Ha empezado el año con curvas y Emiliano García-Page diciendo a boca llena lo que cualquiera, con dos dedos de frente y sin sectarismo u obediencia política a las espaldas, ve, observa y comprende. La financiación política pactada por Pedro Sánchez con Junqueras es un atraco a mano armada que no cabe siquiera en las manos de la ministra de Hacienda que los chirigoteros de Cádiz han ideado este año en Carnaval.

Page sube el diapasón de la crítica a niveles verdaderamente insólitos. Susanna Grisso o Rafa Latorre así lo han glosado desde sus respectivas tribunas. Sin embargo, el PP de la región sigue con el mantra de los ocho diputados en el Congreso. "Page puede acabar la legislatura cuando quiera… El mando a distancia lo tiene él", ha dicho en más de una ocasión Paco Núñez.

Alude el líder de la oposición a los ocho parlamentarios que el PSOE de la región tiene en la Cámara Baja. Sin duda, es un planteamiento efectivo que ha cuajado en parte de la opinión pública. Si hay ocho diputados castellanomanchegos en el Congreso, que voten no cuando la financiación llegue y Santas Pascuas. Es una bonita afirmación, no exenta de problemas.

El primero y principal, es que se rompería el PSOE de nuevo. No sería la única ocasión, pues ya pasó precisamente cuando Pedro Sánchez enarboló el “no es no”. Entonces, el ahora presidente del Gobierno sólo pensó en él y tiró hacia adelante saltándose la disciplina de partido a la que estaba obligado. Ahora se pide lo mismo a Page, pero desde la bancada contraria y contando a sus parlamentarios nacionales. No es mala estrategia, pero los populares saben que los escaños son de los diputados y no del presidente autonómico. Page puede hablar, querer, influir y determinar, pero la última decisión la tiene quien dispone del derecho a sufragio en el Congreso.

La estrategia popular ha sido tan efectiva que incluso Juan de Dios Colmenero, jefe de nacional en Onda Cero, comentó el otro día con Cantizano que algún diputado podría pensar en ausentarse o salirse llegado el momento. No creo que hiciera falta, pues Junts votará también en contra. Pero entiendo que el problema suscite quebraderos de cabeza a uno y otro lado de la M-30, como tantas veces dice Page.

El verdadero problema de Emiliano no son tanto los diputados como Sánchez. En el 23 el voto delegado de la derecha al PSOE de Castilla-La Mancha cristalizó claramente porque entendió que era el anti Sánchez y la persona que podría acabar con él. Si cuatro años más tarde continúan las espadas en alto, ese discurso se vuelve más complicado. Está claro que Page necesita algo más de lo que ahora mismo no dispone. Y no sé si serán los diputados nacionales, entre los que sabemos que ya hay alguno que lo está pensando.

Pero el tapón, el techo de cristal, la muralla con que topa Emiliano por arriba sigue siendo Sánchez. Quizá sea el momento de pensar a lo grande y asumir la pérdida en un momento dado. De mil formas… Los tribunos de la plebe se retiraban al Aventino cuando sus confrontaciones con los patricios en el Senado eran inasumibles. Después, las aguas volvían a su cauce.

Lo que está claro es que el capital político que hoy atesora una personalidad como Emiliano García-Page está al alcance de muy pocos, máxime cuando el nivel ha bajado a unos estándares ínfimos. No es cuestión de los ocho diputados. Es asunto de si el presidente quiere plantar batalla definitiva y asumir los jirones que de ella provengan. Lo que no tengo ninguna duda es que, como César en las Galias, ya tiene estrategia en la cabeza.