Encontrarse una piedra en el camino es completamente normal. Es más, si no hubiera alguna piedra que superar, no se podría considerar camino, estaríamos hablando de algo tan alejado de lo normal como es una alfombra roja.

Pero si todo son piedras, entonces es un pedregal. Se avanza muy mal por terreno semejante, los tropiezos son constantes, los esguinces, las caídas y los golpes se acumulan. No se puede ir demasiado tiempo por una ruta así porque es imposible llegar a ningún lado de una pieza. El progreso, que sería supuestamente el fin principal del viaje, se hace sencillamente imposible.

Obligar a tus compañeros -algunos los llaman socios- a caminar durante una legislatura entera por una senda tan intransitable los agota, los debilita y hace que todo aquel que prefirió no seguirte te acabe adelantando. Aunque poco se puede reprochar cuando son ellos los que deciden seguir para ser muleta de quien, de no contar con ellos, no seguiría en pie.

Lo mejor que se puede hacer cuando uno se encuentra en un pedregal así es entender cómo ha llegado ahí y buscar la salida antes de seguir haciendo más daño al equipo del que portas su camiseta.

Si las piedras estaban ahí, el camino -por aquello de la superación- es épico, pero si resulta que todas las has puesto tú mismo o los tuyos entonces no hay forma de comprender el desgaste al que sometes a todo un país.

Seguir por seguir, culpando a quienes te advierten que la siguiente piedra es más grande que la anterior o insinuar que los rivales te las van poniendo cuando tienen tu marca grabada es haber perdido el rumbo por completo.

Será por piedras… unas con las que se tropieza cada día que tienen formas de sentencias judiciales con condenas históricas o investigaciones de un listado de delitos que no es fácil aprenderse de memoria.

Piedras, otras, que son preciosas y a buen resguardo en cajas fuertes pero con tanto brillo que no hay forma de tapar ni con prescripciones oportunas.

Y más, porque sobre los Presupuestos, también dijo Sánchez -en enero de 2025- que “buscaría votos hasta debajo de las piedras”. No encontró ni uno y como vemos, no sería por falta de ellas…

Así que sí, estamos ante un Gobierno resistente cual roca, obstinado en culpar al empedrado mientras los demás nos quedamos de piedra.