesanía, y el mundo quijotesco.
Con más de una decena de reconocimientos y publicaciones, Carmina, quien pasó a la historia como una de las grandes referentes de la gastronomía tradicional de Castilla-La Mancha, falleció en Albacete en 2017.
Isabel González-Alegre Fanjul
Toledana del siglo XIX, Isabel González-Alegre Fanjul desmontó el ideal de mujer que la sociedad construyó para convertirse en una de las primeras y grandes empresarias de su época. Ella fue pionera en el mundo de las telecomunicaciones y la mujer que llevó el teléfono a la ciudad imperial.
Con ascendencia asturiana, Isabel nació en 1867 en la actual capital autonómica y fue hija de Rodrigo González-Fanjul, alcalde de Toledo entre 1859-1862 y uno de los impulsores del ferrocarril. Su educación se forjó en un ambiente progresista ligada a los libros, los idiomas y al emprendimiento, tres pilares que la elevaron como una mujer culta para su época.
Isabel González-Alegre Fanjul.
Esta castellanomanchega, que hablaba francés con fluidez, fue la precursora para que Toledo avanzase hacia el progreso, a pesar de la negativa de una sociedad que veía en el teléfono un artilugio de misterio. Junto a su marido, el juez progresista Rafael Corcuera, fundó en 1890 la primera concesionaria de servicio telefónico de la ciudad y se ocupó de las decisiones técnicas y económicas.
Esta concesionaria figuró a su nombre, un dato relevante pues en la España del siglo XIX era infrecuente que cualquier proyecto estuviese inscrito con nombre femenino. De hecho, Isabel tuvo que solicitar permiso marital ante notario para que su nombre pudiese constar.
De esta pionera en el mundo empresarial se sabe que una de sus grandes pasiones fue la lectura, que participó en el diseño del uniforme de las primeras telefonistas y que se encargó del proceso de selección y contratación de aquellas mujeres. Además, fue una de las presidentas de la Sociedad Femenina de Toledo.
Isabel enviudó joven y quedó sola al cuidado de sus hijos. En 1937, esta pionera castellanomanchega, que había vivido la muerte de dos de sus hijos, falleció en Aranjuez a la edad de 70 años.