Concentración en la Puerta del Sol.

Concentración en la Puerta del Sol. Diego Radamés Europa Press

Opinión LA IZQUIERDA NORMAL

Por decreto

Publicada

Ojalá se pudieran solucionar los problemas por decreto. Sería como encontrar una lámpara mágica y pedir lo necesario al genio.

Si fuera posible, bastaría con poner en el BOE que deben aparecer 800.000 viviendas de alquiler asequible y entonces, al día siguiente, asunto resuelto. Antes de 30 días se convalidaría en el Congreso el deseo y se convertiría en realidad.

No haría falta convencer en menos de un día a la derecha nacionalista de Junts y a la izquierda populista de Podemos con medidas contradictorias que sean a la vez todo y nada. Es más, sería tan maravilloso que se podría solucionar todo en un deseo y no gastando dos, como son los Decretos que han presentado.

En lo que sí se parece la realidad a la magia es en que algunas peticiones solo duran unas horas. Concretamente apenas 24 si hablamos del Decreto de Sumar que, eso sí, superará la medianoche de Cenicienta.

Ahora bien, la realidad -con políticos que están lejos de ser genios- es bastante más complicada y no hay forma de solucionar un problema como el de la vivienda en una semana. Ni siquiera de que parezca que lo están solucionando.

En el Gobierno lo saben, como sabemos los ciudadanos que estos Decretos buscan salvar la crisis política que se cierne sobre los partidos de ser señalados por los votantes como culpables, más allá de resolver el problema. “Todos quedarán retratados con lo que se vote” alegan valientes unos y otros mientras esperan que queden en el olvido las décadas en las que no se ha construido ni un ínfimo porcentaje de las viviendas públicas necesarias y prometidas.

Tampoco se ha calculado cómo puede afectar a la oferta de alquiler generar más arbitrariedad, miedos y dudas a los propietarios, o han preferido no hacer los números. Ni hay una línea en las más de 95 páginas presentadas que comprometa a las administraciones a construir vivienda, a hacer real un parque público de tal tamaño y calidad que pueda competir en el mercado y haga así bajar los precios al transformar la oferta disponible.

Nada ni medio parecido, porque estos Decretos son un ejercicio de funambulismo límite donde la red vuelven a ser los propietarios -grandes y pequeños- para así tratar de hacer ver que se protege a los inquilinos, que efectivamente merecen no pocas ayudas y a ser posible realmente efectivas.

Soluciones y ayudas que una vez más -y en este caso con el considerado como mayor problema de los españoles- vuelven a no ser responsabilidad de nadie. O, si le preguntamos a un partido, nos dirá que es del otro. En caso de duda la culpa es de las competencias, que para eso están.

Pero en campaña, seguro que ustedes lo recuerdan, prometían la construcción de cientos de miles o millones de viviendas. Se perdía la cuenta incluso entre tanta cifra contradictoria. Lo que no recordarán es a un solo político que se subiera al escenario ante sus militantes a pedir el voto explicando que no podría hacer nada porque -ni ganando- tendría competencias en ninguna materia

Y eso es lo que en realidad han logrado; un país chantajeado por unos y por otros que quieren y exigen tener unas competencias que luego, cuando toca, nunca competen a nadie.