Nos lo habían anunciado, podía saberse, pero como era ficción nadie de los actuales norteamericanos llegaron a creérselo. Nadie podía sospechar que en el siglo XXI fuera posible un tipo como Trump.
Estamos en los años treinta, tras la Gran Recesión de 1929 o las grandes sequías y oleadas de nubes y polvo que desplazan a las poblaciones de la mitad central de Norteamérica por la Ruta 66 hacia las prometedoras tierras de California. Donde, según escribe Joan Didion, el pasado no existe porque en estos lugares dorados todo es futuro. Hitler y Mussolini son los líderes de Europa. En ese contexto histórico, Lewis Sinclair publica en 1935 la novela Eso no puede pasar aquí, basada en las informaciones que su esposa, corresponsal en Europa, le transmite. Le cuenta la suspensión en un mes de la República de Weimar, le habla de Francia que considera que lo que sucede a su lado no le afectará, a pesar de las noticias que los emigrados de centroeuropa transmiten. Inglaterra, separada por el mar, entiende que nadie se atreverá contra el Imperio. En cuanto a Austria, vive de las nostalgias del pasado, cuando era el centro político y diplomático de Europa. Mientras en España se desarrolla una guerra civil, producto de un golpe militar, a la que ninguna potencia extranjera quiere ayudar. En España se combatía el fascismo, pero se interpretó como un conflicto local y nadie quiso ver la deriva de terror y muerte que el fascismo desataría en Europa. Solo románticos de todos los países se juntaron en España para plantar cara a un enemigo que desencadenaría un horror como nunca se había visto.
La novela narra las andanzas de un político, Berzelius 'Buzz' Windrip, inspirado en un político real, de Luisiana, llamado Huey Long, que se prepara para las elecciones de 1936. Gran orador y hábil manipulador se presenta en el Congreso demócrata como un outsider y termina apoderándose de la reunión. Su programa de gobierno es una vuelta al pasado para hacer frente a las supuestas humillaciones que el pueblo norteamericano ha padecido. Quiere acabar con la inmigración y para eso formará un ejército paramilitar, inspirado en las SS alemanas, que terminarán persiguiendo a inmigrantes y disidentes internos. Pretende acabar con los derechos que las mujeres han conquistado devolviéndolas a su papel tradicional y su lema es "Estados Unidos en primer lugar".
Trump ha organizado el ICE, a la manera de las Juventudes nazis, y las brigadas de la novela. Macroredadas, violencia e impunidad. Además de inmigrantes, cada vez su acción se amplía un poco más como demuestra el asesinato de Renee Nicol Good, blanca, madre de tres hijos por un miembro de ICE. En los meses de gobierno de Trump se ha reclutado a todo tipo de gentes: algunos apenas saben leer y escribir, otros ignoran cómo atarse los zapatos, extraídos de esos lugares donde especímenes de raza blanca se consideran humillados por la Historia. La preparación es mínima. Solo se exige patriotismo ciego, manejo de armas, y disposición para usarlas. Gentes en paro endémico, resentidas con las injusticias que atribuyen a otros son llamadas a defender el país de toda clase de enemigos. Se sienten superiores, ocupan una profesión de fuerza, se creen invencibles. Son defendidos por la cúpula dirigente del país porque se les ha dotado del derecho a establecer el enemigo en la calle. Lo que vemos en el presente se describió en la ficción; incluso es muy probable que Trump y sus colaboradores hayan copiado de la novela de Sinclair Lewis. La realidad y la ficción se mezclan para dar lugar a una locura como la que estamos viviendo.