La silla de Núñez parece que están moviéndola unos y otros, a ver qué cae o a ver qué pasa. Debe ser que el PP se pone nervioso cuando atisba victoria, cosa nada nueva ni rara en la derecha española. Salen ahora informaciones que hablan de un supuesto relevo al frente del partido cuando queda menos de un año para las elecciones autonómicas.
Uno cree que la mayor de las veces es interesada… La cuestión es de quién o por qué, puesto que desde Pío Cabanillas ya sabemos aquello de “al suelo, que vienen los nuestros”. La categoría de compañero de partido resulta en ocasiones complicada para la aleación con otros materiales donde cundan la lealtad y el compromiso.
Núñez es hoy en día el mejor candidato que el PP tiene para presentar en Castilla-La Mancha después de ocho años largos de oposición. Y menear, mover o mecer la silla cuando apenas quedan meses sería suicida para la derecha… Pero como a veces tiene pulsiones, nunca nada es descartable.
Los viejos de la región saben que el PP de aquí pintaba poco, salvo en la época de Cospedal y que, en muchas ocasiones, fue moneda de cambio en tiempos de Bono. La llegada de María Dolores también fue a pocos meses de las elecciones, pero su victoria se produjo cinco años más tarde, no a la primera.
De igual forma, Núñez va ahora a por su tercer combate, después de asumir una herencia en Albacete complicadísima, cuando el partido quedó noqueado tras el pacto de Page con Podemos y los problemas del barceneo. Viene del municipalismo y ha sido presidente de Diputación.
Le ha tocado lidiar con un monstruo de la política como Emiliano García-Page y lo ha hecho de la mejor manera que ha podido. Desde mi punto de vista, el mayor error fue al principio, cuando cedió a la limitación de mandatos en Castilla-La Mancha para los ocho años.
Pero también entiendo que la situación era delicada y se quedaron entonces de pie en un charco, sin medios ni margen de maniobra. Desde aquello, Núñez ha ido fortaleciendo su trabajo y ha creado una estructura que derribarla ahora, sería contraproducente.
Fichó a Santiago Lucas Torres, una de las personas más largas que he conocido, y un gran alcalde, Manuel Borja. Al perder hace tres años, el segundo se marchó a la actividad privada, pero Lucas se quedó. Es vicepresidente segundo de las Cortes y verdadero factótum del PP.
Su relación con los agricultores es envidiable. Ha trabajado e invertido para que Paco llegue algún día a Fuensalida. Ese día parece cercano y por ello, salen novias de las esquinas. Núñez ha tropezado con el Estatuto de Castilla-La Mancha, aunque sinceramente pienso que eso no mueve un voto.
Ahora le queda lo más difícil… Aguantar la presión del que sabe que sólo dispone de una bala más. La intensidad de la crítica también es importante. Alguien me dijo del PP en la región que la pérdida de hace tres años vino porque se les fue la mano con Page la última semana de campaña. Y creo que llevaba razón.
Ahora los vientos parecen soplar a favor suyo, pero no hay que desdeñar la capacidad del PP para pisarse los cordones – Feijoo ya lo hizo hace tres años- ni la inteligencia política de Page. Los electores decidirán con su voto cuando llegue el momento.
Pero moverle la silla ahora a Núñez, cuando faltan diez meses, es tirar todo el trabajo por la borda. Y otra cosa no, pero trabajador es. Se levanta a las cinco de la mañana y a las seis tiene el partido funcionando. Ha corrido el riesgo de ser reconocido como líder de la oposición, igual que Felipe hizo con Fraga.
Pero eso mismo le ha proporcionado cierta popularidad. Va a todos los actos y hace política hasta en las fiestas de guardar. Cuenta con lealtades inquebrantables como las de Miguel Ángel Valverde en la Diputación de Ciudad Real, que hace un extraordinario trabajo. Sus alcaldes deben ser quienes lo alcen finalmente a Fuensalida.
Salvo que Génova caiga rendida por algún iluminado y decida retirarle la silla.