Una imagen del AVE.

Una imagen del AVE. E. E.

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Los robos de cable en el AVE se ceban con la llana Castilla-La Mancha: "Faltan patrullas; hay que apretar en las chatarrerías"

La AUGC denuncia que el verano reduce un tercio los efectivos disponibles y dificulta la vigilancia de la infraestructura ferroviaria.

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La concatenación de incidencias en la circulación de los trenes de alta velocidad entre Madrid y Andalucía a su paso por Castilla-La Mancha se ha convertido en un problema recurrente, una situación que compromete la seguridad de los viajeros y que tiene su origen en el robo de cableado. Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) achacan a la falta de efectivos un escenario que el verano complica.

"No hay personal, no hay patrulla, no hay gente que vigile, y además, desde el 15 de junio al 15 de septiembre, tenemos un tercio menos de personal que está de vacaciones", ha enumerado el portavoz y secretario jurídico de la AUGC en Toledo, Daniel Timón.

La escasez que denuncian neutraliza el efecto de las diferentes "medidas de prevención y alarma" que el Ministerio de Transportes, Renfe y Adif aplican. "Si no hay una patrulla cerca", comenta Timón, "no se puede reaccionar, es imposible llegar". La proximidad deseada tiene un alcance máximo de 15 kilómetros; más distancia implica menores posibilidades de éxito en la protección del tendido eléctrico.

Timón ha afeado que se retire personal para "crear unidades fantasma" y se destinen efectivos a la ejecución de trabajo de oficina mientras "la calle está abandonada, también los ciudadanos del mundo rural".

Desde la AUGC apremian al Gobierno de España a incrementar las plantillas para evitar el mero traslado de efectivos de unas labores a otras. Según la asociación que representa a los profesionales del instituto armado, el patrón habitual es "quitar al patrullero", una decisión que impacta de forma directa en la seguridad de los vecinos.

Las vías de ferrocarril, también las carreteras y cualquier otra calle o vía pública, forman parte de la demarcación policial. Por tanto, la eventual presencia de seguridad privada —ya existe en algunos puntos concretos de los trazados de AVE— se antoja inviable.

"Ellos no pueden estar patrullando caminos porque no es su misión", subraya Timón, al tiempo que desliza el elevado coste económico que tal medida supondría.

El responsable de la AUGC en Toledo echa en falta una "distribución correcta de cuarteles" con agentes suficientes en cada puesto y plantea el uso del personal de reserva para aquellas tareas a las que ahora se destina, según denuncia, al personal patrullero.

El favor de la orografía

El paisaje de Castilla-La Mancha facilita la labor de los ladrones de cobre. La región "no es Asturias, no son montes", define Timón. Además de las decenas de kilómetros de recorrido, la planicie ayuda al trabajo que hacen "los vigilantes de los chorizos", los más difíciles de capturar.

"Hoy todos tenemos un teléfono, una emisora: «¡Oye, que está la Guardia Civil, quieto!», «¡No, que se va para otro lado!», «¡Oye, vámonos, que viene para acá!»", cuenta Timón en una improvisada reconstrucción de las conversaciones entre ladrones que ha conocido durante sus años de servicio.

Para la sustracción de 300 metros de cable se necesitan cuatro personas. "Y a dos, que son los que están de vigilancia, no los vas a pillar nunca", asume.

Quienes ejercen de centinelas se apostan "sentados y con unos prismáticos" en los puentes que cruzan las vías. Entre un viaducto y otro, "puede haber aproximadamente 5 kilómetros de distancia", apunta Timón. "A él no le van a detectar si está quietecito y no se mueve, pero esa persona sí detecta a la Guardia Civil otros 5 kilómetros antes de llegar".

Los improvisados serenos se valen de que "todos los puentes están en altura y nuestro terreno es llanísimo", una circunstancia que hace de Castilla-La Mancha y Andalucía las dos comunidades autónomas "donde más robos" de este material se producen.

En invierno, en urbanizaciones

El problema del cable se traslada en invierno a las urbanizaciones más alejadas de los principales núcleos de población. Durante la estación fría "anochece muy pronto, llueve y los caminos están criminales", describe Timón. Y los ladrones "rara vez van con todoterreno": prefieren coches deportivos y veloces.

"A ellos lo que les preocupa es salir, huir, no llevarse el cable", desvela el responsable provincial de la AUGC. Permanecer lejos de la custodia principal se adivina como el principal objetivo de estas bandas.

"Los he perseguido, y se ponen a 230 [kilómetros por hora] por una autovía", rememora. "Lo que siempre se garantizan es la huida: si tienen que dejar el cable allí y la herramienta, ya cogerán más herramienta, ya buscarán otro tipo de cable", incide.

En todo caso, suelen operar con vehículos deportivos y por eso durante los meses de más inestabilidad meteorológica no suelen "arriesgar" con ese tipo de turismo por unas travesías irregulares en esas fechas.

"Apretar" a un negocio ilícito

El modus operandi "lo conocemos todos", apunta Timón, quien señala que "el verdadero problema" se encuentra en las chatarrerías o en los lugares de compra del cobre sustraído irregularmente. "Ahí es el Estado tiene que apretar", comenta.

El representante de la AUGC en Toledo cree que si quien decide adquirir esa mercancía ilícita es castigado con "un palo bueno" no volverá a hacerlo. Y que el ejemplo se propagaría con facilidad. "Sin compraventa, no hay mercado".

Para Timón, más importante que detener al que se lleva 100 metros de cable es hacerlo con quien "recepciona 2.000 metros de cable" y estimula un negocio tan ilegal como peligroso.