Hay decepciones que duelen más que otras. De Pedro Sánchez podemos esperar que haga lo que está haciendo. Podemos estar de acuerdo o no con sus decisiones, pero conocemos su manera de hacer política.
Sabemos que mide cada movimiento, que calcula sus silencios y que, demasiadas veces, antepone la estrategia política a lo que muchos españoles esperamos de quien gobierna nuestro país. De usted, Majestad, no, y por eso duele mucho más.
Le tengo un enorme respeto y, sobre todo, a la institución que representa, precisamente por eso me permito escribir estas líneas. Majestad, así no.
Ha pasado aproximadamente un mes desde lo ocurrido en Ceuta. Una crisis que puso a la ciudad en una situación extraordinaria y que volvió a recordarnos que allí viven miles de españoles que, en momentos difíciles, necesitan algo más que comunicados oficiales. Necesitan sentir que España está con ellos y, hoy por hoy, no lo están sintiendo.
Sé que Su Majestad expresó su preocupación. Sé también que estos asuntos deben tratarse con diplomacia y mesura. El Rey no gobierna ni puede actuar como el Ejecutivo y sé perfectamente que Marruecos es un país vecino con el que España debe mantener unas relaciones delicadas.
Pero una cosa es no gobernar y otra muy distinta es no estar. Por eso creo que faltó algo muy sencillo: una visita a Ceuta. No hacía falta un discurso duro. No hacía falta señalar a nadie. No hacía falta provocar ninguna crisis diplomática.
Hacía falta que el Rey de España caminara por las calles de Ceuta, hablara con sus ciudadanos, saludara a quienes estuvieron en primera línea y les dijera, simplemente: "España está con vosotros".
Estoy seguro de que detrás de todo esto hay razones suficientemente importantes como para explicar por qué esa visita no se ha producido, pero, Majestad, precisamente eso es lo que más nos inquieta.
¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Qué tiene que estar ocurriendo para que, después de lo sucedido en Ceuta, ni el presidente del Gobierno ni el jefe del Estado hayan considerado necesario dar ese paso?
Probablemente existan razones de Estado que nosotros desconocemos, pero cuando las instituciones guardan silencio sobre aquello que más preocupa a los ciudadanos, el silencio no tranquiliza. Inquieta.
De Pedro Sánchez podemos esperar eso. De usted esperamos algo diferente. Esperamos que esté por encima de la política. Que cuando una parte de España atraviese momentos difíciles, el Rey esté cerca. Que la Corona sea ese punto de referencia que nos recuerde que, pase lo que pase, hay una institución que representa a todos.
Todos los Reyes pasan a la historia por algo. Felipe VI todavía está escribiendo la suya y Ceuta puede ser una oportunidad histórica. No para enfrentarse a nadie. No para provocar una crisis. Simplemente para estar.
Vaya a Ceuta, Majestad. Mire a los ceutíes a los ojos. Escúchelos. Hágales sentir que no están solos, porque de Pedro Sánchez podemos esperar que haga lo que está haciendo, pero a usted le consideraba mucho más humano, y precisamente por eso es por lo que nos duele.
Así no, Majestad. Así no.