Hace unos días, en Toledo, la politóloga Cristina Monge participó en un desayuno informativo organizado por la Cátedra del Tajo. En las márgenes del río había, como siempre, espumas, muchas espumas. Pero, al margen del Tajo, Monge hacía una reflexión muy interesante que ha pasado bastante desapercibida. Decía que la política, los políticos, tienen la obligación de tomar decisiones asumiendo un determinado porcentaje de riesgo.

Siempre previamente informados por los especialistas, los científicos o los conocedores del tema en cuestión, pero la decisión ante determinadas crisis es política. Puso el ejemplo del coronavirus. El riesgo cero de contagio del virus estaba en la interacción cero, en el contacto cero. Así lo decía claramente la ciencia, pero había que mantener los servicios mínimos: sanitarios, hospitalarios, funerarios, informativos, alimentarios, de transporte. Por eso, en España el Gobierno tomó decisiones basadas en la ciencia, pero era su responsabilidad la asunción de un porcentaje de riesgo que permitiera mantener lo imprescindible a flote.

Me pregunto si, hace más de 20 años, antes de aquella famosa foto de Aznar, Blair y Bush, el trío de las Azores, alguien hizo un control de riesgos de lo que supondría la invasión de Irak en busca de unas inexistentes armas de destrucción masiva.

Me pregunto si Trump tiene capacidad para entender qué porcentaje de riesgo asume al invadir de forma ilegal Irán. Una invasión ilegal, por muy repugnante que sea ahora y siempre el régimen de los Ayatolás.

Me pregunto qué porcentaje de riesgo está asumiendo el pueblo de Israel, no su Gobierno. El Gobierno israelí es una élite sionista para quienes su pueblo no vale nada.

Y me emociona y sorprende a partes iguales el control de riesgo que suponen las cuatro palabras pronunciadas por el presidente del Gobierno de España: NO A LA GUERRA. Cuatro palabras rotundas, una negativa clara que han puesto a Sánchez frente a Trump como en las pelis de héroes y villanos. Ustedes sabrán quién es quién.

Detrás de Sánchez han venido en cascada otros primeros ministros de la Unión Europea en defensa de la Unión y en defensa de España. Sánchez, entiendo que asesorado por los expertos, sí ha hecho control de riesgos.

Los castigos económicos y comerciales que pueda traernos el NO A LA GUERRA no pueden estar nunca al nivel de las consecuencias del seguidismo a un megalómano que probablemente no es capaz de mirar más allá de su propio ombligo, por no decir otra cosa. Me llamo Ángeles y estos son mis demonios.