Se nos encoge el alma y hasta hiela el corazón contemplar cómo se vuelve a quemar la Sierra Norte de Guadalajara. El destino es cabrón y no entiende de fechas ni tipologías, pero arde el monte cuando hace veintiún años, once personas perdieron la vida en el incendio de la Riba de Saelices.
Quienes somos de esta comunidad y la amamos hasta el tuétano y el último pálpito y hálito de nuestras vidas, sabemos lo que aquello supuso. Una herida honda en el corazón de todos, que cambió incluso la forma de hacer frente a los incendios. El viernes le rindieron homenaje incluso aquellos que hacían frente al fuego de La Mielga. Bajaron, estuvieron un rato, se limpiaron, secaron las lágrimas y volvieron al frente. Dadme hombres como estos, que los quiero en mi equipo.
Afortunadamente, hasta el momento no tenemos que lamentar ninguna víctima mortal y los medios están siendo todos los posibles. Se avisó a la UME en cuanto se vio la dimensión y no se escatimó recurso alguno. La memoria está muy viva como para echarla al olvido.
Page se presentó la tarde del viernes y dijo que había hablado con el Rey. El presidente sabe que las instituciones sirven y están para cuando se las necesita. Por eso no olvidó, es más, remarcó la llamada de Don Felipe. Un viernes por la tarde. A la hora que tuviera o hubiera de ser. Page recuerda perfectamente también lo que fue el incendio de 2005. Cómo sería que, apartado de la primera línea por Barreda, lo requirió de nuevo a su orden y al puesto de portavoz. Aquí se sabe lo que se juega. Por eso duele tanto ahora lo que vemos. Doce mil hectáreas arrasadas y setecientas personas fuera de sus casas. Un horror, terrible, un socavón al corazón.
Por eso se equivoca gravemente quien quiera hacer juego político de la situación. No es momento ni oportunidad ni ocasión. Ya se dirimirá lo que ocurrió y si es necesario cualquier otro tipo de medida. Ahora ni siquiera hay tiempo para la cuestión menor o menuda. Habrá días y se podrá hablar de ello. La ley es la ley y, como el clásico, lo mismo da Agamenón que su porquero.
Es hora de la unidad sin fisuras, estar con los medios y quien dirige. Si se equivocara, tiempo habría de responsabilidades. Pero ahora no, por Dios. Ahora con los setecientos que están fuera de sus casas, con los vecinos que lloran su salida, con quienes se juegan la vida frente al fuego. Que no digan que no hemos aprendido. Que de aquí salió la UME que puso en marcha Zapatero. Algo bueno hizo en su mandato.
Guadalajara nos abre en el corazón y las venas. Quienes hemos recorrido en silencio sus tierras, los campos y el monte, se nos quiebra la voz, se nos empaña la mirada contemplando esas hondonadas ardiendo. Ya sabíamos que era difícil. Montaña agreste, complicada, matorral y pinos salvajes… Pero así es nuestra orografía. Tan bella como complicada. Quienes creemos, pedimos a Dios que nada pase. Por ellos, por nosotros. Por cada palmo del monte que se prende y deja en cenizas al corazón.