Acabamos de terminar la Semana Santa. Todavía huelen las calles a incienso, pero este año habrá otro viacrucis que se desarrollará lejos de pasos y saetas: el político. Su protagonista no es otro que Pedro Sánchez y me temo que en este caso no habrá Domingo de Resurrección, entiéndase la metáfora para todos aquellos que tengan la piel sensible.
La política española siempre ha tenido algo de ritual, pero lo que vive hoy el presidente del Gobierno empieza a parecerse más a una procesión interminable que a una legislatura tranquila. Cada semana parece añadir una nueva estación al camino, y en lugar de cirios y capirotes lo que aparecen son autos judiciales, denuncias institucionales, comisiones de investigación y titulares incómodos.
La primera estación llega desde el territorio y tiene forma de agua. Castilla-La Mancha ha decidido denunciar al Gobierno de España por su política hídrica, en un nuevo episodio del interminable conflicto alrededor del trasvase Tajo-Segura. Que una comunidad autónoma lleve al propio Gobierno central ante los tribunales no es una anécdota administrativa; es un síntoma político. Significa que el conflicto ha superado el terreno del debate y ha entrado de lleno en el de los jueces.
No es, además, un frente menor. El agua es una de las materias más sensibles de la política española, especialmente en regiones como Castilla-La Mancha que llevan décadas denunciando que el Tajo se desangra mientras se priorizan otros territorios. Que este choque llegue ahora a los tribunales añade una nueva estación al camino del presidente.
La segunda estación se llama Koldo. Un caso que comenzó como una trama turbia alrededor de contratos durante la pandemia y que acabó proyectando su sombra sobre quien durante años fue uno de los hombres fuertes del sanchismo: José Luis Ábalos. Nadie en Moncloa puede fingir ya que aquello fue una simple anécdota. Cada revelación añade una capa más de incomodidad política, como esas procesiones que parecen no terminar nunca.
La tercera estación se desarrolla en un terreno aún más delicado: el personal. Las investigaciones que afectan al entorno profesional de Begoña Gómez han introducido a la esposa del presidente en una escena que ningún jefe de Gobierno desea pisar. Cuando la política empieza a mezclarse con los juzgados y con el entorno familiar, el desgaste se multiplica. No por las sentencias, que siempre llegan tarde en política, sino por la sospecha permanente que se instala en el debate público.
La cuarta estación se abre por otro flanco familiar, esta vez relacionado con el hermano del presidente. Quizá no sea el mayor escándalo de la historia política española, pero el problema de los escándalos nunca es su tamaño aislado, sino su acumulación. La política, como las procesiones largas, cansa más por la duración que por el peso del primer paso.
Y mientras tanto, el presidente intenta mantener el paso firme, como si nada de esto tuviera que ver con él. La estrategia es conocida: resistir. Pedro Sánchez ha convertido la resistencia en su principal doctrina política. Resistió a su propio partido, resistió a sus adversarios, resistió a las urnas cuando parecían darle la espalda. Su biografía política es, en buena medida, un manual de supervivencia.
Pero incluso los mejores equilibristas saben que caminar sobre el alambre es más difícil cuando sopla viento, y ahora sopla desde varios frentes a la vez.
El problema para Sánchez no es solo lo que ya está ocurriendo, sino lo que puede venir, porque los procesos judiciales tienen un ritmo distinto al de la política. Van despacio, avanzan por etapas, reaparecen cuando muchos creen que han desaparecido. Son, en cierto modo, el equivalente institucional a esas procesiones que doblan una esquina cuando uno pensaba que ya habían terminado.
Quizá Sánchez consiga, una vez más, atravesar la tormenta. No sería la primera vez, pero si algo enseña el viejo rito del viacrucis es que el camino nunca se vuelve más corto a base de negar que existe y a este paso, la legislatura empieza a parecerse peligrosamente a una procesión en la que cada estación pesa un poco más que la anterior.