Parecía tarde de campanillas en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, con Morante y Roca Rey acartelados, mano a mano. Eso es lo que son hoy Felipe y Emiliano, dos figuras principales de la política actual, por su bagaje, presente y, por qué no, futuro. Quizá el Padre del Antiguo Testamento y el elegido para continuar su obra. Desde que llegué al Eurostars, anduve buscando la cobija de Page, hasta que la encontré a las seis y media en punto, cuando aparecieron por colleras junto a Javier de Antonio.

Cumple Fedeto cincuenta años y está más joven que nunca, con Manolo Madruga en la sala de máquinas engrasando los ejes para que jamás chirríen. Hubo lleno en la sala, porque había empresarios que querían escuchar a Page y González, dos líderes de los que ya no se estilan como la canción de la Pradera. Cada uno de ellos definió el liderazgo a su manera, aunque con un concepto común. La empatía, la asunción de la pérdida y el convencimiento. Hoy el pacto no está bien visto y por eso no hay encuentro ni capacidad de diálogo, vinieron a coincidir ambos. Aunque lo mejor vino con la actualidad del momento.

Ambos convinieron en adelanto electoral ya. Es inadmisible que el Tribunal Supremo de tu país determine que existió una organización criminal dentro de un gobierno, y su presidente salga en TikTok dando consejos de bronceado y Nivea. Yo te doy cremita, tú me das cremita… Debe ser eso a lo que se dedique el Consejo de Ministros. Eso y a mirar quién será el próximo que cante. Ambos, Felipe y Emiliano, defendieron la figura del arrepentido. Ambos lancearon a favor de la crítica interna en el partido. El próximo sábado habrá un comité federal en el que Page dice que quiere saber. Qué será lo próximo, intuyo.

Lo mejor de la conversación o charla moderada por Ángeles Blanco es que los dos se declararon optimistas. Yo también lo soy. Diagnosticaron algo que ya se lo escuché a Page en el discurso de Navidad. La polarización es impostada, viene de arriba abajo, y sirve para tapar las vergüenzas de una clase política enciscada en su propia sombra. Aunque, como dice Page, aquí hay grados de responsabilidad. La primera, del presidente del Gobierno de España, que es quien propicia la situación desde la construcción del muro. Sobre ello también estuvieron debatiendo Felipe y Emiliano, cómo dirimir la responsabilidad política de la sentencia del Supremo. Y como la moción de censura está bloqueada, no queda otro camino que elecciones. Y es que según Felipe, si nada cambia, dentro de un año estaremos peor. O, como alguna vez Page ha sugerido, quizá lo más fuerte esté por saberse.

Así las cosas, los dos protagonizaron una clase de maestría política, cada uno con sus latiguillos o detalles. Felipe es una enciclopedia viva, andante… Dios, como me lo definió un amigo al que le dio la mano y no se la lavará ya más en la vida. Page es el discípulo aventajado, el amado, el de la cobija, el único que lucha por mantener un legado que se muere si nadie más le da aire. Y es que el espacio de la socialdemocracia se agosta porque dejó de creer en la igualdad, según Felipe. Y, en el fondo, Page con la financiación, viene a decir lo mismo.

Casi dos horas de política pura, en vena. Imagino que en Moncloa no se ha visto y si acaso conocerán los titulares. De ZP, ya ni hablamos. Felipe dijo que debía devolver las joyas y Emiliano, entregarlas. El daño consumado es de grandes dimensiones y Page lo sabe y estudia. En función de cómo evolucionen los acontecimientos, decidirá qué hacer con su futuro, por el que volvieron a preguntarle. Sea como fuere, la de Fedeto fue una tarde redonda, de no hay entradas ni billetes. Hay interés por la política, cuando alguien tiene algo que decir. Si sólo hablamos de Nivea y bronceado, normal que el tendido se vacíe y termine dando la espalda.