Pérez Andújar ha compuesto la novela como un conjunto de retazos de historias procedentes de informaciones distintas -las cintas grabadas de Arcos Paulín, el diario de Reposiano Guitarra, etc.-, acerca de una serie de personajes que convergen en un perdido pueblo zamorano donde actuará el grupo de La Barraca y se promoverán varias actividades culturales. Allí acude también un desnortado joven, Velasco Flaínez, cuyo viaje, resuelto con los modelos clásicos del relato itinerante, está jalonado por varios encuentros con tipos más o menos pintorescos, como el penitente feroz, el adivino llamado profesor Barandiarán, el lañador que intercala en su discurso palabras del caló o la pareja de Caruso y Orfilio. Los personajes cuentan su historia, recuerdan viejas creencias o rescatan antiguas tradiciones, costumbres, coplas; la actualidad coexiste con el pasado, de igual manera que las ideas alentadas por la pedagogía de las Misiones chocan con el recelo de mentalidades caciquiles y destructoras, como las del alcalde o el pistolero Orfilio, cuya frialdad para matar lo convierte en pariente próximo del asesino diseñado por Cormac McCarthy en No Country for Old Men. A las raíces cervantinas de la narración no les falta siquiera el particular "escrutinio de libros" del capítulo once, referido aquí a la literatura popular y de misterio que comenzaba a traducirse en España en el primer tercio del siglo XX y que, como las referencias a colecciones de tebeos, prolongan el mundo ya presente en la primera novela de Pérez Andújar. Ésta es excelente, aunque requiera ciertos conocimientos históricos acerca de la época para calibrar mejor el esfuerzo integrador del novelista, buen escritor, además, capaz de no caer ni siquiera en el escollo de los catalanismos (salvo en parada por 'puesto de venta' [pp. 87, 88] ).
Pérez Andújar ha compuesto la novela como un conjunto de retazos de historias procedentes de informaciones distintas -las cintas grabadas de Arcos Paulín, el diario de Reposiano Guitarra, etc.-, acerca de una serie de personajes que convergen en un perdido pueblo zamorano donde actuará el grupo de La Barraca y se promoverán varias actividades culturales. Allí acude también un desnortado joven, Velasco Flaínez, cuyo viaje, resuelto con los modelos clásicos del relato itinerante, está jalonado por varios encuentros con tipos más o menos pintorescos, como el penitente feroz, el adivino llamado profesor Barandiarán, el lañador que intercala en su discurso palabras del caló o la pareja de Caruso y Orfilio. Los personajes cuentan su historia, recuerdan viejas creencias o rescatan antiguas tradiciones, costumbres, coplas; la actualidad coexiste con el pasado, de igual manera que las ideas alentadas por la pedagogía de las Misiones chocan con el recelo de mentalidades caciquiles y destructoras, como las del alcalde o el pistolero Orfilio, cuya frialdad para matar lo convierte en pariente próximo del asesino diseñado por Cormac McCarthy en No Country for Old Men. A las raíces cervantinas de la narración no les falta siquiera el particular "escrutinio de libros" del capítulo once, referido aquí a la literatura popular y de misterio que comenzaba a traducirse en España en el primer tercio del siglo XX y que, como las referencias a colecciones de tebeos, prolongan el mundo ya presente en la primera novela de Pérez Andújar. Ésta es excelente, aunque requiera ciertos conocimientos históricos acerca de la época para calibrar mejor el esfuerzo integrador del novelista, buen escritor, además, capaz de no caer ni siquiera en el escollo de los catalanismos (salvo en parada por 'puesto de venta' [pp. 87, 88] ).